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Líneas tardías: Deadpool, el superhéroe que cae bien a prejuiciosos

Ryan Reynolds interpreta a Wade Wilson

Ryan Reynolds interpreta a Wade Wilson

Los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick utilizan el humor negro como su principal herramienta. La película, dirigida por Tim Miller, está llena de referencias a la década de los 90

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Una buena experiencia es ir a ver Deadpool con una persona predispuesta a las películas de superhéroes. Aquel acompañante condescendiente entrara a la sala con la idea de ver una historia más del género, en la que una gran ciudad estadounidense quedará en ruinas para luego esperar ganarse un Kino intergaláctico para su reconstrucción.

Se sentará en la butaca, con la expectativa de que no dure más de una hora. Sin embargo, no habrán pasado más de 20 minutos y lo que parecerá un retorcijón simplemente será un intento orgulloso de aguantar una risa. No imaginará que el desparpajo y el lenguaje soez sustituirán los discursos rimbombantes y planes milimétricamente calculados para acabar con la contraparte. Porque si algo sobra en las películas de superhéroes son las perfecciones, y en esta trama escasean a propósito y no tanto.

En la historia, el protagonista puede llegar a ser eficaz al acabar con el enemigo, pero extremadamente torpe y descuidado en otros menesteres. Ryan Reynolds, quien encarna al héroe, se burla de sí mismo, de su trayectoria, de Linterna Verde, del sistema de estrellas.

Es la parodia del género sin dejar de ser parte de este tipo de producciones. El humor negro es la principal herramienta para acabar con la saturación que puede haber en cintas de la que se pueden prefigurar fácilmente todo tipo de desenlaces. Sin embargo, cae. El último acto es previsible, así haya habido un esfuerzo en ser considerablemente diferente.

El hombrecillo rojo quiere venganza y recuperar a su novia. No le importa nada más. Por eso es fácil identificarse con Deadpool, porque tampoco concluye en los extremos de sus similares.

Sus objetivos son más cercanos a las pasiones más mundanas de quien se conecta con lo descrito en el guión realizado por Rhett Reese y Paul Wernick y dirigido por Tim Miller.

Acá no hay remordimientos por hechos pasados, como los que experimenta Tony Stark, por sus negocios turbios en la industria armamentística. Cuando Wade Wilson viste de rojo para convertirse en Deadpool es egoísta y está bien.

Si comenzó la función sentada como joven rebelde en la oficina del psicólogo del colegio, poco a poco enderezará su espalda a la espera de la resolución de los diversos conflictos de cada acto. Deadpool empezará a caer cada vez mejor al escéptico, quien verá al escuálido héroe como un alter ego bastante cercano.

“Tiene buenos chistes. Se sale de lo común de las películas de superhéroes, a quienes humanizan”, dirá la cordial persona prejuiciosa a este tipo de  producciones. Los Vengadores le fastidian, pero Deadpool le parece simpático. No solo lo considera chistoso, sino hasta dócil en los contextos de una sociedad machista. No es común ver en el cine a superhéroes que cedan a fantasías femeninas.

El triunfo de Deadpool es el escape a muchas convenciones del género. Aunque mantenga algunos lazos con los cánones de los tipos que sobreviven a explosiones para salvar a la sociedad, destaca por su defensa a objetivos individuales, poco dado al llamado interés común.