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Didascalia: Historias sobre una madre ausente

Didascalia: Historias sobre una madre ausente | FOTO: ARCHIVO

Didascalia: Historias sobre una madre ausente | FOTO: ARCHIVO

La sociedad venezolana es machista y matriarcal. La mamá se encarga de lo privado en el hogar, mientras el padre suele ser desconsiderado y se escuda en la imagen de proveedor de lo que se consume en casa. La obra Cruz de Mayo se adentra en esa dinámica tan popular del país

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Machista porque es el hombre quien aún se impone como el principal proveedor de la casa y quien menos debe velar por los quehaceres del hogar. El padre no levanta su plato de la mesa, no plancha su camisa, no planifica las comidas del hogar, porque son asuntos baladíes que no merecen su atención. El pater es amo y señor de la esfera pública.

De la esfera privada se encarga la madre. Mamá es quien se encarga de la esfera privada y de la crianza de los hijos. Es quien los ayuda con la tarea, quien estudia con ellos y es quien debe velar por ellos y hacerse de ambas esferas en caso de que el padre falle. Situación que es alarmantemente normal en Venezuela, sea por inseguridad o por irresponsabilidad.

El sufrimiento y la abnegación propias de la madre la han convertido en un símbolo intocable. La madre es sagrada, a la madre no se le ofende. Sin embargo, la madre también llega a faltar. Y es aquí cuando ocurre la tragedia.

Cruz de Mayo, pieza de la dramaturga Lupe Gehrenbeck dirigida por el también actor Oswaldo Maccio, es un retrato fiel de lo que ocurre cuando la madre se ausenta, visto desde tres perspectivas diferentes. Tres historias distintas que comienzan con Gilberto (Antonio Delli), el portugués del abasto, huérfano de madre desde pequeño y  padre adoptivo de la pequeña y muda Esperanza (Emily Caraballo). 

Luego, se presenta Zuleima (Nattalie Cortez). La femme fatale que se negó a ser madre y a sufrir el dolor del embarazo, la aparición de las estrías y la caída de los senos por un hombre que eventualmente se iría. Por último conocemos a Ismael (Luis Vicente González), que ha visto en el hampa una forma de ganarse la vida y de esta forma proteger a su madre, quien según él se ha visto calumniada por un compañero y es su deber como hijo defenderla y protegerla a toda costa.

 

El problema planteado por Gehrenbeck y dirigido de forma impecable por Maccio se desenvuelve en medio de una puesta en escena simple pero completa, con actuaciones impecables donde cada miembro del elenco reconoce perfectamente el espacio escénico y se reconoce a sí mismo en el otro.

Se trata de una pieza llena de símbolos, donde el significado de la Cruz de Mayo se aleja de la tradición popular venezolana para anclarse en el pesar, en la eterna deuda del hijo con quien le dio la vida. Es una obra que reflexiona sobre el verdadero significado de ser madre y la carga que implica este oficio de tiempo completo, ad honorem, en una sociedad violenta y trastornada como la venezolana.

A medida que crece la tensión y las historias comienzan a conectarse entre sí, es la pequeña Esperanza quien determina la resolución del conflicto. ¿Llegará a hablar la hija de Gilberto algún día? Es irresponsable responder la pregunta. Mejor es mantener la interrogante y aguardar con paciencia el final, ya que la Esperanza siempre es lo último que se pierde.