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Concurso de Investigación Literaria de la ULA: Segundo Premio

María Gabriela Skirzewski Prieto / Foto: María Isabel Cordero López

María Gabriela Skirzewski Prieto / Foto: María Isabel Cordero López

María Gabriela Skirzewski Prieto es estudiante del cuarto semestre de Letras, mención Lengua y Literatura Hispanoamericana y Venezolana. Fue ganadora del Segundo Premio del Concurso de Investigación Literaria que tuvo lugar en la Universidad de los Andes entre el 2 y el 4 de julio de 2014 en el marco de la XVII Feria Internacional del Libro Universitario de Mérida

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Pesadillas en la sala de parto: Un cuerpo roto.

Reflexiones sobre el poemario Cuerpo de María Auxiliadora Álvarez

 

“Cerca de la palpitación

el lenguaje es fractura.”

Hanni Ossott

 

La obra Cuerpo es la descripción de la lucha de la mente de una mujer ante la prisión física del cuerpo, esa que nos ata a realidades que se nos escapan de las manos y no podemos sino someternos a ellas, doblegarnos y esperar lo que sea que tenga que ser de nosotros, y entregar lo que sea que se quiera de nosotros por parte de la sociedad, de la convención, de lo normal. Hay una fractura que se produce en el cuerpo cuando esa realidad a la que nos conducen, no va hacia el mismo lugar al que la mente desea conducirnos, a la que nosotros deseamos conducirnos. Sin embargo, es imposible ir en contra del cuerpo estando completo, porque esto sólo se logra cuando el cuerpo se fractura, se divide. Y esta división se llama locura.

Por eso me atrevo a decir que la realidad sólo es tangible y comprensible mediante el cuerpo, que es el único vínculo que nos une, más allá de nuestra capacidad cognoscitiva y psíquica, a una realidad también animal, material e instintiva; el cuerpo propone un plano animal y esparce un campo gravitatorio sobre las ideas del hombre, que permiten que este pueda sostener su existencia en torno a algo tangible. El cuerpo es el puente conductor que tiene el ser para vincularse con el estar, con la realidad material que los seres humanos tenemos en común. Pero para recorrer este camino y obtener ese ente llamado cuerpo, es necesario renunciar a una parte de la cualidad psíquica que poseemos todos los seres humanos, pues con él surgen una serie de ataduras, de procesos ligados a esa realidad que adquirimos; procesos manipulados por el poder que atan el campo psíquico de las personas a una convención o “lugar común” llamado sociedad, que es donde convergen los campos psíquicos de todos los seres. Por eso el cuerpo es nuestro vínculo coherente con los otros seres. Y la sociedad es un sacrificio necesario, es una opción que se escoge a medida que se va creciendo y aprendiendo de los gajes del vivir, como forma amable y cómoda de transitar por la vida; y por lo mismo, es un camino que nunca es completamente nuestro.

Pero cuando esta realidad nos agrede, cuando la sociedad nos exige de más y nos sofoca, cuando nos damos cuenta de que algo va mal (o todo), cuando nos buscamos, cuando queremos recuperar nuestra libertad, cuando negamos la realidad, cuando negamos de nuestro cuerpo y comenzamos a disponer de él desde el espacio de la locura, desde ese espacio intangible e ininteligible que se va escapando por la fisura que abrimos en la realidad, por donde la dejamos escapar lentamente; cuando nos buscamos, necesariamente nos quebramos, porque nuestro cuerpo está creado y diseñado por un orden, por un organismo que nos conduce de una manera predeterminada, y al romper con la realidad también rompemos con nuestro cuerpo, y éste se divide, se desarma, se esparce y se desordena. Debe hacerlo.

Según Deleuze y Guattari existen dos formas de locura: la accidental y la dirigida. La accidental es aquella en la huimos de la realidad sin darnos cuenta, como un método de defensa contra el mundo, pero en la que nos solemos perder y quedar en estado catatónico. Y la dirigida, a la que nos guiamos conscientemente en la búsqueda de un elemento liberador, que rompa el ejercicio que efectúa el poder de la sociedad, en este caso clínico, dentro del cuerpo del paciente agredido. La búsqueda de la desintegración del cuerpo bajo la mano de la justicia social, y la desorganización y esparcimiento de los órganos, como forma de romper ese vínculo, con esa clase de esquema social al que estamos expuestos. Cuando esta tarea se logra con éxito, el ser puede disponer de su cuerpo y de sus órganos, bajo un nuevo tipo de orden, se crea su propio organismo, distinto al preestablecido, en el cual se consigue crear una realidad alterna a la común. Se consigue lo que Deleuze y Guattari denominan como Cuerpo sin órganos.

Y esto es lo que ocurre en el poemario Cuerpo de María Auxiliadora Álvarez. Plantea la forma de un cuerpo en fase de locura, la irrealidad del cuerpo desmembrado, esparcido; del cuerpo que adquiere una mujer parturienta al ser agredida por un cuerpo clínico ineficiente al momento de dar a luz, y de como se forma una lucha en la madre contra esa realidad que ha de ser paradisíaca, pero que termina volviéndose infernal, desgarradora y ofensiva, por las condiciones en las que se experimenta esta situación dentro de los hospitales. De como surge esa lucha entre lamentos, gritos, nauseas, vértigo, que va induciendo a la madre a una locura hipocondríaca e incluso esquizofrénica, en el que la madre se niega a aceptar la realidad de esa forma y, por lo tanto, decide abrir una fisura en ella, para que dicha situación no pueda atravesarla: un ojo por aquí, unos omoplatos guindando por allá, la fuente regada por el piso, el calostro sobre la cama del hospital, los genitales colgados de las jeringas, botados en alguna esquina los senos. Esta acción de desunir es la huida inmediata extrema que se nos presenta ante algo de lo que no podemos escapar: desmembrar el cuerpo para que así, el médico, la “reina enfermera”, el marido, el hospital y la mano de esa “vaca baba bata blanca corrosiva que la agrede” (poema 1), no la puedan abarcar por completo. Para que no exista una unidad tangible (ella) de la que ellos puedan agarrarse firmemente y trabajarla, no existe un cuerpo completo y por lo tanto sólo podrían alcanzar y perjudicar alguna parte suelta de él y no al todo. Parte de su cuerpo siempre estará protegido. 

La locura es para la mujer descrita por Álvarez un método de defensa contra el mundo, ella se introduce en la locura con el fin de no terminar loca y de no doblegarse ante esa realidad traumática. Ella traslada la experiencia hospitalaria a una dimensión psíquica paralela, donde introduce todo lo negativo que la afecta junto sí misma, convirtiéndolo todo en una misma cosa, en un gran espacio cuerpohospitalmédicobebéquirófanoviscosoindistinguibleentresíunodelotro que tiene como fin desconcertar, utiliza esa sensación de mareo y nausea en el poema para desorientar y atacar esa realidad que está ahora dentro. Ella se convierte a sí misma en un arma contra esa realidad. Y es que la mujer expuesta por Ma. Auxiliadora es una fiera acorralada, en el poemario, ella impregna un fragmento de su naturaleza psíquica a cada parte de su cuerpo y crea un ejército de órganos dentro una habitación, de modo que quien intente hacerse con alguno de ellos, como rehén, los otros al no estar ligados a éste, podrán reaccionar ante él y defender la verdadera fortaleza, el castillo, su hijo, contra el ejército de médicos y enfermeras enemigos que pretenden sitiarla, domarla, hacerle daño. Cada parte del cuerpo pasa a cumplir una función dentro del poemario, aparte de la obvia, que es confundir al enemigo clínico; cada parte del cuerpo es una parte de ella y toman la forma de un peón, un alfil, una torre, un caballo, el rey y la reina, en la lucha estratégica por la razón, donde el cuerpo mismo se vuelve un tablero de guerra y se fusiona al cuerpo hospitalario con el fin de matar o morir. 

“el Doctor inclinado con grima

lo pateé

se revolvió conmigo

                                  en mucosas” (poema 7)

 

Las piernas como elemento fundamental

Ma. Auxiliadora hace de cada parte de su cuerpo una realidad distinta, hace de cada parte de su cuerpo una realidad que ataca a la realidad. En esta ocasión nos centraremos en sus piernas, las cuales son uno de los órganos al que se invoca con mayor frecuencia dentro del poemario, en su  suerte de carnicería, a las cuales se les hace alusión y comparaciones de distintas índoles a lo largo de su travesía por el cuerpo con: pilares, columnas (poema 29), puertas (poema 12), armas (poema 7), etc. Cuestión que llama inmediatamente la atención porque en estos poemas, ella, a pesar del mareo, la desorientación, el desorden y la desvinculación con la realidad y de que todo su cuerpo está disperso y confundido dentro del paisaje hospitalario, sostiene una idea muy clara y fija que recorre y se reafirma a través de las piernas.

“Ella me abre las piernas

                                   desde el piso

  trata de ascender” (poema 12)

Las piernas dentro del poemario, si se quiere decir así, es uno de los escasos elementos que se mantiene intacto ante la manipulación médica a la que la someten, son el único órgano que se mantiene literalmente en pie todo el tiempo y firme ante la pesadilla a la que es sometida la madre. Y al ser la única imagen que no se doblega, representa por lo tanto, el vínculo más fuerte con el que ella se sostiene entre los dos mundos a los que se somete en la lucha, el real y el imaginario.

“llegaron ellos

  nos levantamos de las camas

  con el muñón todavía tibio

                                           entre las piernas

                                           la humedad de la placenta

                                           ACHE I JOTA O ” (poema 13)

Pues ningún otro órgano, se encuentra en un espacio real, salvo sus piernas, que aparentemente son capaces de caminar entre los dos mundos paralelamente, entre el mundo de la locura y el de la cordura. Hanni Ossott en su ensayo sobre la desmesura dice: “He de mover los pies con gran cautela, para no rebasar los límites del mundo y caer en la nada. He de golpear con la mano una dura puerta, para llamarme a mí misma a fin de que vuelva a entrar a mi cuerpo.”

Cuestión que Deleuze y Guattari plantean en su artículo “¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?” (1975), en el cual advierten que el sujeto al inducirse hacia el cuerpo sin órganos debe estar siempre presente de mantener una línea de prudencia que no sea rebasada bajo ningún sentido, una línea que sin importar cuanto campo psíquico sea o alcance el ser, o que tan profunda sea la locura y el descalabro, nos permita volver al cuerpo, que siempre va a ser un elemento fundamental para la prolongación de la vida, que si no se protege, puede conducir a la muerte y acabar, por lo tanto, con los dos planos del hombre al mismo tiempo (El corporal y el psíquico), y este elemento, esta línea prudencial son las piernas, que hacen de cordón umbilical con su propio mundo, por el cual ella se introduce y hace contacto con la tierra.

“Es injusto

  que en el cuerpo

                       no contengas alimentos

                       que no tengas

                       várices en las piernas

                       ramas negras” (poema 22)

La mujer pasa a moverse entre esos dos campos de una manera instintiva pero consiente de no volverse arma de doble filo, sus piernas están en una zona limítrofe de ambas realidades, son la frontera, el puente, el cordón umbilical que las ata a ella, a su hijo, a la locura y al mundo dentro del mismo plano temporal.

“Yo lo estuviera contando

  abajo

  al centro de mis cuclillas

  donde ahora usted lo busca” (poema 1)

Existe una emoción más racional que surge de este elemento del cuerpo, de estas se escucha una voz todavía humana que se preocupa por sí misma y por los demás, que se ocupa no del recuerdo, ni del miedo, ni de las ilusiones en las que invita a columpiarse, sino que es una voz que la llama y nos llama al contacto, a la reflexión pausada, al sufrimiento meditado y a la resignación, invita a la aceptación de la situación, y finalmente le aporta un leve y lejano sentimiento de reconciliación con la vida, que le permite a la madre continuar adentrándose con más intensidad en la ponzoña de su odio y en la búsqueda de su “cuerpo sin órganos”. Las piernas son para la madre como el hilo de lana que ayudó a Teseo a entrar y salir del laberinto del Minotauro.

REFERENCIAS

María Auxiliadora Álvarez. Cuerpo. Lugar de pasaje: Antología Poética.    Caracas, Monte Ávila Editores, 2009 [1985], pp.1-29.

Michel Foucault. El nacimiento de la clínica: una arqueología a la mirada médica. (ed.20). México, Siglo Veintiuno Editores, 2001.

Michel Foucault. El orden del discurso. Buenos Aires, Tusquets Editores, 2005 [1973].

Gilles Deleuze y Félix Guattari. “¿Como hacerse un cuerpo sin órganos?” en: Mil Mesetas: Capitalismo y Esquizofrenia. (5ta ed.) Valencia, Pre-textos, 2002, pp. 155-171.

Hanni Ossott. “Memoria en ausencia de imagen. Memoria del Cuerpo” en: Obras Completas. Venezuela: bid & co, 2008.