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Crímenes de papel / 21+ 1: Témele siempre al lobo feroz

“Fábulas”, de Bill Willingham

“Fábulas”, de Bill Willingham

El escritor venezolano Juan Carlos Chirinos comienza una nueva serie: Crímenes de papel / 21+. En esta ocasión comenta “Una historia de misterio I y II”, episodio que forma parte de la obra “Fábulas” del guionista y escritor Bill Willingham (EE UU, 1956)

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Conjeturo que el primer ser humano que pronunció un sonido con intención significativa, es decir, la primera palabra, fue una mujer; ocurriría quizá al atardecer, cuando el bebé que sostenía en sus brazos no dejaba de moverse y de gemir, inquieto por las sombras que se aproximaban, molesto por el calor o el frío, por el hambre o por la implacable picadura del mosquito: entonces esa mujer se habrá dado cuenta no sólo de que el niño se calmaba más si lo apoyaba sobre el tranquilizador latido de su corazón, sino que la miraba atento si articulaba cierta clase de sonidos (ba-ba, bu-pi, ba-fi-fe), si los combinaba de la misma manera siempre, porque gracias a esa secuencia comenzaba a tejerse una historia (la caminata hasta donde estaba el agua, la lluvia que mojaba la comida, el rayo poderoso que partía el árbol y dejaba la terrible llama). Y cuando el significado de esos sonidos fueron comunes al grupo, allí nació no solo la lengua, sino también el universo de la ficción. No sabemos cuál fue la primera fábula de la Humanidad; pero sí sabemos que este vasto universo se repite de cultura en cultura y forma complejas conexiones originando mitologemas que son testimonio de que los seres humanos en esencia somos iguales. Por eso no es difícil hallar semejanzas entre Moisés y Paris, entre san Isidro y la diosa Icaque. Son historias que pertenecen al inabarcable mundo de las fábulas. Allí donde, ahora exiliados, la alcaldesa es la señorita Blanca Nieves y el sheriff, el sr. Lobo Feroz.

O al menos esta es la versión que propone el guionista y escritor Bill Willingham (EE UU, 1956) en Fábulas, un cómic que comenzó en 2002 y que hasta la fecha sigue activo, generando varios spin-offs y que ha sido reconocido, entre otros, con los prestigiosos premios Eisner. Según esta historia, un tenebroso Adversario ha expulsado a las fábulas de las “Tierras Natales”, es decir, de su mundo (el mismo mundo de ficción que reclamaba para sí el narrador de El cuento ficticio, de Julio Garmendia); se han visto obligadas a ocultarse en el país de nosotros, los “mundanos”. Se han establecido en un edificio mágico que llaman Villa Fábula, en una poco concurrida calle de Nueva York, protegido el inmueble por los convenientes sortilegios para alejar a los curiosos. Allí han sobrevivido durante siglos –también poseen una granja, a las afueras, donde viven las fábulas no humanas, como los tres cochinitos, y Bagueera (la pantera negra de El libro de la selva), y a donde los hijos de Blanca Nieves se verán obligados a mudarse por no saber controlar sus poderes.

No es extraño que en este mundo de rigurosa ficción el género noir aparezca en las primeras entregas; específicamente, como caper story, subgénero de la novela policial muy apropiado para el cómic por la carga de humor (negro) que inevitablemente conlleva.

En el episodio que nos ocupa (Una historia de misterio), Tommy Sharp, un periodista del Daily News, ha descubierto que Villa Fábula no es el tranquilo edificio pequeño burgués que aparenta ser. Ha dado con las pruebas de que sus habitantes son inmortales, y que viven allí desde los tiempos en que Nueva York aún se llamaba Nueva Ámsterdam. Emocionado con su descubrimiento, y de manera insensata, pide entrevistarse con el sheriff Lobo: “Conozco todos sus secretos”, le dice al lobo, y este, con el rasgo irónico que caracteriza a todos los que están de regreso, le contesta: “Pues me lleva mucha ventaja”. Pero el lobo aún no ha detectado la amenaza: “Como cortesía periodística, he decidido revelarme… salir de las sombras, por así decirlo”, continúa Sharp, “para darles oportunidad de responder antes de que publique mi artículo”. Harto de lo que él considera otra necedad más de un mundano, el sheriff Lobo lo apremia a que le diga qué es lo que sabe de su comunidad. Y Sharp, periodista envanecido, le suelta: ha descubierto que los de Villa Fábula son vampiros, por eso son inmortales; sin duda, esta historia le deparará el premio Pulitzer. Divertido, más que sorprendido, el lobo lo echa con desprecio, pero de inmediato intuye que pueden estar ante un grave problema. Forma un comando con el Príncipe Azul, Papamoscas, Barbazul, la Bella Durmiente, Azulejo, y Jack, el de las habichuelas, junto a quienes intentará frustrar las intenciones del periodista, haciendo uso del encantamiento con que está maldita la princesa que, en cuanto se descuida, cae dormida para siempre –o hasta que un beso de amor principesco la despierte.

El episodio se desarrolla siguiendo las peripecias de intriga de una historia de esta naturaleza (con el mismo sentido de la estrategia que se disfruta en Ocean’s eleven, de Steven Soderbergh o Inside man, de Spike Lee); aunque, siempre, el lector sabe cuál debe ser la resolución. Yo sugeriría, sin embargo, que no estén demasiado confiados, pues las no tan amables relaciones entre las fábulas –todos tienen un pasado oscuro– asegurarán una sorpresa final, que además dará el toque oscuro de toda la serie, pues Fábulas no habla de entrañables personajes de nuestra infancia, sino de los mitos que conforman nuestro universo simbólico, aquel fondo donde los ojos de un lobo sanguinario aguardan para acabar con nuestra tranquilidad. Y no hay nada más opaco (o noir) que eso.


UNA HISTORIA DE MISTERIO I Y II

Bill Willingham (guión) y Lan Medina (dibujo)

Publicado en Fábulas, 12-13

Norma, colección Vértigo

Barcelona, febrero de 2005

Traducción de Ernest Riera