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Conversación con Jesús Sanoja Hernández y Elías Pino Iturrieta sobre Rómulo Betancourt

Reunión del Comité Directivo de AD. De izquierda a derecha: Ovidio González, Rómulo Betancourt, José González Navarro, Raúl Leoní, Wenceslao Mantilla / Archivo El Nacional

Reunión del Comité Directivo de AD / Archivo El Nacional

El 5 de marzo de 2005, Papel Literario publicó una inolvidable conversación con Elías Pino Iturrieta y Jesús Sanoja Hernández sobre Rómulo Betancourt. Hoy ofrecemos un fragmento de aquél magnífico material, a propósito de la reedición de “Venezuela, política y petróleo”

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Conversación con Jesús Sanoja Hernández y Elías Pino Iturrieta.

Rómulo Betancourt: Del padre fundador al padre ausente

—Nelson Rivera: La figura de Rómulo Betancourt luce atrapada por dos grandes percepciones: una, la que nos dice que él es el padre de la Democracia; la otra, que lo asume como una encarnación de cierto autoritarismo. Esta tensión merece ser examinada.

Jesús Sanoja Hernández: Más que creador de la Democracia lo ubicaría como el intérprete de la modernización del país. La Democracia es una obra colectiva de la cual él forma parte, a través de una de las ramas que empezaron a hacer política a partir de 1936. Todo lo nuevo que aparece en el 36, es una obra de conjunto y tan es así que el PDN reunía todas las bifurcaciones partidistas de izquierda, y él en ese momento no es ni siquiera el secretario general, es el secretario de organización, que es uno de los puntos que siempre ha destacado Manuel Caballero como decisivo en la vida política de Betancourt y de un partido como Acción Democrática, es decir, el sentido de la organización. Betancourt fue realmente el gran organizador, primero del PDN, luego en 1941 cuando funda Acción Democrática.  

—Elías Pino Iturrieta: Estoy completamente de acuerdo. Pondría esa historia como una obra colectiva cuyo origen se remonta a 1928. No sólo Betancourt sino un conjunto de personalidades que, luego de la muerte de Gómez, le van a hacer un gran servicio a Venezuela. No únicamente con lo que tiene que ver con la renovación política sino con la renovación de la vida en general: la medicina, la arquitectura, la literatura, van a encontrar en los jóvenes del 28 un aliento para una metamorfosis muy importante que va a tener Venezuela a partir de entonces. Dentro de ese proceso colectivo despunta la figura de Betancourt, no sólo por los términos de organizador, sino por intérprete de una realidad. Betancourt entiende que el fenómeno caudillista debe reemplazarse por una trampa ideológica y él trabaja en eso, a lo cual se le agrega su interés por el pasado venezolano. Era un lector voraz de cuanto papel histórico le llegase. Esos elementos van a madurar en Betancourt, al punto de que en 1936 ya destaca por sobre los demás, por la capacidad de trabajo de un animal político que vivía únicamente para organizar y crear un partido a su imagen y semejanza, que es Acción Democrática. Si uno se pone a ver lo tanto que escribió y las conexiones que hizo en Venezuela y en el extranjero, se pudiera decir que difícilmente hay en el siglo XX un hombre tan dedicado a la faena política hasta los tiempos de Chávez. Ese era un hombre sin horarios para trabajar.

—J.S.H: El punto de partida es el año 28, porque es el primer grupo generacional que surge cuando el gomecismo está cumpliendo 20 años en el poder. Por otro lado, habían llegado a Venezuela, por diferentes vías, las noticias de los movimientos políticos, incluso de la Revolución Rusa. Estaba de moda el vanguardismo y hubo esa confluencia extraordinaria: prácticamente todos los que estudiaban en la universidad participaron en el movimiento del 28.

—N.R.: Además, el 28 tiene un carácter ilustrado que Betancourt parece encarnar muy bien. Al leerlo uno siente la presencia de un hombre que ha leído mucho por la manera de expresar su pensamiento, de citar a otros autores, por el uso que hacía del humor.

—E.P.I.: En el libro de Manuel Caballero se insiste mucho en que la vida de Betancourt, antes que la política, era la literatura. Caballero trata de no mirar el estilo ordinario de Betancourt, quien quería escribir, aunque con ninguna fortuna. Él tenía ese interés, esa afición a las letras que lo llevó a ser, no solamente un gran lector, sino a buscar el camino a la erudición. Y eso, quizás, lo diferencia de los demás.

—J.S.H.: El interés de ellos por la literatura está muy ligado al vanguardismo, y a la reacción literaria que se produce a partir de 1933, unos tres años antes. La figura de Ramos Sucre era conocida por ellos. Me contaba Jóvito Villalba que cuando Ramos Sucre trabajaba en Cancillería ellos iban a la Plaza Bolívar para oírle lo que decía.

Política, ejercicio fundacional

—N.R.: ¿Qué permite que Betancourt, siendo parte de una generación integrada por tantas personas tan bien formadas, alcance el liderazgo frente a tal grupo de notables?

—J.S.H.: Ese fenómeno empieza en 1936. El azar histórico. Betancourt escogió el momento preciso para una división de aguas y una afirmación de su personalidad política, porque cuando viene el decreto que lo expulsa del país él se esconde. Cayó un montón de gente de los 47 que estaban en la lista; otros se escondieron. Él pasó a la vida clandestina, pero en qué sentido: haciendo una columna que se llamaba “Economía y Finanzas” donde empezó un nuevo tipo de análisis que no se había hecho en Venezuela, aparte del que había elaborado Alberto Adriani cuando fundaron el partido en el 36.

—E.P.I.: Ciertamente la permanencia de Rómulo Betancourt en el país es fundamental para convertirse en el líder esencial de cualquier grupo emergente que estuviera por ahí. Además de las interpretaciones que comienza a hacer de la economía, hay algo que es muy importante: Betancourt va a ser el primer político de su generación que de veras confía en el pueblo venezolano. Él llega a determinar cómo era fundamental acabar con la pedagogía de la democracia que se venía manejando desde los tiempos de Bolívar. Llega a decir, basta de la democracia tutelar y va a encontrar un rival extraordinario en el régimen de Medina Angarita, aquellos notables que todavía miran al pueblo como inepto, como incompetente para el ejercicio de la democracia. Betancourt le da todo el crédito al pueblo venezolano, entonces va a convertirse en la contraparte de los notables, pero fundamentalmente de Uslar Pietri, quien es el gran pedagogo que le dice a los pequeñitos venezolanos: ustedes deben esperar, no están preparados. Betancourt dice no, estamos suficientemente preparados, tenemos unas claves para el entendimiento del desarrollo del país, pero también para el desarrollo de la vida democrática. Ahí se establece no solamente la alternativa que atrae a los dirigentes, sino también al pueblo. A Rómulo Betancourt no se le ve como un tipo con mucho carisma, no se le ve como un tipo atractivo de veras, pero entonces se produce una conexión, porque Betancourt confía en la pardocracia, y le abre camino a la pardocracia que nadie la había querido abrir desde el siglo XIX. Bolívar le teme a la pardocracia, prefiere moral y luces. Fermín Toro dice que hay que tener muchísimo cuidado, Manuel Felipe Tovar y los teóricos del gomecismo dicen que Venezuela es un pueblo inepto que necesita el gendarme necesario. Después del golpe de estado contra Medina Angarita, Betancourt construye el puente que le va a permitir a la pardocracia formar parte de la política. No sólo construye ese edificio tan importante que fue AD, sino que se acercó a los venezolanos como ningún político lo había hecho hasta entonces, y quizás como después, si hacemos la salvedad de Hugo Chávez.