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Didascalia: El amor y la locura

Cuaderno de Ida Gramko / Cortesía gramko.org

Cuaderno de Ida Gramko / Cortesía gramko.org

“La Dama y el Oso’ tiene como argumento la amistad entre una Dama –que se hace llamar Lisis– y un joven poeta que la visita todas las noches, hasta la fatídica noche en que él acude a su llamado con un amigo que resulta ser un oso”

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¿Qué aroma tiene Mérida? Seguro a tierra húmeda, a frío y neblina, ese manto blanco que cubría a Caracas a principios del siglo pasado, antes de su creciente urbanización.

No sé si es por esta razón que la dramaturga Ida Gramko dedicó La Dama y el Oso a Mariano Picón Salas, quien le donara ese mito singular y oloroso de su tierra merideña" para escribir la obra de teatro homónima en diciembre de 1958. Los registros de la leyenda son bastante claros y simples: una mujer que se enamora de un oso y se marcha de su aldea para vivir con él.

Esta leyenda da pie a una historia donde Gramko desarrolla el amor frustrado, no correspondido, la búsqueda infructuosa de alguien -o algo- que parece haberse marchado para siempre.

Se trata de una de las piezas poco conocidas dentro del repertorio de la dramaturga, quizás por los retos que supone para el director y la compañía de actores que se propongan como meta interpretarla. Hay que recordar que las piezas con más éxito comercial no siempre son las mejores logradas por sus dramaturgos a nivel de dramaturgia.

La Dama y el Oso tiene como argumento la amistad entre una Dama –que se hace llamar Lisis– y un joven poeta que la visita todas las noches, hasta la fatídica noche en que él acude a su llamado con un amigo que resulta ser un oso. Lisis queda prendada del mismo e inician una relación. Con el paso del tiempo conciben un niño, que crece con el complejo de ser hijo de un oso. Posteriormente Lisis abandona al padre de la criatura, arrepintiéndose inmediatamente y siendo esta ruptura el punto de partida de un viaje lleno de nostalgia y arrepentimiento por haber dejado al oso.

Es un texto sumamente poético, donde Gramko usa un lenguaje sumamente metafórico y retórico. La compañía de actores que decidiera llevarla a escena debe contar con profesionales que además de actuar sepan declamar, cualidades que no se observan con frecuencia en el teatro venezolano actual

Además del gran reto actoral que supone la pieza, se presenta el desafío principal para el director del proyecto: llevar a las tablas al personaje del oso sin que se vea como un espectáculo circense o cursi. Se trata de un personaje que plantea grandes interrogantes: ¿se trata verdaderamente de un oso? ¿Es un juego de personajes entre la Dama y el Poeta? Son cuestiones que debe plantearse el director seriamente, pues estas cuestiones forman la columna vertebral de esta pieza.

Otra de las bondades que presenta La Dama y el Oso es que se desarrolla en un espacio atemporal, lo que permite una mejor adaptación de la pieza según los puntos a desarrollar que crea conveniente el director.

El final de la pieza es abierto, como todo buen final. Gramko conduce a sus personajes a un desenlace donde cualquiera de las conjeturas que el lector –o el espectador– puede ser correcta. ¿Encontrará Lisis de nuevo a su oso? No lo sabremos nunca con certeza.

Sí, en cambio, conocemos lo que piensa Isa Gramko sobre el amor, en palabras de su melancólica heroína Lisis: "El amor es una felicidad tan fabulosa que vive eternamente sin consuelo".