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Didascalia: El imaginario teatral venezolano (VIII)

José Ignacio Cabrujas / Foto cortesía

José Ignacio Cabrujas / Foto cortesía

“Durante los años venideros Venezuela experimenta las mejores épocas de sus artes cinematográficas y escénicas. La llamada Edad de oro del cine venezolano se desarrollaría a finales de la década y se extendería hasta 1980”

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El nuevo teatro venezolano

El final de la dictadura y el inicio de la democracia derivaron en un refrescamiento para el imaginario artístico venezolano. Es ahora cuando los creadores se atreven a cuestionar su entorno político y social, cosa que no se veía en años anteriores, y exploran nuevos lenguajes y técnicas para llevar esas nuevas ideas a escena.

Durante los años venideros Venezuela experimenta las mejores épocas de sus artes cinematográficas y escénicas. La llamada Edad de oro del cine venezolano se desarrollaría a finales de la década y se extendería hasta 1980, cobrando auge a mediados de 1970 con directores como Román Chalbaud, Clemente de la Cerda y Mauricio Wallerstein. Tanto el cine como el teatro venezolano toman influencias del realismo literario –convertido y asimilado en imágenes– y los creadores encarnan sus inquietudes en personajes cotidianos.

Es en 1960 cuando surge lo que se ha denominado como el Nuevo teatro venezolano y en sus inicios se manifiesta, según el crítico Leonardo Azparren Giménez, “la espontaneidad creadora y tentación revolucionaria” a partir de 1958 con la llegada de la democracia y la introducción de elementos como la ruptura de planos temporales y el manejo de la cuarta pared en montajes escénicos. Para Giménez, el período del nuevo teatro concluye en 1971, durante el cual surgen nombres como el de César Rengifo y su trilogía del petróleo, Elisa Lerner y sus célebres Vida con Mamá y En el vasto silencio de Manhattan. Destacan, por supuesto, lo que se conoce como la Santísima Trinidad del teatro: Román Chalbaud y su profunda crítica social, Isaac Chocrón y la familia escogida; José Ignacio Cabrujas y su visión del fracaso en la sociedad venezolana. Todo ello englobado en el principal tema del imaginario de la época: el desarraigo.