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Diario ajeno: Desnudar el poder

“El poder de los sin poder”, Václav Havel

“El poder de los sin poder”, Václav Havel

“En su lúcido análisis, el escritor [Václav Havel] hace énfasis en la importancia de la ideología como columna del postotalitarismo”

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Los años de acoso, vejación y cárcel a los que fue sometido el escritor checo Václav Havel no lograron declinar su necesidad de lucha contra el sistema de gobierno que rigió su país desde el final de laSegunda Guerra Mundial hasta las postrimerías de los años ochenta. La inconformidad de Havel frente al rígido control de las libertades individuales y a la sistemática violación de los derechos humanos lo lleva a ser uno de los principales portavoces de la Carta 77, el famoso documento en el que intelectuales y personalidades checas manifiestan públicamente su disidencia en el marco de la Primavera de Praga. Los actos de rebeldía le causaron la condena de cuatro años y medio de prisión, de los que cumplió solamente tres por motivos de salud.

Viviendo en el vientre de la bestia, Havel se dedicó a reflexionar sobre los mecanismos de poder que alimentaban y sostenían la vida de ésta. Parte de esas reflexiones las encontramos en el El poder de los sin poder, un pequeño y explosivo libro (de extraordinaria actualidad y necesaria lectura) en el que su autor intenta desnudar al régimen comunista y mostrar sus partes pudendas: “El sistema postotalitario con sus pretensiones toca al individuo casi a cada paso. Obviamente le toca con los guantes de la ideología. De ahí que en él la vida esté atravesada de una red de hipocresías y de mentiras: al poder de la burocracia se le llama el poder del pueblo; a la clase obrera se le esclaviza en nombre de la clase obrera; la humillación total del hombre se contrabandea como su definitiva liberación; al aislamiento de las informaciones se le llama divulgación, a la manipulación autoritaria se le llama control público del poder y a la arbitrariedad, aplicación del ordenamiento jurídico”.

En principio, Václav Havel parte de la necesidad de hacer una diferenciación entre dictadura clásica y régimen postotalitario. Para el escritor y futuro presidente checo, un sistema postotalitario se sostiene en un proceso de coartadas y simulaciones; surge, en principio, de movimientos sociales que devienen en regímenes que echan por tierra la causa originaria; ofrece al individuo el amparo de una pseudo-religión ante la que hay que abdicar todo, incluso la razón; desarrollan un potente sistema burocrático que les permite el control de los medios de producción, del trabajo y por ende del ciudadano. En su lúcido análisis, el escritor hace énfasis en la importancia de la ideología como columna del postotalitarismo: “La función originaria –de 'servir de coartada'– de la ideología es, entonces, la de dar al hombre, en cuanto a víctima y sostén del sistema postotalitario, la ilusión de estar en consonancia con el orden humano y el del universo (…) Por eso es tan importante el papel de la ideología en el sistema postotalitario; el complicado mecanismo de factores, condiciones e instrumentos de transmisión directa o de manipulación indirecta, que no deja nada al azar y que garantiza sólidamente la integridad del poder, es realmente impensable sin ella: su 'coartada' universal es la 'coartada' para cada uno de sus miembros”.

El activista político insiste en que los sistemas postotalitarios se mantienen sobre la base de la manipulación y la mentira: “El poder es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades. Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. Falsifica los datos estadísticos. Da a entender que no existe un aparato policíaco omnipotente y capaz de todo. Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente”.

Václav Havel se la jugó junto al resto de las personas que firmaron la Carta 77, sobre ellos cayó todo el aparataje propagandístico del Partido, cuyo fin último era la aniquilación moral de los firmantes. Havel estaba consciente de lo que el gobierno era capaz: su mentor, el filósofo Jan Patocka, murió en el hospital luego de que la policía lo ingresara tras haberlo sometido a diez horas de interrogatorio; el poeta Konstantin Biebl fue empujado al suicidio, como tantos otros asediados por el Estado. Aun así, Havel insistió en promover la disidencia ciudadana contra lo que él llamaba la “vida en la mentira”: “La envoltura de la 'vida en la mentira' está hecha de un material extraño –mientras encierra herméticamente a toda la sociedad, parece que es de piedra; pero apenas uno solo abre una rendija en cualquier parte, apenas uno solo exclama: 'el rey está desnudo', apenas un jugador infringe las reglas del juego y lo desvela como juego, todo aparece de repente a otra luz y da la impresión de que toda envoltura es de papel y que comienza a rasgarse de manera imparable hasta la desintegración”.

El camino emprendido por Václav Havel y sus contemporáneos disidentesfue largo y tortuoso; sin embargo, al final terminaron de mostrar que, en efecto, la capa del rey no es coriácea.