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Comunicación en Norteamérica (y II)

Gustavo Hernández Díaz | Foto: Archivo

Gustavo Hernández Díaz | Foto: Archivo

“Los medios denuncian problemas nacionales y foráneos (vigilancia) para que las instituciones sociales ofrezcan soluciones cabales y efectivas (respuesta), reforzando el legado o la herencia sociocultural de una generación a la siguiente (valores)”

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La Ciencia de la Comunicación en Norteamérica se ha ocupado de estudiar las funciones de los medios masivos en la sociedad industrial, desde la sociología de Talcott Parsons, Émile Durkheim y Robert King Merton. El enfoque funcionalista considera que las instituciones sociales, Estado, familia, educación, religión, política, economía, medios masivos, operan como un sistema interdependiente sobre la base de normas morales, jurídicas y culturales.

Harold Lasswell sostiene en Estructura y función de la comunicación en la sociedad (1955), que la comunicación masiva cumple con funciones especializadas y semejantes a los animales inferiores: “a) vigilancia del entorno, revelando amenazas y oportunidades que afecten a la posición de valor de la comunidad y de las partes que la componen; b) correlación de los componentes de la sociedad en cuanto a dar una respuesta al entorno;  c) transmisión del legado social”. Los medios denuncian problemas nacionales y foráneos (vigilancia) para que las instituciones sociales ofrezcan soluciones cabales y efectivas (respuesta), reforzando el legado o la herencia sociocultural de una generación a la siguiente (valores). Programas históricos y culturales son ejemplos típicos de la función educativa de los medios.

Paul Lazarsfeld y Robert King Merton en Comunicación de masas, gustos populares y acción social organizada (1954) asignan estas funciones a la difusión masiva:

-Estatus social. “Los mass-media dan prestigio y realzan la autoridad de los individuos y grupos al legitimar su status.” Hasta el punto de que las masas anónimas han encontrado su prime time, el “minuto de fama”, en talk shows y reality shows. Formatos audiovisuales que dan cabida a morales cotidianas, competencias, individualismo y patologías humanas; y que ocupan un lugar privilegiado pero también efímero en el consumo cultural globalizado. 

  -Disfunción narcotizante. “La exposición (exagerada) a este flujo de información puede servir para narcotizar más bien que para dinamizar al lector o al oyente del medio.” Corresponde a la institución familiar y educativa atenuar los efectos de los mensajes, remarcando la formación moral, intelectual y cultural de las personas.

-Impactar el gusto popular. “De preguntar al norteamericano medio con cierta pretensión de cultura literaria o estética, si las comunicaciones de masas han tenido algún efecto sobre el gusto popular, nos contestaría sin duda con un sí rotundo.” No obstante, el efecto avasallador de los medios en parte se debe a que las audiencias son indiferentes a los contenidos informativos y ficcionales.

Katz,  Blumer y Gurevitch objetan que la audiencia sea pasiva y con ello se distancian de Harold Lasswell y los efectos unidimensionales. Plantean, en Usos y gratificaciones de la comunicación de masas (1974), que los medios satisfacen necesidades cognitivas, educativas, informativas y de entretenimiento. Escriben: “En el proceso de comunicación masiva, corresponde al miembro del público buena parte de la iniciativa de vincular la gratificación de la necesidad y la elección de los medios.” Las personas utilizan los medios masivos  y las tecnologías, entre otras razones, por la inmediatez y ubicuidad de la información, para confirmar valores, integrarse en comunidades, ocupar el tiempo libre, cambiar de identidad (Second Life).

Sin embargo, la función basada en la gratificación ha sido objeto de cuestionamientos. Uno, no se puede hablar de gratificación en sentido pleno en virtud de que los medios, por factores comerciales y políticos, tienden a rebanar la programación en segmentos de publicidad, informativos y propagandas gubernamentales. Dos, la libertad de elección no se cumple a cabalidad porque los medios predeterminan los contenidos en franjas horarias destinadas a diversas audiencias. Tres,  no existe una sola manera de usar los medios, sino que existe diferentes usos que trascienden el mero acto de interactuar directamente con los mensajes. Por ejemplo, la televisión puede estar encendida mientras se realizan otras labores en el hogar; en otros casos, miramos la pantalla para alcanzar el sueño.

La comunicología norteamericana sigue aún vigente en lo concerniente a sus aportaciones metodológicas. Esta corriente de pensamiento ha influido en el estudio multidisciplinario de la comunicación. Sus teorías son de gran utilidad porque brindan respuestas prácticas a problemas de orden psicosocial y socio-cultural. Se apoya en métodos empíricos (datos extraídos de la realidad), en estadísticas para determinar tendencias, exposición y preferencias; así como en abordajes sofisticados en opinión pública. Sus tópicos son recurrentes: persuasión, propaganda y publicidad, política, negociación simbólica, funciones de la comunicación.

Hoy en día, las revistas especializadas en comunicación en Norteamérica (Public  Opinion Quarterly, Journal of Communication, Communication Research Trends), siguen planteándose la teoría de los efectos, como área temática tradicional, y dan cuenta también de estudios empíricos que están muy  en sintonía con la sociedad de la información y los conflictos políticos internacionales: globalización, redes sociales y participación política y ciudadana, periodismo digital, interculturalidad, gobierno electrónico, organizaciones, inteligencia emocional, publicidad y propaganda en Internet, ciber-seguridad, (antiterrorismo, delitos bancarios, tráfico de drogas), educación electrónica.

Finalmente, el funcionalismo comunicacional es criticado por razones ideológicas desde el enfoque marxista; ya que desarrolla estrategias audiovisuales (campañas, propagandas), para reforzar normas establecidas y evitar de este modo el conflicto social. Deja al margen la explicación de las causas generales y profundas de los conflictos en el plano histórico, económico y político. El análisis funcional aplicado a la comunicación, según Robert K. Merton, debe orientarse a identificar, sobre todo, disfunciones sociales o anomalías coyunturales con la finalidad de reafirmar el orden y propiciar, de este modo, la armonía social y los valores dominantes.