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Diario ajeno: Gay, intelectual y pobre

Virgilio Piñera | Foto: Cortesía

Virgilio Piñera | Foto: Cortesía

“Virgilio Piñera era obsesivo con la puntualidad. Según cuenta Antón Arrufat, el autor de ‘Cuentos fríos’ era capaz de merodear alrededor de la puerta antes de tocarla a la hora pautada”

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En los últimos años de su vida, a Virgilio Piñera le gustaba jugar canasta y reunirse en casa de la familia Ibáñez Gómez, donde tenía, conforme a sus mañas, un puesto fijo en la mesa y una taza de sopa. Las amenas reuniones en esa casa, donde se leía, jugaba y comía, fueron abruptamente suspendidas debido a una orden del Ministerio del Interior cubano. No conforme con esta prohibición, a Piñera le ordenaron no acercarse a los jóvenes debido a su “perniciosa influencia” sobre ellos. Fue ésta una de las últimas estocadas del clan de los Castros sobre el escritor marginado sistemáticamente por una revolución que Piñera apoyó en un principio, por considerarla, de algún modo, la defensora de los oprimidos: “Elegí sin vacilar la revolución por ser ella mi estado natural (…) Yo, como miles de cubanos, no tenía lo que tenían unos pocos. Se imponía la nivelación”. Pero la mascarada de la revolución pronto lo puso en la lista de los sospechosos habituales: gay e intelectual.

Gay, intelectual y, además, pobre, las tres marcas las asumió Virgilio Piñera con cruda honestidad: “No bien tuve la edad exigida para que el pensamiento se traduzca en algo más que soltar la baba y agitar los bracitos, aprendí las cosas lo bastante sucias como para no poderme lavar jamás de las mismas. Aprendí que era pobre, que era homosexual y que me gustaba el arte. Lo primero porque un día nos dijeron que 'no se había podido conseguir nada para el almuerzo'. Lo segundo porque también un buen día sentí que una oleada de rubor me cruzaba el rostro al descubrir palpitante bajo el pantalón el abultado sexo de uno de mis numerosos tíos. Lo tercero, porque igualmente un buen día escuché a una prima mía muy gorda que apretando convulsivamente una copa en su mano cantaba el brindis de Traviata”.

Tener un puesto fijo en la mesa no era la única manía del dramaturgo: Virgilio Piñera era obsesivo con la puntualidad. Según cuenta Antón Arrufat, el autor de Cuentos fríos era capaz de merodear alrededor de la puerta antes de tocarla a la hora pautada. Las mañanas estaban consagradas al oficio de la escritura; escribía a pesar de estar prohibido. El propio Arrufat recuerda los tiempos en que ambos estaban vetados: “En su conversación había una constante, una expresión dolorosa que aludía a su situación social como escritor: 'No me han dejado ni un huequito para respirar' (…) Mas no perdía la esperanza, y solíamos bracear y salir a flote: ambos creíamos que nuestra marginación tendría fin”.

En 1962 se lleva a cabo una redada llamada “La noche de las Tres Pes” que pretendía limpiar las calles de prostitutas, proxenetas y pájaros (término para referirse a los homosexuales). Piñera fue apresado en ese operativo; sólo logró salir gracias a las intervenciones de Cabrera Infante y Carlos Franqui, directivos de Lunes de Revolución. En esa publicación escribía Virgilio Piñera con la firma El Escriba, seudónimo exigido por el propio Franqui debido a la homofobia voraz revolucionaria que no podía soportar un escritor gay entre los suyos.

Antes de la vorágine castrista, Virgilio Piñera estuvo residenciado en Buenos Aires, donde se dedicó a la traducción: fue miembro del comité de traducción de Ferdydurke, trabajo que emprendió con tal rigurosidad que Witold Gombrowicz, en una pomposa dedicatoria, lo nombró Jefe del Ferdydurkismo Sudamericano. Durante su estancia en la capital argentina, uno de sus cuentos fue publicado en Sur, se estrenó su obra Electra Garrigó, y Borges incluyó su cuento “En el insomnio” en la antología Cuentos breves y extraordinarios.

Virgilio Piñera regresó a su país en vísperas de la toma del poder por parte de Fidel Castro. El entusiasmo de los primeros años ante el nuevo gobierno será arrasado por el oprobio de la realidad. Gay, intelectual, pobre y excluido, confesará: “se aprende a desvivir, se aprende el oficio de pobre”.