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Chernóbil, 30 años después

Chernóbil, 30 años después (III) © Enrique Moya

Chernóbil, 30 años después © Enrique Moya

El pasado 24 de abril, en la Asociación Humboldt, el embajador de Alemania en Venezuela habló con motivo de los 30 años de la catástrofe en Ucrania

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Muy distinguido Señor Embajador Becker Becker

Muy distinguido Señor Embajador Hayashi

Muy distinguido Señor Moya

Distinguidos miembros del Directorio de la ACH

Distinguidos presentes:

Me alegro tener la oportunidad de pronunciar algunas palabras dentro del marco de este evento y la conferencia planeada. Las fotos que Usted, estimado señor Moya, muestra en su exposición, nos recuerdan claramente aquel acontecimiento que siempre se relacionará con el nombre de Chernóbil: el accidente atómico de hace 30 años. Después de 30 años, la zona permanece contaminada y es inhabitable.  El nombre de Chernóbil  permanecerá por siempre grabado en la memoria de la humanidad así como el de Hiroshima, Nagasaki y Fukushima.

Permítanme algunos comentarios personales:

Yo llegué el 20 de marzo de 2011 a Japón, o sea 9 días después de la triple catástrofe de terremoto, tsunami y accidente atómico en el norte de Japón. Como deben saber, la reacción oficial en Alemania y en Japón fue diferente.

El Gobierno Federal ha decidido prescindir por completo de la energía nuclear a partir del 2022, mientras que en Japón se conectaron nuevamente las primeras plantas nucleares. En Alemania, muy probablemente, el recuerdo de Chernóbil contribuyó a esta decisión.

En Japón, un país pobre en materias primas, el éxito económico después de la guerra se basaba en gran medida en la fe en la energía nuclear. Esta perspectiva no se modifica de un día para otro, al menos no entre los políticos y el poderoso lobby atómico. El gobierno volvió a conectar los primeros reactores oponiéndose así a la voluntad del pueblo, el cual está mayoritariamente en contra de la energía atómica desde Fukushima.

Lo que está claro es que las diferencias culturales entre Europa y Japón son considerables y por lo tanto, los procesos políticos y sociales para superar dichos accidentes, también son diferentes. Mencionarlos aquí nos llevaría mucho tiempo. Tampoco quisiera abordar aquí el por qué Japón, luego de Hiroshima y Nagasaki, eligiera la energía nuclear.

Pero, yo considero muy importante hacer cuatro observaciones:

  1. Tanto en Chernóbil como en Fukushima, el gobierno al igual que los operadores de las centrales atómicas intentaron esconder los acontecimientos. Ello demuestra que la prensa libre y un público atento son necesarios para la transparencia. Solo aquel que conoce el peligro, puede protegerse de él. Esto no solo aplica para los accidentes atómicos, sino para todos aquellos lugares donde se manipulan materias peligrosas. Incluimos aquí también la explotación de materias primas en Venezuela.

 

  1. Efectos políticos: En Europa, Chernóbil llevó a un fortalecimiento de los movimientos ecologistas, los cuales encontraron en Alemania su expresión política en el partido verde. Hoy en día, el rechazo de la energía nuclear es un resultado de este proceso político. Además, Alemania se encuentra en el camino hacia una economía que depende cada vez menos de las energías fósiles por razones del cambio climático. En Japón la cosa es diferente, nuevamente por razones culturales. No obstante, también allí hay muchas iniciativas locales que apuestan por alternativas energéticas. Venezuela ha sido bendecida con sol y energía hidráulica.  El futuro también depende del uso de la energía solar no contaminante Venezuela cuenta por lo tanto con excelentes posibilidades para el abastecimiento energético sin combustibles fósiles y de esta manera puede contribuir a la protección del medio ambiente.
  2. Las consecuencias a largo plazo de una catástrofe nuclear son difíciles de evaluar. Hasta la fecha existe un cerco alrededor de Chernóbil. El área será inhabitable por mucho tiempo. Lo mismo aplica para Fukushima, aun cuando el gobierno no se lo ha advertido claramente a sus antiguos habitantes. Y los daños a la salud también son considerables y aparecen mucho más allá en el tiempo. Las estadísticas de los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki lo demuestran muy claramente. También a este respecto, los gobiernos tienden al silencio o a decir poco.

En general, me temo que las consecuencias de una explotación irresponsable e incontrolada de la naturaleza también nos afectan a todos. Esto aplica por ejemplo la contaminación de las aguas subterráneas por la explotación de metales preciosos.

  1. Mi cuarta y última observación es de carácter general. Recuerdo una discusión en el Instituto Goethe en Tokio con el filósofo austríaco Adolf Muschg. Se trataba de la pregunta acerca de si la humanidad siempre debía hacer todo aquello para lo que estaba capacitada técnicamente. ¿Qué límites le aceptamos a la naturaleza? ¿Por dónde pasa el límite de lo justificable, si se trata de la sobrevivencia de la propia especie? Y finalmente, ¿no hemos creado ya, en la actualidad, técnicas que se nos enfrentan como incontrolables?

Un campo actual en el cual buscamos respuestas a estas preguntas es la ingeniería genética, especialmente en la modificación del material genético y el consumo de alimentos manipulados genéticamente. Esta es una discusión que también sostienen los ciudadanos y a la cual, las sociedades por ejemplo en Estados Unidos y Europa,  responden de manera diferente. Y en relación al dominio: ¿no estamos viendo en este momento como la economía financiera se aparta de la economía real y las computadoras controlan hoy los mercados financieros globales?

Esta última observación demuestra que Chernóbil va mucho más allá de los acontecimientos de 1986 y actualmente plantea cuestionamientos básicos.

Una vez más, muchas gracias a los organizadores de la Asociación Humboldt por haber organizado esta exposición y conferencia. Les deseo días interesantes y un exitoso desarrollo.