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Didascalia: Camila y el tiempo

Foto Archivo El Nacional

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¿Quién es Camila Durán? Ella misma no lo sabe. Le atribuye su carácter a una infinidad de personajes que representó durante su carrera como actriz

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Mientras fui joven y activa, mi tiempo fue para no ser yo (...). Camila no tiene edad. Solo la tiene esta soledad, auténtica y real. Y aquí me busco a ver si me encuentro...

Los talleres de filosofía dictados por la Universidad Monteávila no calaron de forma convencional en la mente de la profesora Alicia Álamo Bartolomé. En ella se conjugaron las artes escénicas con la metafísica y de esa forma nació el libro Monólogos y algo más, un conjunto de nueve piezas teatrales donde su autora se pasea por la complejidad del ser, la vida después de la muerte y el tiempo. De ellos, el monólogo de Camila y el tiempo destaca por su estructura y la forma en la que su personaje principal abarca la angustia de la viudez, la soledad, quién fue y quién es actualmente.

Camila Durán es una actriz retirada que pasa sus últimos días en la casa diseñada frente al mar por Diego, su difunto esposo y arquitecto. Camila está renuente a hablar con la enfermera que la cuida y acompaña, con el médico de guardia que la visita cada fin de semana, y solo encuentra paz en el Padre que la visita cada semana. En ese balcón de su casa, contemplando el mar y el cielo, Camila hace una retrospección sobre su vida como actriz acabada y viuda.

¿Quién es Camila Durán? Ella misma no lo sabe. Le atribuye su carácter a una infinidad de personajes que representó durante su carrera como actriz, entre los cuales destacan Yerma, Medea, Lady Macbeth y Bernard Alba, su último gran personaje. Pero los días de teatro quedaron atrás, al igual que sus días para memorizar líneas, tal y como ella misma afirma: me las sé todas y las he olvidado todas. Ni siquiera su nombre es real –su apellido verdadero es Smith–, todo su ser fue configurado de acuerdo al papel de turno y hoy, cuando finalmente puede ser ella misma no se reconoce como tal. Su mayor temor ha llegado: se acerca al final de su vida y no sabe quién ha sido en realidad.

El reto de Camila es enfrentarse a lo que es actualmente. No es fácil. A su edad –que nunca especifica– son pocas las cosas que agradece y muchas las cosas que necesita. Se queja de su soledad: su esposo Diego murió poco antes de que ella se retirara de su carrera y no pudo concebir niños. Se reprocha de sus arrugas, del paso del tiempo que la apartaron de la vida pública y cada día la hunden en el anonimato. La única compañía de Camila en su soledad es el tiempo. Es lo único importante para ella, ahora que está sola. Lo mide, lo analiza. Reflexiona sobre cuánto tiempo ha vivido y cuánto le falta por vivir.

Al final del monólogo, llega la enfermera a interrumpirla y ella se queja de que su tiempo a solas se ha acabado. No sabemos si en la ficción Camila vive o si logra hacer las paces con ella misma en la eternidad. Quizá el mayor logro en la dramaturgia de Alicia Álamo Bartolomé para su heroína es esa: Camila quedó suspendida en el tiempo. Es lo único que no termina nunca para ella.