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El Desierto de Gobi a vuelo de pájaro

Desierto de Gobi / Fotos Enrique Moya

Desierto de Gobi / Fotos Enrique Moya

Enrique Moya es escritor venezolano residente en Viena. Recorrió más de 2.200 kilómetros de la estepa desértica de Gobi. Los extractos y fotografías que se ofrecen a continuación, forman parte de un libro de próxima publicación (“Im Flug durch die Wüste Gobi, Notizen vom Nomadenleben in den Wüstensteppen der Mongolei”*) donde reflexiona sobre la vida de los nómadas de Mongolia, su interacción con otras culturas lejanas y de la modernidad tecnológica que ya ha echado raíces en el desierto.Gobi significa desierto en lengua mongola

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3.

La vida nómada en Gobi se pierde en el tiempo. Hasta dónde puede averiguarse en Ulán Bator, no hay estudios académicos que expliquen cómo ha variado con la irrupción de la tecnología de los últimos quince años; o qué cosas han modificado sustancialmente su cosmos y costumbres. Quizá aún es poco tiempo para evaluar el impacto creciente del desarrollo tecnológico en las zonas rurales o desérticas del Asia Central y Extremo Oriente.

Se permiten aproximaciones: de unas décadas para acá el arreo del ganado se hace en moto. Pero el cambio sobre el terreno no ha operado de la misma manera en el plano simbólico: en mongol la moto se llama tömor mor(i); o es decir, caballo de hierro. En Groenlandia pregunté a un cazador Inuit, al norte de Nuuk, qué había cambiado entre el trineo con perro esquimal y la motonieve procedente de Dinamarca o Canadá, que algunos usan para salir de caza. Con la motonieve -dijo- había más posibilidades de morir: si te sorprende una tormenta sin combustible eres hombre muerto casi con toda seguridad. Con los perros esquimales, no. Ellos no necesitan gasolina, un trozo de la caza del día basta. En Gobi el procedimiento guarda analogías. Puede notarse en el uso del caballo de hierro para distancias muy cortas en la búsqueda del ganado; para las más largas, prefieren llevarse el caballo de carne y hueso, cuyo combustible es el inagotable pasto de la estepa.

Otro añadido al paisaje nómada de los últimos años, son las placas solares para obtener energía eléctrica. Una cosa lleva a la otra: la antena parabólica, y con ésta, la televisión. Los nómadas –y los mongoles en general– son fanáticos decididos de las telenovelas. Y así, un inesperado asombro: la primera telenovela que vieron en toda la historia de Mongolia era de producción venezolana. Y una tal Estelita o Estrellita, aún hoy, es personaje paradigmático del espécimen latinoamericano en la mente mongola. El nombre de la telenovela es Cara sucia, de éxito en los 90 del siglo pasado, y que paralizaba la ciudad de Ulán Bator durante su emisión, según relato de la filóloga mongola Oyunbileg Gotov, quien me puso al tanto de esta curiosidad cultural y de otras.


5.

Al visitar un ger (la vivienda nómada), o yurta en ruso, sin importar quien seas, los nómadas brindan leche fresca de todo tipo: de vaca, yegua, camella o cabra. Si no está disponible en casa, ordeñan cualquier animal de la manada y la ofrecen recién salida de la ubre. La sirven en un tazón o ponchera, que debes ir pasando al resto de los presentes hasta que acabe. Luego ordeñan otro animal y comienza de nuevo la ronda. Este cálido intercambio de cortesías y gozoso compañerismo implica al mismo tiempo un particular motín de estómago que acompaña todo el trayecto. Tener en cuenta las advertencias sanitarias en la travesía del desierto, equivale a pasar por desatento y dejar de lado los detalles y satisfacciones de la vida nómada. La “diarrea del desierto” aún me escoltaba a miles de kilómetros de Gobi, en la lejana Tokio.

De las distintas leches hacen un yogurt que luego destilado produce un vodka delicioso, el shimé. Mi primer vodka fue de cabra. No es como el vodka ruso compartido con los vecinos de litera en el tren Transiberiano, feroz, alcohol en grado extremo, para el que hay que estar atento a fin de no terminar diciendo tonterías en cirílico. El vodka de los nómadas mongoles es una delicatesen hecha en casa que, en apariencia, no emborracha, y ofrece una “nota” muy serena y optimista. Acaso en eso repose su magia: su efecto parece traer incluido el que no parezcas ebrio. Con la leche hacen desde quesos, todo tipo de yogures y dulces, que comparten a plato lleno luego de la leche de bienvenida.

La dieta de los nómadas es básicamente de origen animal. En Gobi no hay verduras; y en Mongolia no se cultiva la huerta de modo industrial; las que se consiguen se importan desde China. La carne es ahumada, luego conservada en petates. Estas hilachas de carne ahumada se mastican como chicle. Y es, aparte de nutritiva, muy sabrosa. Con un poco de vodka de cabra y un puñado de carne seca de camello en la alforja puede enfrentarse al desierto; provee de la energía suficiente para pasarse el día entero hasta el regreso al ger familiar. Para quien se proponga una dieta estricta sin dejar de nutrir bien el cuerpo, la dieta ideal es –en mi particular experiencia– vodka de cabra y carne ahumada de camello.

Luego del shimé el líder de un clan familiar me propuso la lucha mongola cuerpo a cuerpo. Pronto apareció un vecino (es un decir, dadas las grandes distancias) y lo tomó a él como sparring. Considerando que el dispensario rural más próximo estaba a más de 250 kilómetros de estepa sin carreteras, ese vecino resultó como caído del cielo. La lucha mongola recuerda la lucha olímpica griega o la canaria. Y no obstante su escasa similitud con el sumo japonés, curiosamente, los cuatro últimos campeones mundiales de sumo, con el título de Yokozuna, no son japoneses sino mongoles; venerados casi como dioses por los aficionados nipones, para irritación de los puristas del deporte radicados en su mayoría en la ciudad de Kioto.


8.

El idioma mongol no se parece a ninguno que haya escuchado antes. Ciertos chasquidos en la conversación recuerdan al idioma de los bosquimanos en el África Meridional, considerados la tribu más antigua del mundo. El mongol en sus procedimientos de creación de nuevas palabras a partir de voces de otras culturas o nuevas tecnologías, recuerda más (por ejemplo) a la lengua islandesa o a la maa de los masáis del norte de Kenia. Esto es, la mongola, al igual que la islandesa y la maa, no adapta el sonido foráneo a su léxico como neologismo, sino que le crea una palabra especial ligada a su cosmovisión y tradición lingüística. En islandés, electricidad es rafmagn o poder del ámbar; y en mongol, tsajilgaan o relámpago; y en lengua maa a las avionetas que descienden en la selva, les dicen ɛn-tɛkɛ o pájaro de metal, y en mongol nisdegtereg, o carruaje volante. Esas tres lenguas de desarrollos lingüísticos tan distintos guardan, sin embargo, similitudes en sus operaciones para abordar los neologismos con antiguos procedimientos lexicográficos. El ejemplo asiático opuesto a los procedimientos lingüísticos del mongol, se da en el japonés, que adapta la nueva palabra como neologismo (televisión o TV = terebi, en japonés), incluso tiene todo un sistema de escritura para las palabras de origen no japonés: el katakana. Como en todas las lenguas, el mongol ha introducido inevitables neologismos chinos de tiempos cuando del Imperio Mongol gobernaba China. Durante el siglo XX, la relación del mongol con el ruso ha sido más profunda de lo que a simple vista podría parecer: Ulán Bator (en rigor Ulaanbaatar, arrastrando la r como erre) significa Héroe Rojo, y viene de cuando Mongolia unió su destino ideológico a la esfera soviética en 1924.

En la actualidad existen tres escrituras al uso: la cirílica, la mongola y la latina, muy diferentes entre sí; también la china, en las zonas más orientales. Esta es la razón por la cual cuando alguien medianamente educado te anota una pronunciación en escritura latina, utiliza, casi de modo riguroso, el Sistema Fonético Internacional. De otra manera resultaría imposible transferir los sonidos de una escritura a otra; sobre todo si consideramos las vocales y consonantes adicionales y las matizaciones dialectales del mongol que se ganan o se pierden en esas transferencias. Dependiendo de la zona, los mongoles son bilingües: hablan mongol y ruso al norte, o mongol y chino al este. En Ulán Bator sólo se habla mongol, y si uno habla inglés algunas personas responden en ruso funcional. Ingles sólo se habla en las empresas de turismo u hotelería de Ulán Bator, y no siempre. En Gobi sólo se habla mongol en sus diversos dialectos y giros sintácticos.

El mongol es un idioma muy antiguo. De hecho, cuando aún era imposible siquiera imaginar un idioma llamado español (lengua romance) o inglés (lengua germánica), el mongol en su versión antigua ya era un idioma de negocios en la legendaria Ruta de la Seda.


10.

¿Son felices los nómadas siendo nómadas? Esta pregunta es compleja de responder y sobrepasa estos apuntes meramente enunciativos. Para una persona procedente de la urbe occidental, acaso parezca la existencia ideal: vivir con lo esencial, con una rutina ancestral; con los brazos de la deslumbrante Vía Láctea iluminando cada noche el cielo probablemente más lleno de estrellas del mundo, parece un estilo de vida maravilloso y lleno de esplendor natural. Pero lo cierto es que la vida en Gobi cuando los elementos desatan su furia, es casi inhumana. Algunos nómadas de más edad, decían querer abandonar la vida errante; quedarse en un lugar fijo, donde no tuvieran que estar al designio de los elementos del desierto: tormentas de polvo o arena, calor brutal, barriales cuando llueve, o en medio de uno de los peores inviernos del mundo, con temperaturas tan extremas, solo comparables con las de los territorios por encima del Círculo Polar. Pero en el Desierto de Gobi (suena raro decirlo) hay mayor calidad de vida que en Ulán Bator, y muchos nómadas están retornando.

El mundo moderno, por otra parte, al cual los nómadas tienen acceso a través de teléfonos celulares y televisión vía antena parabólica, permite especular sobre los cambios de la mentalidad nómada en sus modos y procedimientos. Esto sugiere que, en las próximas décadas, los nómadas pudieran llegar a ser tribus urbanas sin abandonar el desierto. Dicho de otra manera, nómadas de mentalidad sedentaria debido, sobre todo, a la tecnología de la comunicación y al estilo de vida occidental que les llega por la TV.

De todos modos, lo que determina las costumbres, tradiciones y destino de las tribus nómadas que aún quedan en el mundo (igual las de Gobi) es algo tan simple como encontrar pasto abundante para alimentar su ganado. Habría que ver si el carácter fuertemente sedentario de la civilización tecnológica moderna, lo sigue haciendo posible.

 

*Gobi a vuelo de pájaro: apuntes sobre la vida nómada en las estepas desérticas de Mongolia.

Cámaras: Nikon D810, Nikon D300s, Nikon F70

Ver más fotos de Gobi: http://enriquemoy.wix.com/walking-around-there / http://moyapost.wix.com/enrique