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Crónica de la validación, tiempos de gloria ciudadana

Los autobuses llevaban pasajeros para los centros con menos congestión / Alexandra Blanco

Los autobuses llevaban pasajeros para los centros con menos congestión / Alexandra Blanco

Una historia sobre el proceso y la organización de la MUD ante las eventualidades de los centros de validación de firmas 

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La jornada de validación de firmas ha dejado en evidencia la excelencia de la nación venezolana. En efecto, el despliegue espontáneo que ha tenido la sociedad civil  en estos días ha puesto sobre el tapete los mejores aspectos de un país que se resiste al atropello al que ha sido sometido por una pandilla de pillos despreciables que secuestró al Estado venezolano.

Esa mañana del martes 21, día del solsticio, me encontraría con mi amiga Kelsy Koch con quien haría la tarea de validar nuestras firmas. Muy pronto, cuando llegamos al centro que nos correspondía en Los Cortijos, en la Ciudad de Caracas, nos informaron que ya no había chance de hacerlo ahí puesto que el número de gente en la fila rebasaba el cupo de lo que podría realizarse ese día en ese centro. Ahí justamente estaba uno de los trucos de la dictadura –quizá el mayor– para impedir el proceso; había sido colocado un número muy reducido de máquinas en las áreas más concurridas y, paradójicamente, en las más despobladas el mayor número de modo de producir un cuello de botella. En ningún momento nos desmoralizamos y muy pronto un grupo de ciudadanos que también había llegado como nosotros y que se habían sumado a los voluntarios de la organización, nos informaron que saldrían unos autobuses a las zonas despobladas de forma de poder burlar el obstáculo. La energía era conmovedora. Había gente de todos los estratos sociales, gente del día a día que se sumaba a las labores para llevar a cabo la validación. Los líderes se fundían con la gente en la calle. Este evento fue ver a una ciudadanía desplegar lo mejor de sí, ver a gente que entendía ese instante como uno de los mejores momentos de su existencia y probablemente uno de los mejores tiempos de toda la historia republicana de la nación. Eso era vox populi, teníamos conciencia de estar haciendo historia.

La cola duró varias horas hasta que por fin abordamos los autobuses que nos trasladaron. En el ínterin hubo tambores y una alegría y efervescencias únicas. En esa avenida donde hicimos la fila había ciudadanos provenientes de zonas populares y de zonas de clase media, así como de clase alta. Incluso había ancianos que superaban los ochenta años. Estábamos gente de todos los orígenes hermanados por la aspiración de libertad y de democracia.

En esa avenida fue el hombre de treinta y tantos años que llegó a la zona y que se sumó a las labores de contabilización de la fila. Fue la joven morena, también en la treintena, que asumió el rol de jefe del autobús, de estar pendiente a cabalidad de todos nosotros durante la ida y el retorno. Había gente de todo tipo motivada por la gestación de un futuro promisorio de libertad, de democracia y de bienestar económico. Era la joven madre residente del barrio de Petare, quien justificaba su determinación en el hecho de que su hija, una estudiante de odontología, no podría tener ningún futuro bajo el dominio de la dictadura.

Llegamos luego de algo más de una hora a Santa Lucía, un poblado fuera de Caracas. El calor era atroz y ya la dictadura había dispuesto un quisco al lado del centro en el que validaríamos y en el cual sonaba la voz atorrante de Hugo Chávez. Nuestra voluntad aumentaba en la medida que había más obstáculos. Todos comentábamos nuestra determinación e inevitable triunfo. El optimismo del grupo desconcertó por completo a las funcionarias del CNE en el área.

Adicionalmente, una de las cosas que se ha podido observar en estos días ha sido la merma de la violencia espontánea que había surgido en zonas populares como Petare, Catia y La Vega durante los días previos, motivada al hecho de que con el proceso de validación –a pesar de los obstáculos– se abre un poco la válvula de escape que permite canalizar las energías de la ciudadanía mayoritaria; una ciudadanía que con gran mística persevera en una salida pacífica y civilizada. En este caso estamos ante la epifanía de una sociedad que se moviliza espontáneamente, al igual que cualquier sociedad del mundo, cuando ve su existencia amenazada por el grupito despreciable que regenta la actual dictadura. Y digo dictadura porque a pesar de tener un relativo origen legítimo en las elecciones de 2013, perdió esa legitimidad en el ejercicio del poder.

Durante la validación todas las calles, todos los poblados y todas las ciudades de la nación se movilizaron. Las gentes salieron entendiendo que había un llamado trascendente. Fuimos por todas las plazas mientras paríamos con esta labor de todos y cada uno a la verdadera tierra iluminada. Hubo ciudadanos que cruzaron a pie ríos y caminos de tierra. Hubo ciudadanos warao que navegaron en curiara para cumplir con el propósito, un propósito en el mismo espíritu del ciudadano Diego Hernández cuando llegó al CNE a pedir el revocatorio y cayó preso por unas horas solo por pensar distinto y pedir democracia.  

Fueron largas faenas en carretera. En estos días fuimos miles y miles los ciudadanos que asumimos nuestra propia dimensión histórica; una nación a la que la dictadura, a pesar de sus obstáculos, le dio la oportunidad de construir esta gesta y de elaborar este discurso desde los registros más sublimes y gloriosos. Ese día, al final de la jornada, nos despedimos sin saber si nos volveríamos a ver alguna vez en nuestras vidas, pero sabiendo que cada uno de nosotros había hecho lo que era necesario hacer para rescatar al Estado venezolano en ese instante. Si el 6D tuvimos conciencia de que éramos una aplastante mayoría oponiéndonos a la dictadura de Nicolás Maduro, ahora, con las jornadas de validación de esta semana tuvimos conciencia de la energía, del poder de organización y de la determinación que tiene esa aplastante mayoría que somos. Cada vez estamos más cerca de la liberación de Venezuela y de la reinstauración de la democracia en el país. Ningún obstáculo podrá detenernos. Ha llegado el tiempo de las flores claras de la primavera.