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Diario de una adolescente: Las vírgenes suicidas

Escena de TheVirgin Suicides (1999), el filme estadounidense dirigido por Sofia Coppola

Escena de The Virgin Suicides (1999), el filme estadounidense dirigido por Sofia Coppola

Preservar el tiempo a través de las memorias en un diario; registrar el paso del amor con el rasgo de la intimidad adolescente, son parte de la trama de “Vírgenes suicidas”, esta “opera prima” de Sofia Coppola

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Un diario puede significar la posibilidad de hurgar, de entrometerse en la vida de otro. Para el que lo lee sin ser el dueño resulta casi como asomarse a la mirilla de la puerta.Y podría pasarse por alto la emoción que lo impulsa: enfermiza de un Norman Bates u obsesiva de un enyesado L. B. Jeffries. Pero para el autor, el diario pareciese ser un ejercicio para volver sobre sus propios pasos y recordar quién se es, porque a los diarios se vuelve una y otra vez, sea íntimo, de viajes, de sueños, o para dejar testimonio, como el más famoso diario de todos, el de Ana Frank. Al documentar día a día con afán de historiador los pensamientos o hechos cotidianos, el autor deja allí una suerte de cápsula del tiempo a la que podrá referirse él o alguien más –porque tal vez haya algo de escribirse para que alguien más lo lea–, digamos entonces que un diario puede ser, en principio, intimidad y preservación de la memoria.

Los diarios se escriben, valga la redundancia, a diario, y tienen una manera irrepetiblede ver el tiempo, y la vida, como si pasase por una lupa. Permiten una intimidad voyerista, una cercanía que solo se tiene con uno mismo para uno mismo. Me gusta pensar que se puede llegar a ver exactamente dónde se produjo el cambio en otro o en uno, hasta cuándo se pensó y sintió algo, cuánto se prolongó una situación, en qué momento se dejó de ser quien se era, o alguna parte de quien se era. Como si se quisiera mantener un fragmento de vida a salvo del olvido, pero no cualquiera, sino uno en el que se da a conocer cada pensamiento, cada pequeña acción ejecutada, porque en algún momento alguno de ellos podría llegar a ser una clave, un elemento de vida rescatable, re-discutible o reinventable. O porque sencillamente nos pareciese acercar a algo parecido a la trascendencia.

El diario de Cecilia Lisbon es un tesoro para un grupo de muchachos que fueron testigos y testimonio de las vidas de cinco hermanas cuyo final sería devastador. Sofia Coppola, esa suerte de Nabokov cinematográfico, dirige sin sanción moralista alguna Las vírgenes suicidas (1999), la primera de muchas películas cuyos protagonistas, conflictos o situaciones son adolescentes. En esta, su opera prima, una familia sufre el suicidio de la hija menor, Cecilia, quien intentó terminar con su vida, en un primer intento, cortándose las venas y luego lo consigue de la manera más espantosa, al lanzarse por la ventana y ser atravesada por una de las puntas filosas de la reja del jardín. Por supuesto, ninguno de los personajes será el mismo después de este horror.

Todo ángel es terrible

Para los muchachos del colegio las Lisbon fueron una obsesión, verlas era experimentar casi una ensoñación, este grupo de chicas hermosísimas, angelicales, inalcanzables e inescrutables representó para estos muchachos el enamoramiento mágico y trágico, el rapto que caracteriza al enamoramiento en su sentido griego. Pero la suerte del resto de las chicas será la misma que la de Cecilia, y no habrá un diario para ellas, salvo el que los muchachos arman para ellos mismos. Relatarse entre sí la historia de las hermanas fue una manera de llevar un diario no escrito sobre la vida delas Lisbon, por las que sintieron tal atracción e interés que al contarla harán lo mismo con la propia.

Un grupo de muchachos lleva a las Lisbon al baile de graduación. Uno de esos chicos es quien narra la historia. La primera en morir fue Cecilia, a los trece años. Sucede en el transcurso de una fiesta dedicada a ella, luego de que el médico (una breve aparición de Danny DeVito) ha recomendado a sus padres que lo mejor es que las niñas socialicen con el sexo opuesto. A partir de semejante desgracia, la madrede las niñas (Kathleen Turner) resiente sus salidas de casa, hasta que finalmente les permite regresar a la escuela. Aparece entonces Trip Fontaine (un jovencísimo Josh Hardnett), un muchachito rompecorazones que caerá rendido ante la presencia hechizante de Lux Lisbon (Kirsten Dunst, esa lolita de los noventa, quien repetirá con Coppola en María Antonieta), y se olvidará de todas las demás chiquillas que caen a sus pies sin esfuerzo alguno, para tratar de conquistarla. Trip convence al señor Lisbon (un James Woods estupendo) de que les dé permiso a sus hijas de ir con ellos al baile de graduación, sin embargo sucederá algo en esa salida que hará que la señora Lisbon evite que sus hijas vuelvan a dejar la casa nunca más. Una suerte de Bernarda Alba de suburbio gringo. Las chicas como el objeto del deseo y la obsesión, consiguen que los muchachos estén allí para ellas en cada momento de sus vidas, y de sus muertes.

Cómo a partir del diario de Cecilia se arma, se construye, se recrea todo un imaginario sobre la corta vida de estas cinco adolescentes; la colección de sus objetos, de recortes sobre la noticia de sus suicidios, de los catálogos de viaje que recibían mientras eran prisioneras en casa, todos elementos de un universo al que los chicos procuran dar orden, narrar en su cotidianidad e intimidad como escribiendo un diario propio, en un intento por comprender sus finales, seguro, pero más allá de eso, por preservar los hechos más personales de aquellas que han calado tan hondo en sus memorias, y que los hacen quienes son sin perder nunca de vista que, al volver sobre sus propios pasos, descubren que la inmortalidad podría comenzar a gestarse relatando una historiade amor.