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Diario ajeno: Los lugares perdidos

“¿Cabe la vida en tan poco equipaje?” Es una de las reflexiones de la escritora venezolana Carolina Lozada en esta tercera entrega de la serie Diario ajeno. A partir de sus lecturas de Miyó Vestrini, Marina Gasparini y Sergéi Dovlátov da cuenta que “en circunstancias de exilio, sólo la memoria da cobijo a ese desamparo que es el lugar perdido”

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Una niña arrastrando una maleta por un camino de nieve es uno de los primeros recuerdos que Miyó Vestrini tenía de sí misma. Lo cuenta, junto a otras anécdotas de su vida, en Salvador Garmendia. Pasillo de por medio (Caracas: Grijalbo, 1994), el libro de conversaciones entre la periodista nacida en Francia y el narrador venezolano. La imagen de una niña precoz que, luego de una rabieta, decide huir de casa para “asilarse” en una casa vecina, tiene la carga poética de esas formas que podríamos llamar el exilio de la memoria: la infancia, el lugar perdido, el otro yo que fuimos. A Miyó Vestrini y su familia, circunstancias personales las sacan del camino de nieve y las extranjeriza en un Caribe sofocante y bullicioso. Lejano trópico donde convivirán con una nueva lengua, lugar donde la madre se negará a abandonar su lengua original (“De la puerta para adentro, sólo se hablaba francés, presencia inequívoca de otro mundo que no debíamos olvidar”), terreno para la extrañeza donde las dos hijas pequeñas no comprenderán por qué en la escuela están obligadas a cantar el Gloria al bravo pueblo y no La Marsellesa. La incomprensión en la poco dócil Miyó estallará en berrinche el día que exige que todos sus compañeros canten también el himno de su antiguo país; recibe como respuesta un castigo, por altanera.

Miyó Vestrini, escritora venezolana / Vasco Szinetar

A pesar de la brusquedad de los cambios, la niña extranjera logrará adaptarse, y una vez adulta se hará una voz nuestra, al punto que hoy la echamos de menos y la redescubrimos en su trabajo periodístico y en los versos que dejó. La conciliación de la francesa que del sendero de nieve fue trasladada a los suelos marrones de Betijoque no le impidió preguntarse por el invierno próximo (1). De algún modo, el territorio perdido de Miyó Vestrini tiene cabida en su devenir poético: “El recuerdo/ la terrible indisposición de los que recuerdan algún lugar,/ ¿hay alguien en el camino?”

En Laberinto veneciano (Barcelona: Candaya, 2011), Marina Gasparini cuenta que cuando un exiliado Brodsky llegó por primera vez a Venecia, en la casi medianoche de un diciembre, el olor a alga congelada le asestó al viajero un aroma familiar, y ese aroma le trajo la realidad de lo que había abandonado: San Petersburgo. La autora recoge la experiencia en las propias palabras del poeta: “me sobrecogió un sentimiento de felicidad (…) Uno se reconoce en ciertos elementos; en el momento en que estaba absorbiendo ese olor en las escalinatas de la stazione, hacía tiempo ya que dramas e incongruencias se habían convertido en mi fuente”. Brodsky regresará a Venecia insistentemente en los próximos diecinueve inviernos, tal vez en procura de ese olor, siguiendo el hilo que lo conducía por el camino de la memoria al suelo patrio que le arrancaron de los pies.

El laberinto veneciano, María Gasparini

A Sergéi Dovlátov, escritor ruso, autor de varios libros cargados de humor incómodo para la severidad del régimen, luego de ser expulsado de la Unión de Periodistas Soviéticos, se le permitió abandonar su país con sólo tres maletas (el total de equipaje permitido por las autoridades a aquellos que deciden emigrar). Ante la absurda imposición, Dovlátov decide escribir una novela que llamará La maleta; dividirá sus capítulos según los nombres de los objetos que llevaba en esa solitaria valija con la que parte a una nueva tierra, en donde morirá, años después, caminando por una calle extranjera.

Sergéi Dovlátov / Fotografía tomada de Internet

Al igual que Dovlátov, Brodsky y Vestrini murieron en suelos prestados, en países adoptados. Para algunos, el regreso al origen es una imposibilidad, y ante este panorama es válido preguntarse: ¿Qué te puedes llevar de tu país cuando sabes que el regreso no existe? ¿Cabe un camino de nieve en una sola maleta? ¿Cuántas algas congeladas permite en el equipaje un aduanero? ¿Cabe la vida en tan poco equipaje?

En circunstancias de exilio, sólo la memoria da cobijo a ese desamparo que es el lugar perdido.


NOTA

1. El invierno próximo es un poemario de Miyó Vestrini, publicado en 1975.