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Didascalia: El imaginario teatral venezolano (IX-I)

Natalie Wood, 1960 / Foto Ernst Haas

Natalie Wood, 1960 / Foto Ernst Haas

“El teatro experimental, como se le conoce hoy día, fue desarrollado por el dramaturgo Antonin Artaud, siguiendo una estructura donde se rompe la barrera entre el espectador y el actor”

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Teatro experimental en Venezuela

En el idioma inglés para hacer referencia a una obra o texto teatral se utiliza la palabra play, que en español se traduce como juego. Esta curiosidad gramatical podría tener explicación en un exhaustivo análisis morfológico; yo particularmente la encuentro en el hecho de que la mayoría de los descubrimientos realizados en el territorio de las artes escénicas han sido realizados jugando o experimentando

El teatro experimental, como se le conoce hoy día, fue desarrollado por el dramaturgo Antonin Artaud, siguiendo una estructura donde se rompe la barrera entre el espectador y el actor –lo que se conoce como la cuarta pared–, acabando con el público pasivo e incorporando al mismo en la historia y en la acción que se deriva de la misma. En otras palabras, que viva la experiencia del hecho teatral.

Sin embargo, en la Venezuela de finales de 1960 los creadores no asimilan a cabalidad estos conceptos artaudianos, lo cual degenera en ocasiones en un desorden generalizado. El crítico Rubén Monasterios recopila en su Estudio crítico y longitudinal del teatro venezolano un testimonio del director y dramaturgo uruguayo Ugo Ulive al respecto

“En los cinco meses que llevo aquí, viendo todos los espectáculos teatrales que he podido, un sentimiento de perplejidad creciente se ha ido apoderando de mí ante la libertad –gratuidad, diría yo– con que se utiliza el calificativo experimental en el teatro venezolano. Espectáculos donde el texto es despanzurrado alevosamente, actores que se mueven sin ton ni son, dicciones imposibles y ceceos pertinaces, que dificultan toda comprensión, jovencitos que se sacuden espasmódicamente en seudo-protestas sobre las que, en el fondo, no parecen interesarles un rábano, este es un balance de algunos de los espectáculos experimentales que me ha tocado presenciar”.

En Venezuela existe –tanto en 1960 como actualmente– una confusión general entre lo experimental y lo impertinente, escudándose en argumentos románticos como la libertad del arte. Pocos dramaturgos dan un paso adelante y desarrollan una investigación para depurar su propio trabajo experimental y perfeccionarlo.

Uno de los ejemplos más pertinentes es el caso de Isaac Chocrón y el trabajo detrás de piezas como su Asia y el Lejano Oriente (1966), Tric-Trac (1967) y Alfabeto para Analfabetos (1973). En ellas, Chocrón juega de forma magistral con los nombres de sus personajes al asignarles diminutivos comunes, símbolo de la potencial universalidad de los seres que pueblan estas tres piezas. Asimismo sustituye la figura del personaje por la de rol, hecho que exige un mayor desdoblamiento por parte del actor.

Monasterios cataloga el resultado de este tipo de investigaciones como teatro lúdico, destacando la característica principal de este experimento: la interpretación lúdica de los dictados del teatro experimental.