• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Comprender la desinformación

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Gustavo Hernández Díaz / Foto Archivo El Nacional

Los medios masivos tienen el propósito ético de informar, entretener y educar. No obstante, los noticieros, espacios de opinión y reportajes pueden incurrir en la desinformación. Las propagandas, cadenas presidenciales y la autocensura (voto de silencio a favor del poder político dominante), revelan flaqueza informativa

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Nunca comience a mover los labios antes que

sus subordinados. Cuanto más tiempo guarde silencio,

más pronto sus labios los demás moverán.

Y a medida que ellos muevan los labios

 usted podrá entender su verdadera intenciones.

(Han-fei-tzu, filósofo chino, s. III a. C)

Tonalidades de la desinformación

Las Ciencias de la Comunicación y las ciencias sociales como la antropología, la sociología y la semiótica pragmática han abundado históricamente en estos conceptos: Comunicación, Información y Desinformación. Comunicación se relaciona con estas expresiones: compartir el consaber (Antonio Pasquali), armonía de los contrarios, diálogo y reconciliación social (Jünger Habermas), proceso mediante el cual se desarrollan las relaciones humanas (S. H. Cooley),  establecer comunidad con alguien (Wilbur Schramm), interacción social por medio de símbolos y sistemas de mensajes (George Gerbner).  Informar es transmitir mensajes de forma unidireccional. El emisor influye en el receptor.  En cambio, la “desinformación” es ausencia de información. Pretexto para tergiversar la verdad, la historia y los valores democráticos. 

Se pueden identificar, por lo menos, dos tipos de personas indiferentes ante la desinformación: Uno, el ignorante o analfabeta percibe la realidad desde su repertorio de mitos, fábulas y prejuicios. Ideas vagas y misteriosas guían muchas veces su comportamiento. El sentido común (el menos común de los sentidos) es el mejor aliado para conducirse en la vida. Dos, la persona tiene plena consciencia de la desinformación. Pese a su formación educativa y cultural, impera la pereza mental en lo concerniente a la búsqueda de información veraz y calificada. Se comporta como analfabeta no siéndolo. Su conducta apática sigue la ruta del Titanic, choque inminente. Adicto a modas ideológicas. Incapaz de cuestionar el poder y delimitar alternativas.

 

Lectura crítica de la desinformación

Los medios masivos tienen el propósito ético de informar, entretener y educar. No obstante, los noticieros, espacios de opinión y reportajes pueden incurrir en la desinformación. Las propagandas, cadenas presidenciales y la autocensura (voto de silencio a favor del poder político dominante), revelan flaqueza informativa. Argumentos de ficción, policiales, ciencia ficción, humorismo, telenovelas, comiquitas, publicidad y hasta los documentales no escapan de los estereotipos y simplificaciones banales.

Valores morales, intelectuales y espirituales son nuestro antídoto  para desmontar la sarta de disparates y de mentiras de un gobierno o de un sector político y económico. Recomiendo algunas herramientas básicas para comprender la desinformación: Contrastar la información con otras fuentes noticiosas, documentos y libros. Evitar la información tendenciosa. Precisar por qué los hechos se supeditan a los rigores del sensacionalismo, el culto a la personalidad, la inmediatez y la trivialización. Preguntarnos: ¿Quién informa o emite el mensaje? ¿Qué hecho nos transmite? ¿Desde dónde se nos narra? ¿Cuándo se informa? ¿Por qué se nos cuenta ese suceso y no otro? ¿Cómo nos la presenta el medio? ¿Cuál es el contexto? ¿Qué se omite? ¿Por qué motivos?

 

Los recursos de la desinformación

Hay que aprender a leer las estrategias de desinformación mediática. Señalemos algunas: la distracción, la demonización, el Mau-Mauar, el eufemismo, la cosificación, las falacias, el sound bite, el timing, el cherry picking, la omisión, la censura y la autocensura (“Pragmática de la desinformación” de Luis Miguel Rodríguez, Universidad de Huelva, 2014).

La Distracción impone un pseudo-acontecimiento para disipar la atención de un suceso verdadero. Se demoniza a la opinión discordante calificándola de monstruosa o maléfica. El Mau-Mauar se vale de los signos de la barbarie, del primitivismo y de la pobreza extrema para asustar y obtener beneficios económicos y políticos. El Eufemismo edulcora o trata de amortiguar el efecto negativo de un mensaje hostil y grosero. “Ultimar por matar”, “limpieza étnica por extermino racista”, “pacificación por aplastamiento militar”, son mensajes basados en la sinonimia, la antonomasia y la antífrasis.

La Cosificación niega la autonomía y la libre determinación del sujeto crítico. Los seres humanos son como cosas; se utilizan con fines políticos. Las Falacias equivalen a  argumentaciones tramposas. El Sound bite es una idea política clave pensada especialmente para ser difundida en los medios. Recuerdo la frase célebre de John F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.

El Timing retrasa el efecto de una medida política impopular. La gente se va acostumbrando a la idea de un cambio trágico en su estilo de vida. El Cherry picking es seleccionar lo mejor o lo peor de los datos estadísticos. La Omisión es abstenerse de emitir alguna información por temor a ser criticado.

La Censura reprime la libertad de informar y de opinar. El censor político suspende este elenco de libertades: “Libre Acceso a fuentes de información públicas y privadas, la Libre Recepción de mensajes de cualquier origen, la Libre Escogencia de un Código expresivo, la Libre Elección de un Canal comunicante, la Libre delimitación  de los públicos perceptores y la Libre Elección de sus  Contenidos o mensajes. Nada más y nada menos que eso” (“La Libertad de expresión en una sociedad democrática” de Antonio Pasquali, UCV-2007).  

La Autocensura restringe la libertad individual para informar y opinar.  Quien silencia su palabra probablemente está presionado por el gobierno, corre peligro físico, condiciona su autonomía crítica a cambio de su seguridad personal y la de los suyos, acata la opinión complaciente de la mayoría (es la espiral del silencio de Noelle Neumann).

¿Qué puede ser más inadmisible? Vivir en un estado de total ignorancia e indiferencia social. Sugestionado por la desinformación. Improvisando como el personaje de Por estas calles, Eudomar Santos: “como vaya viniendo vamos viendo”. O vivir a sabiendas de estar desinformado, manipulado y llevado cual cordero silente al matadero. Ante esta tesitura, debe prevalecer el humanismo y los principios democráticos. Debe primar el  derecho a la comunicación, el derecho a acceder a la información y el derecho a participar en asuntos públicos.