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Crímenes de papel / 21+ 5: Cherchez la femme

“La Dalia negra”, James Ellroy

“La Dalia negra”, James Ellroy

El brutal asesinato de una aspirante a actriz en Los Ángeles ha provocado muchas especulaciones y es el tema central de James Ellroy en “La Dalia negra”. La trágica historia de uno de los más famosos misterios sin resolver del antiguo Hollywood

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Geneva Hilliker Ellroy, la madre de James Ellroy (Los Ángeles, EE UU, 1948) fue hallada muerta en 1958 en una carretera de California, y su asesinato nunca ha sido resuelto. Este traumático suceso ha marcado la vida y la carrera del autor hasta tal punto que La dalia negra (1987), la primera pieza del famoso Cuarteto de Los Ángeles, no solo está dedicada a ella (“madre: veintinueve años después, esta despedida de sangre”), sino que podría verse, de algún modo, como el íntimo resarcimiento de aquel niño de diez años que, atormentado, pasaría años sumido en el alcoholismo, las drogas y el submundo delincuencial hasta que la pasión por el hard-boiled lo llevó a la escritura y a convertirse en uno de los renovadores de un género cuyas cimas —Chandler, Hammett— ha alcanzado y, en algunas ocasiones, superado. Hace muy poco se ha puesto a la venta Perfidia, que según cuenta la publicidad es el inicio de un segundo Cuarteto de Los Ángeles y toca los temas preferidos del autor: el racismo contra las minorías, los asesinatos truculentos, la dureza de la vida; se trata de una historia “épica de crimen y depravación sin concesiones”, como se ha escrito en el Publishers Weekly. En su obra hay un fondo amargo, no podría ser de otra manera; una mirada poco amable del mundo. Áspera como una piedra pero adornada con la poca suavidad que la ironía y un asomo de humor pueden proporcionar. El que haya leído, o visto, L.A. Confidential, recordará esta mezcla que, al final, resulta melancólica. Por cierto que esta versión cinematográfica tuvo más suerte que la del libro que comento hoy: llevada al cine por Curtis Hanson en 1997, le procuró el único Oscar que hasta ahora ha ganado Kim Basinger; en cambio la pésima interpretación de Scarlett Johansson solo contribuyó a hundir más, si cabe, la versión de La dalia negra, y eso que tras las cámaras conducía Brian de Palma, ese genial director irregular.

“No estaba muy seguro de lo que buscaba aquel hombre: quizá una pelea, tal vez un amigo; podría ser que estuviera poniéndome a prueba  y me buscara las cosquillas o intentara sacarme información”: esta es la primera descripción interesante que Dwight ‘Bucky’ Bleichert hace del que se convertirá en su mejor amigo, Lee Blanchard. Con él y con Kay Lake, la novia, o amiga, de Lee, conformarán un trío que acaparará la atención al menos en el primer tercio de la novela. Porque esta extensa obra  se expande a gusto por diversos arcos narrativos aparentemente solo relacionados por la cronología, pero que tendrán en el asesinato de Elizabeth Short —crimen real sobre el que se basa la novela— un poderoso nudo en el que se juntará todo el texto. Este asesinato, que conmocionó en 1947 la opinión pública, ha quedado sin resolver —como el de Geneva Hilliker— y ha generado no solo la obra de Ellroy, sino hasta un juego de video, L.A. Noire.

En principio, Bucky Bleichert y Lee Blanchard tan solo son dos ex boxeadores que terminan trabajando en la policía de Los Ángeles. Animados, casi mandados, por sus superiores, se ven enfrentados en un combate a diez asaltos para “promocionar” el cuerpo y con el objetivo de recaudar apoyos políticos y ciudadanos para conseguir más dinero. Y como en todas las buenas peleas de ficción, el combate, de alguna manera, está amañado para que gane el favorito, Lee Blanchard. De este extraño “amaño” también se aprovecha Bucky, que apuesta contra él mismo y gana el dinero suficiente para enviar a su padre —anciano, enfermo y simpatizante de los nazis— a una buena residencia, a sabiendas de que si pierde no conseguirá el puesto de detective que tanto ansía. El asunto se resuelve de la mejor manera para todos: la policía, gracias al popular combate, obtiene el apoyo de la ciudadanía y el dinero que necesita; Lee Blanchard es un héroe; y los jefes están tan contentos con esto que le ofrecen a Bleichert el puesto que quiere. Desde entonces, trabajará con Blanchard y conformará un (singular, extraño, o erótico) trío con Kay y Lee.

Entonces ocurre el asesinato de Elizabeth Short, apodada la dalia negra, y todo se tuerce. Su cuerpo aparece brutalmente descuartizado —la herida más impactante es la que lleva en la cara, conocida como la “sonrisa de Glasgow”, un corte desde las orejas hasta las comisuras de los labios que le dibujan una macabra mueca (el famoso Joker de Heath Ledger en El caballero oscuro tiene esta espeluznante cicatriz)—. Para los policías se convertirá en una obsesión; para Kay será el estorbo que la apartará de los dos hombres que ama. Y cuando ya no esté Lee y ella y Bucky se casen, seguirá persiguiéndolos, porque los asesinatos de esta naturaleza nunca se borran de la memoria. Bucky, el personaje que narra toda la novela, se verá obligado para siempre a “cherchez la femme”, y así acabará la novela: él aterrizando en un avión, sin saber si aquella imagen que tanto persiguió lo va a dejar, por fin, en paz. Una metáfora perfecta de las obsesiones que acosan a algunos escritores. Por fortuna, Ellroy sabe cómo dejar excelentes, perturbadoras huellas de la persecución de las suyas. Y si no me creen, léanlo.


LA DALIA NEGRA

James Ellroy

Ediciones B

Barcelona, 2004