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Concierto en Paris : Venezuela no sólo produce petróleo, también talento y buena música

El pasado 25 de septiembre la Alcaldía del IX Distrito de Paris y Diálogo por Venezuela celebraron su doceavo cumpleaños, a sala llena, con el concierto «Musiques por Venezuela», en la sala Rossini.Venezolanos y franceses, de izquierda y derecha, aplaudieron, conmovidos y unidos por el amor a la música. Amantes o no del merengue o de la ópera, formaron parte del milagro que Venezuela espera desde hace más de una década: compartir en un mismo espacio, personas con multiplicidad de ideologías y pensamientos

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Arranque en fa

 “Musiquespour le Venezuela” contó con la concepción y la impecable organización de Alexandra Poleo, pintora y cantante (ex alumna premiada del Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza de Paris).Fue ella quien contactó y convenció, uno a uno, a los 15 músicos que participaron.

Cuando al joven pianista Jesús Alejandro Joves Molina le mostraron la lista de los participantes, el nombre de Edith Peña saltaba ante sus ojos como un sueño inalcanzable. Justo a él le tocó abrir el concierto con composiciones de Antonio Estévez, entre las cuáles “Piezas infantiles”, marcaron el inicio. Su ejecución al piano presentó, con mucho brío, al negro y al indio, para finalizar con nuestros ancestros españoles.

Acto seguido Francia y Austria se presentaron con la flauta de Mathilde Le Tac y las “Variaciones sobre un tema de Mozart”de Reynaldo Hahn, célebre compositor franco-venezolano y gran amigo del escritor Marcel Proust.Este episodio fue uno de los grandes momentos de la noche: la interpretación de la “Barcarolle” de Offenbach, a la que la pianista Charlotte Gauthier se integró de manera magistral, junto a la encantadora voz de la soprano venezolana Sandrah Silvio. Los asistentes se estremecieron con la entrada deFrederik Camacho con su violín, al tiempo que la flauta y la impresionante contralto MigdaliHerrison daban la bienvenida a la primera pausa.

 

Intermezzo

Los asistentes se saludaban con alegría, el encuentro se suscitaba: nada como el romanticismo de Brahms para retornar a la sala. De nuevo MigdaliHerrisonirradió la energía de una diva de la ópera y, junto al piano de Charlotte, ocuparon el espacio.

 “Uno de los conciertos más eclécticos al cual haya asistido”, comentaba Jean Marc Courrie. “Todo es compatible de una forma coherente, la música se combina y se mezcla como una elección verdaderamente apropiada, que se enlaza sin mayores pretenciones”, decía una venezolana que estaba de paso en Paris y se enteró del concierto por una entrevista que escuchó en la radio francesa.

En este segundo tiempo, el conocido barítono franco-suizo,Jean-Marc Salzmann, hizo de su presencia una sola voz que invitaba a la danza (también se acompañó del acordeón mágico de Pierre Cussac): ambos ejecutaron la Carmen de Bizet.

La famosa canción de Joseph Kosma, con letra del poeta Jacques Prévert, «La pêche à la baleine», fue interpretada por el bajo lírico AntoineGarcin (quien participa en estos días en“La Traviata de la Opera Bastille), y ya ha compartido escenario con Montserrat Caballé. Fue Garcin quien recibió a la invitada de honor,Edith Peña, pianista venezolana de trayectoria internacional, capaz de interpretar a Albéniz con matices incomparables, bailar un joropo de Moleiro y luego tocar piezas de Sojo, entre otros valses venezolanos dignos de Chopin, con una prestancia infinita.

 

Pizzicato fuera de partitura

Una sorpresa fuera del programa: la alcaldesa DelphineBürkli subió al escenario con Alexandra Poleo y Claire Gannet (encargada del área de Cultura) y dedicó unas palabras a Venezuela: “Ustedes producen mucho más que petróleo, talento y buena música, estoy feliz de que estén aquí”.

Alexandra Poleo explicó que esta iniciativa pretende promover valores de paz, sin olvidar los últimos acontecimientos en Venezuela, los muertos, heridos y presos de estos últimos meses, en mayor parte estudiantes. 

Al regreso, entre los presentes se sentía un doble orgullo. La pianista Charlotte Gauthier afirmó que le hubiera encantado ser venezolana. Existía una suerte de unión, de pausa en la discusión, todo era armonía y tolerancia.Se sentía el orgullo de ser venezolanos y de compartir la emoción en un escenario parisino.

Le tocó entonces el turno a los más jóvenes.Leonidas Rondón (Leo) le sacó al cuatro todos los sonidos posibles y hasta lo convirtió en otros instrumentos. A su lado, el contrabajista francés MariusPibarot tocaba con un “tumbao” francés y una complicidad criolla, la cual no viene de la guardería, pues cada quien nació y estudió en dos continentes diferentes, dos culturas unidas alrededor de “Un segundo lucero”, de Ismael Querales. 

Fernando Álvarez se lució con el oboe y la bandola, y trajo a la sala “Sabana”, de Simón Díaz.Edgar Bonilla, brillante pianista, aportó un toque de jazz al concierto, con una formación en cuarteto que envolvió al público en una especia de vorágine sonora. Leo Rondón y  Vitier Vivas entregaron todo en lapercusión (Vitier acompaña la gira por China de la Orquesta de Paris).Frederik Camacho disfrutó al máximo con su violín, interpretando “Rosalía”, de Juan Sébastien Jiménez. Se elevó, todavía más, inmerso entre sus cuerdas, en la interpretación de “Criollísima”.

Fue un éxito total. La música calma, une, da alegría y, por encima detodo, espanta los fantasmas y hace retornar lo mejor del gentilicio.

El cierre estuvo a cargo de Alexandra Poleo, quien presentó a todos los artistas: muchos tenían los ojos másque aguarapados. No es para menos: la unión en estos tiempos es una nota que no puede faltar en nuestra vida cotidiana. El mundo así lo requiere.