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Diario ajeno: La puerta

Las dos Fridas / Frida Kahlo

Las dos Fridas / Frida Kahlo

“El martirio padecido llevará a la artista mexicana a ser la prisionera de un cuerpo aferrado a una cama”

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Frida Kahlo recuerda haber tenido una amiga imaginaria en su infancia. El viraje hacia ese imagen lo rememora en su diario con el título: “Origen de las dos Fridas”: “Debo haber tenido seis años cuando viví intensamente la amistad imaginaria con una niña… de mi misma edad más o menos. En la vidriera del que entonces era mi cuarto, y que daba a la calle de Allende, sobre uno de los primeros cristales de la ventana. echaba 'baho'. Y con un dedo dibujaba una 'puerta'…… Por esa puerta salía en la imaginación, con una gran alegría y urgencia. atravesaba todo el llano que se miraba hasta llegar a una lecheria que se llamaba PINZÓN…Por la O de PINZÓN entraba y hojeaba INTEMPESTIVAMENTE al interior de la tierra, donde 'mi amiga imaginaria' me esperaba siempre” [sic]. Un año más tarde después de la aparición de su amiga imaginaria, ―el año de la primera gran guerra― Frida Kahlo contrae poliomielitis, comienza así su cuerpo a padecer un viacrucis propio: primero, instigado por la enfermedad; luego, ya adulto, será asolado por las secuelas de un accidente. El martirio padecido llevará a la artista mexicana a ser la prisionera de un cuerpo aferrado a una cama, una paciente habitual en las salas quirúrgicas: “en toda mi vida he tenido 22 operaciones quirúrgicas”.  Entre 1950 y 1951 se detiene en el balance de ese tiempo y escribe: “He estado enferma un año. Siete operaciones en la columna vertebral. El Doctor Farill me salvó. Me volvió a dar alegría de vivir. Todavía estoy en la silla de ruedas, y no sé si pronto volveré a andar. Tengo el corset de yeso que a pesar de ser una lata pavorosa, me ayuda a sentirme mejor de la espina” [sic].

 Para desprenderse de la inmovilidad del cuerpo-prisión, Frida encontró en la pintura esa “puerta” imaginaria que le permitía ser movimiento: “La tinta, la mancha. la forma. el color. soy ave”. Sin embargo, esa puerta tampoco implicaba la liberación, la posibilidad de existir en otro lugar, de encontrarse con otra distinta; al contrario, Frida pinta a Frida desde su propio dolor en el cuadro “Las dos Fridas”: la otra imaginaria está sentada a su lado, cada una sostiene la mano de la otra, ambas son una y comparten las mismas penas. La niña imaginaria de la calle Allende vuelve desde el pasado, ahora hecha mujer, para ser compañía: “Yo la seguía en todos sus movimientos y le contaba, mientras ella bailaba, mis problemas secretos. ¿Cuáles? No recuerdo. Pero ella sabía por mi voz todas mis cosas…Cuando ya regresaba a la ventana, entraba por la misma puerta dibujada en el cristal. ¿Cuándo? ¿Por cuánto tiempo había estado con 'ella'? No sé. Pudo ser un segundo o miles de años… Yo era feliz. Desdibujaba la 'puerta' con la mano y 'desaparecía'” [sic].

En “Las dos Fridas”, la artista y su álter ego se muestran con el corazón abierto, el dolor en estado latente, y tal como ella misma apuntó en su diario “hasta ahora no he pintado sino la expresión honrada de mi misma”. Kahlo no se excusaba ante André Bretón cuando éste al querer convencerla de que era una artista surrealista, ella respondió: “Yo nunca he pintado mis sueños. Solo he pintado mi propia realidad”.

 La lucha de Frida contra el sufrimiento y el paulatino deterioro de su cuerpo tiene sus altibajos, en ocasiones el amor profesado hacia su amante Diego Rivera y su apoyo hacia la causa revolucionaria  son las muletas que sostienen su entusiasmo de seguir adelante (“pies para qué los quiero si tengo alas para volar”), pero hay otros momentos en lo que la desesperación la cercan como los sufridos a partir de 1953 cuando le anuncian la necesaria amputación de su pierna derecha. El 11 de febrero de 1954 escribe: “Me amputaron la pierna hace 6 meses Se me han hecho siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón. Sigo sintiendo ganas de suicidarme Diego es el que me detiene por mi vanidad de creer que le puedo hacer falta. El me lo ha dicho y yo le creo. Pero nunca en la vida he sufrido más. Esperaré un tiempo”.

El tiempo es poco, la pintora muere el 13 de julio de 1954.