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Miguel Torres

Miguel Torres

La última novela del colombiano Miguel Torres reúne varios puntos de vista para que el lector experimente todas las aristas de la revuelta de El Bogotazo. El libro recuerda que la historia va más allá de los grandes relatos

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El incendio de abril continúa con una línea temática que atraviesa la obra del escritor y dramaturgo colombiano Miguel Torres: mostrar la vivencia de las personas comunes y corrientes frente a hitos de la historia colombiana. Ya lo había hecho en la obra de teatro La Siempreviva (1994), sobre la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, y en la novela El crimen del siglo (Seix Barral, 2006), la primera pieza de una trilogía para contar los hechos que sucedieron alrededor del asesinato del precandidato presidencial Jorge Eliecer Gaitán, el 9 de abril de 1948.

Ese mito fundacional de la violencia en Colombia suele contarse desde los lugares comunes del enfrentamiento entre liberales y conservadores –los partidos políticos dominantes– y la lucha de clases. La trilogía busca alejarse de esos puntos de vista: El crimen del siglo humaniza a Juan Roa Sierra, el presunto asesino de Gaitán, mientras que El incendio de abril recrea la revuelta de El Bogotazo desde la perspectiva de su actor principal: el pueblo.

La novela se divide en tres partes. La primera son 64 testimonios breves donde distintas personas cuentan lo que vieron o hicieron durante las horas que siguieron al atentado: “Fue una voz, una voz sin boca y sin cara, alguna de las mismas que habían pregonado la noticia de boca en boca y de grito en grito: ¡Mataron a Gaitán!”, dice un escribidor que entonces redactaba cartas en un parque de Bogotá; “Se cargaron a un político muy importante y se ha armado un jaleo de la puta madre. Por aquí, por los lados de mi hotel, hay más gente en las calles que si se hubieran cargado al mismísimo Franco”, dice el actor de una compañía de teatro española.

Un relojero cuenta cómo ayudó a incendiar un tranvía; un estudiante de economía, cómo se tomó con sus compañeros la Radio Nacional para decirle al pueblo que se levantara; un zapatero, cómo rompió la vitrina de un almacén y se puso “a coger de cuanta vaina había”. Hablan policías, militares, taxistas, simpatizantes de Gaitán, otros que lo despreciaban.

La novela cierra con el testimonio de una escritora que sale a buscar a su marido en medio del incendio y los tiroteos, y el de un político adinerado que se reúne con sus amigos y otras familias de su clase social –aunque no todas de su misma ideología política– en una casa de las afueras de Bogotá: tienen miedo de que la revuelta llegue hasta allí.

La multiplicidad de voces rescata una visión de la historia que no es mediática ni política, y que se aleja del imaginario colectivo que suele reducir la memoria a hechos concretos. Al hacer un contrapunto entre testimonios de personajes ficticios que le ponen rostro al levantamiento popular y personajes reales como Manuel Zapata Olivella –autor de Calle 10, la primera novela que escenificaba El Bogotazo– o el fotógrafo Manuel H. Rodríguez –quien hizo un reportaje gráfico del levantamiento popular–, Torres logra escribir una visión plural de la historia, además de hacer un complejo retrato de la sociedad bogotana a mediados de siglo XX.

FICHA DEL LIBRO

El incendio de abril

Miguel Torres

Alfaguara

Colombia, 2012