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Diario de Karl F. Appun. Fragmentos

“La mirada del otro. Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX”, de Elías Pino Iturrieta y Pedro Enrique Calzadilla

“La mirada del otro. Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX”, de Elías Pino Iturrieta y Pedro Enrique Calzadilla

Karl F. Appun fue un naturalista alemán, que permaneció más de una década en Venezuela, entre 1849 y 1859, estudiando la naturaleza y también las costumbres de los venezolanos con los que se encontraba en las regiones por las que viajaba. Los fragmentos aquí seleccionados pertenecen a su obra, “En los trópicos”, que reúne las anotaciones de sus numerosos recorridos

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CIUDAD BOLÍVAR TIENE GRANDES CASAS Y CALLES DESCUIDADAS

Fue fundada en el año de 1764 en el declive de un cerro desnudo de hornablenda: pizarrosa; se destaca por la regularidad de sus calles; las más importantes van paralelas con el río y están atravesadas en ángulo recto por unas más pequeñas cerro arriba. Como en todas las ciudades venezolanas las calles están mal conservadas y, como las de Valencia, cerca de su fin, llenas de huecos; y a menudo ni siquiera están macadamizadas.

De ello se exceptúa la Calle de Coco, a lo largo de la orilla del Orinoco, la sede de los comerciantes alemanes, que debido a sus aceras buenas y anchas y los edificios magníficos, puede ser comparada con la avenida europea más elegante. El estilo de las casas en Ciudad Bolívar es muy agradable por lo general y de acuerdo con el clima; pues son altas y provistas todas de techos planos, las azoteas, donde los habitantes pasan la noche para gozar de la brisa fresca que suele levantarse a esa hora. Esas azoteas están unidas entre sí por escaleras si es menester; de este modo uno puede pasear por ellas a menudo por toda una calle y visitar los vecinos. Sobre un montículo, en el centro de una plaza grande, se levanta la iglesia principal de la ciudad, construida por los españoles y que se destaca por su lindo estilo simple. El paseo nocturno más frecuentado es la Alameda que va paralelo con la Calle de Coco y se extiende al este de ella a lo largo del río; de un lado está adornada de casas lindas, pero a lo largo del río hay alamedas de almendrón y ceibas enormes. Perro Seco, el suburbio situado más hacia el Oeste, es menos bonito y tiene más chozas que casas donde vive el pueblo trigueño de la clase baja. A menudo allí las calles desordenadas están interrumpidas por enormes rocas negras de cimas medio redondas, sede de un sinnúmero de zamuros que allí se pueden ver a cualquier hora del día. Matas de cacto, agaves y fourcroyas cubren lugares grandes en ese suburbio, y le dan un carácter particular y muy salvaje, con el cual la gente que vive allí está en completa armonía; Perro Seco se extiende hasta el pequeño río San Rafael que en la cercanía desemboca en el Orinoco.

NO ES TAN SOLA SOLEDAD

Cerca de Ciudad Bolívar la anchura mínima del Orinoco es de 2.940 pies; por esa razón la ciudad tenía anteriormente el nombre de Angostura, mientras unas leguas más arriba y más abajo el río corre en una anchura de 8.000 a 9.000 pies. Frente a Ciudad Bolívar está la pequeña ciudad de Soledad que pertenece ya a la provincia de Barcelona y se compone de algunas filas de casas y una plaza grande. Sin embargo, en Soledad hay mucha vida y mucho comercio, pues los arrieros tanto de la costa como de los llanos llevan sólo hasta allí en bestias sus cargas destinadas a Ciudad Bolívar a donde después van en botes. Entre Ciudad Bolívar y Soledad hay en medio del Orinoco una roca gigantesca de granito, la Piedra del Medio, en la cual se puede medir muy cómodamente el nivel del agua del río, debido a las líneas marcadas, dejadas cada vez por la creciente. Resulta que en Angostura el Orinoco en la época de las lluvias sube por término medio veinticuatro o veinticinco pies más allá del nivel normal del agua, mientras en el delta sube hasta ochenta y noventa pies, lo cual es extraño.

EL ORINOCO ATEMORIZA

En la creciente el río inmenso causa una impresión temible debido a la rauda corriente que arrastra bramando islas pequeñas, trozos arrancados de la orilla, donde de vez en cuando permanecen aún animales y árboles gigantescos, en fin, todo lo que se opone a su furia desencadenada; sucede no raras veces que inunda la playa cerca de Ciudad Bolívar y llega a la cercanía de las casas. Aconteció en ese tiempo, durante mi estancia, que un enorme caimán paseaba por la Alameda una mañana y sólo al cabo de violenta resistencia, lograron matarlo.

Especialmente después de la época de las lluvias, el aire de Ciudad Bolívar es muy malsano a lo cual contribuye en gran escala una lagunera de agua estancada; durante todo el año reinan fiebres intermitentes allí mientras el pueblo de Soledad enfrente goza de una situación muy sana y durante la época de las enfermedades en Ciudad Bolívar ofrece un refugio a muchos habitantes de esta ciudad.

EN EL COMERCIO GOBIERNAN LOS ALEMANES

El comercio de exportación en Ciudad Bolívar es considerable y generalmente está en manos de comerciantes alemanes. Se compone principalmente de pieles de ganado que son envenenadas antes de ser embarcadas, pieles de jaguar, vendidas con el nombre de pieles de "pantera" y anualmente enviadas en un número de muchos miles a Europa, pieles de venado, tabaco de Upata y Barinas, café, caraotas de Tonka, amargo de Angostura, cuyo ingrediente esencial es la corteza amarga del cuspare que crece en la región de Upata, cuernos de buey, dividive y otros artículos menos importantes.

Los alrededores de Ciudad Bolívar son montañosos y tienen completamente el carácter de los llanos. En la cercanía hay muchas quintas de los habitantes más ricos de la ciudad, pero muy poco usadas por ellos. Llevan el nombre de "morichales" derivado de la palmera moriche que crece con frecuencia en esa región y se siembra preferiblemente como adorno cerca de las quintas. Además de esta palmera de los llanos se encuentra muy a menudo también la palmera de cobija, palmera de los llanos descrita por mi ya en el capítulo seis. Se puede hacer una excursión linda a las fuentes del riachuelo San Rafael; en la parte superior sus taludes se elevan a la altura de cien pies y con los matices espléndidos y más variados de ocre-amarillo y rojizo causan una impresión grandiosa.

Bellos grupos de la palmera moriche adornan las llanuras; el agua clara del río espuma por encima de los cantos, pero más abajo cerca de su desembocadura se pierde en la arena.

 

NOTA

Fragmento incluidos en La mirada del otro. Viajeros extranjeros en la Venezuela del siglo XIX, de Elías Pino Iturrieta y Pedro Enrique Calzadilla, publicado por Fundación Bigott, Caracas, 1992.