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Claudio Gallina: Me parece que la educación es jugar

Claudio Gallina / Henry Delgado/ El Nacional

Claudio Gallina / Henry Delgado/ El Nacional

Su arte no admite límites así como tampoco lo hace un niño cuando juega y siente el afán de expresarse sin ponerle fronteras a su imaginación

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Claudio Gallina es un artista plástico nacido en Buenos Aires en 1964. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Peyrredón, es gran admirador de la arquitectura y la escenografía teatral, artes que se reflejan en su discurso visual. Alterna su práctica artística con la labor docente y la de coordinador del taller Clínica de obra y desarrollo de la imagen del Centro Cultural Recoleta, en su ciudad natal, y este año vino a Caracas como artista internacional invitado en la XXII Feria Iberoamericana de Arte. Durante el evento conversamos acerca de su propuesta plástica: una obra que recurre a la memoria y a lo lúdico como evocadores de momentos de infancia y de experiencias de aulas (y en torno a ellas). Su arte no admite límites así como tampoco lo hace un niño cuando juega y siente el afán de expresarse sin ponerle fronteras a su imaginación: Gallina no repara en emplear soportes pictóricos inusuales como una hoja de cuaderno o un pupitre. Nos recibe con una carpeta en donde transporta cada hoja que compone su obra, luego la ensambla y conversa. 

—¿Qué traes para la FIA?

—Son tintas con acuarelas. Técnica mixta con lápiz, acuarelable, acrílicos, pero en realidad la base es agua. Esto es un cambio en mí por el hecho de trabajar en papel. Las grandes obras siempre las trabajé en tela pero (…) quería que todo circulara alrededor de los cuadernos porque son como el pequeño resumen de toda la obra: tienen una energía, una memoria y un tiempo de elaboración -ahí pasó algo, ahí estuvo alguien que le descargó un montón de cosas. Y me parece que eso es irrepetible. Y es muy difícil de repetirlo en una tela. Entonces llevarlo al papel, que es una cosa orgánica, y darle la dimensión del tamaño de la hoja de carpeta para transportarlo, me pareció que era lo ideal para darle un concepto general a toda la muestra.

—Al ver el montaje, me recuerda como a un rompecabezas…

—En este montaje la idea es que se noten que son hojas. Tiene, digamos, varios conceptos. Uno, es el de la cuadrícula. (Lo del rompecabezas no lo había pensado en realidad. (…) ¡Sería divertido armarlo como un rompecabezas!) Pero sí, tiene ese concepto de juego y el de cuadrícula, que tiene que ver con cómo los artistas pasaban sus obras de chica a grande. (…)

—¿Hay en tu obra nostalgia, recuerdo y referente autobiográfico? 

—En realidad yo creo que la presencia fundamental es la memoria. Para mí esto es un ejercicio de memoria para conmigo mismo. Nosotros en la Argentina votamos en las escuelas, entonces me tocó ir a mi escuela y votar en mi aula. Y ahí me di cuenta que todo el olor y la sensación me removió todo un mundo que había olvidado. En realidad estaban archivadas. La mayoría de las cosas tienen que ver conmigo, utilizo los actores, que son los modelos y ellos están hablando de mi, de mis amigos, de mis aventuras -bueno yo me llamo Gallina con lo cual te imaginarás que lo mío no fue fácil. Me la pasé muy bien en la niñez pero me refiero a que tal vez lo dejé olvidado.

—Los niños de tus obras están jugando, pocas veces estudiando…

—En realidad no sé por qué surge eso pero me parece que la educación es jugar. El artista tiene que jugar y el chico tiene que jugar. Jugar es una palabra muy seria, uno la toma de manera peyorativa, pero el hecho de jugar es el hecho de relacionarse, de investigar, de crear. (…) Yo estoy creando un mundo, mi mundo, y juego, y si no me divierto se nota en la obra, y cuando me divierto también se nota (…). Aunque en muchas obras sí están estudiando. Yo hice la Escuela de Bellas Artes ya grande –veinte años- y me acuerdo que más aprendí no era en las aulas sino en las reuniones pues ahí es donde había debates, donde realmente uno aprendía. Entonces me parece que la educación es mucho más amplia de lo que uno cree, no es solo meterse en un aula con un profesor, me parece que es toda una situación educativa, uno aprende en todos lados. A mí, por ejemplo, me tocó aprender mucho en la calle (…) con lo cual toda mi educación es distinta a la de los chicos de ahora y se nota. No sé si para bien o para mal.