• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Diario ajeno: Vestido de mujer

“Degenerado” está libremente inspirado en el ensayo “La Garçonne et l’Assassin”, en el que se narra a detalles la historia real del matrimonio entre Paul Grappe y Louise Landy

“Degenerado” está inspirado en el ensayo “La Garçonne et l’Assassin”, en el que se narra a detalles la historia real del matrimonio entre Paul Grappe y Louise Landy

El travestismo ha sido en varias medidas una vía de escape para muchos artistas como Copi, Paul Grappe y Esdras Parras quienes aceptaron “dar salida a ese ‛otro” que ante la sociedad más conservadora es un transgresor, una aberrante anomalía 

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Copi, el artista argentino, en una entrevista recogida en Habla Copi. Homosexualidad y creación (1998) declaró lo siguiente: “muchas veces he hecho de travesti, me encanta como traje de teatro, me encanta el traje de mujer, me encanta que me maquillen durante dos horas, me encanta moverme; además, tengo el placer de ser muy flaco, uso muy bien el vestido de mujer, tengo un cierto tipo de cosas que hacen que en el teatro sea un travesti  muy bueno; me encanta en el teatro vestirme de mujer pero no se me pasaría por la cabeza vestirme de mujer en la vida. Jamás, porque ni las mujeres se visten de mujer”. Pero el atuendo femenino no se queda en su puesta en escena. Ese personaje travestido se baja de las tablas, se introduce en sus textos de ficción y hace acto de presencia en cada jugada del autor, al punto que uno puede ver cómo casi todo el delirante universo artístico de Copi está poblado de travestismo. Su cuento “Las viejas travestis”, que además le da título a uno de sus libros, es una de las máximas expresiones de esa constante representación de lo travestido. En el teatro, Copi amplía el espectro: homosexuales, travestis y transexuales dan vida a buena parte de sus obras. Ante la proliferación de este tipo de personajes Daniel Link llegó a afirmar que “en el universo de Copi, Dios es (o puede ser) un transexual”.

A Paul Grappe, un soldado de la Primera Guerra Mundial, el travestismo le sirvió como disfraz para no regresar al campo de batalla. Herido y desesperado por la posibilidad de ser atrapado como desertor, Grappe asumió una nueva identidad: Suzanne Landgard, y vivió como mujer junto a su esposa durante diez años en el barrio parisino Bois de Boulogne, un lugar de gran permisividad sexual en la época. Ante los ojos de visitantes y vecinos, Suzanne y Louise Landy eran una pareja de lesbianas, hecho común en tiempos en que la guerra no devolvía hombres a casa. La ilustradora francesa Chloé Cruchaudet se encarga de adaptar la curiosa historia de Paul-Suzanne en la novela gráfica Degenerado (2014). Tanto para Copi como para Paul Grappe, el travestismo sirve como posibilidad de representar a otro. En Copi el travestismo funciona como representación teatral; mientras que en Grappe el disfraz reviste otra carga mucho más dramática: la necesidad real de ser alguien más para poner a resguardo su vida.  

El asunto iba más allá de llevar vestido para la escritora venezolana Esdras Parra. Parra decidió ser mujer y a tal fin se sometió a una operación de cambio de sexo en Londres a final de los años setenta. Lo mismo ocurrió con el pintor danés Einar Mogens Wegener, mejor conocido como Lili Elbe. El personaje de Lili surgió de las sesiones de modelaje en las que Einar Mogens posaba vestido de mujer para su esposa, la pintora Gerda Wegener. El gusto de Einar por la lencería y los adornos femeninos no se limitaba al travestismo, Mogens fue el primer hombre en someterse a una operación de cambio de sexo, en la década de los treinta. Una vez asumida como mujer, Lili Elbe también decidió cortar con su oficio de pintor porque argumentaba que quien pintaba era un hombre; ahora ella era una nueva persona. En Lili y en Esdras el cambio fue radical: se hicieron transexuales. En ellas el otro sexo empujaba para librarse y ser afuera. Algunos versos de la poeta parecen dar cuenta de esa angustia interior: “Al fin y al cabo sólo existe esa sombra harapienta/ a donde me han condenado/ sin dolor y sin queja/ donde golpeo mi leña y trituro mi pan/ y recojo mis huesos dispersos/ allí allí/ de donde vuelvo con mi pedazo de muro”.

Según cuenta Chloé Cruchaudet, a partir de las investigaciones realizadas en torno a Paul-Suzanne y Louise Landy logró ver cómo la identidad de Suzanne se fue imponiendo sobre el propio Paul en una progresiva metamorfosis en que la personalidad femenina desplazó a la figura masculina. A tal punto se dio esa apropiación de Suzanne que llegó a colmar de celos a Louise por la invasión a su territorio. En el Bois de Boulogne ambas mujeres se dedicaron a aventurar con clientes que iban a la zona en busca de sexo. De las dos, Suzanne fue la más popular. Con el fin de la guerra y la llegada del armisticio, Paul Grappe logró recuperar su verdadera identidad; sin embargo, la vida no mejorará para la pareja. Sólo la fatalidad pondrá punto final a su conflictiva relación.

Nada fácil debe ser llevar a cuestas un sexo con el que física, legal y socialmente no se ha nacido. El dilema es mucho más complejo que un asunto de vestuario; es aceptar dar salida a ese “otro” que ante la sociedad es un transgresor, un invasor, una aberrante anomalía para los más conservadores. Hay que reconocer la valentía de quienes se atreven a asumirlo. Es probable que desde esa posición arrinconada Esdras Parra escribió: “soy el animal lanzado a la aurora bajo un cielo que arde en purísimas llamas”. Después de las llamas, la poeta regresó en polvo al lugar del origen, al nacimiento en las montañas, desde cuyas alturas fueron lanzadas sus cenizas por amigos y familiares, a quienes el viento les devolvió algunas partículas para que no la olvidaran.