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Causa de muerte del poeta Cruz María Salmerón Acosta

Cruz Salmerón Acosta, poeta / Foto orienteweb.com

Cruz Salmerón Acosta, poeta / Foto orienteweb.com

Cuando regresa a Caracas después de las vacaciones de 1911, el mal estaba declarado. Él siempre mantuvo esperanzas de curar. Pero el “mal bíblico” no conocía cura

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Uno de los asuntos que más me preocupó, al finalizar mi trabajo de investigación sobre el poeta oriental Cruz María Salmerón, ha sido el motivo de su muerte, pues, hay en la vieja y nueva tradición oral y en algún documento de su vida las más variadas tesis sobre el motivo, causa y mecanismo de adquisición de la enfermedad que lo llevó a temprana muerte sin apenas haber cumplido cuarenta años. En mi obra Cielo, mar y Amor. Cruz María Salmerón Acosta. Vida y Obra Completa Comentada (2015) he tratado el tema en medio de varios. Ahora quisiera entresacar los aspectos que considero son definitivos.

Ante todo, el diagnóstico médico multiefectuado: Cruz María es auscultado por, al menos, tres médicos. De seguido, la terapéutica: todas son consistentes con el diagnóstico que es –también– coincidente. De seguido, una carta testimonial publicada en el año 2009. Y de corona: algunos defectos del único documento discordante: quien testimonia, los testigos y el error de fecha de nacimiento. Un documento, sin duda, elaborado sin cuidado. Comencemos. Cruz Salmerón se gradúa de bachiller en Cumaná y se traslada a Caracas.

En Caracas –¡la de 1910!– vivirá hasta 1912, de Camejo a Santa Teresa. Fueron sus compañeros de pensión José Antonio Ramos Sucre y Juan Bautista Mariña Liccioni. Ambos fueron sus amigos entrañables. Ramos Sucre vivió un tiempo en su pieza. Cruz María viene a Caracas a estudiar Ciencias Políticas en la UCV.

Cruz María se inscribe en la Asociación General de Estudiantes de Venezuela, que con el tiempo cambiaría de nombre, conservando su originaria ideología, por el de la Federación de Estudiantes de Venezuela. Pero no actúa. Como nos dice Oswaldo Larrazábal: "Una secreta preocupación le ata la voluntad y lo domina. Es un presentimiento todavía oscuro, de su terrible realidad: ¡siente proyectada sobre él la sombra de una garra cruel, de un destino espantoso!".

Cuando regresa a Caracas después de las vacaciones de 1911, el mal estaba declarado. Él siempre mantuvo esperanzas de curar. Pero el "mal bíblico" no conocía cura. Cruz María no podía creer en aquella fatalidad tenebrosa. Jamás se había enfermado. Es fuerte como un atleta. Tiene 1.73 m de estatura. Pesa 81 kilos. Es todo músculos sin un gramo de grasa. No se fatiga nunca. Sin embargo, decide asistir a la consulta especializada. El doctor Felipe Guevara Rojas, rector de la Universidad Central de Venezuela, toma a su cuidado al enfermo. A él le revela Cruz María que a veces sentía dolor en sus brazos y dedos. A Guevara Rojas la sintomatología le preocupa y ordena un "temperamento" que se habrá de cumplir, por dos meses, en la vecina población de Maiquetía. El dolor en los brazos y la insensibilidad en los dedos se va haciendo cada vez más manifiesta, y la preocupación general crece a cada instante. (1)

El "temperamento" en Maiquetía es aprovechado por el poeta para visitar en varias ocasiones el leprocomio de Cabo Blanco, inducido por no se sabe qué misterioso designio. El poeta nunca lo supo explicar a sus familiares y allegados, pero siempre manifestó que se interesó por la suerte de aquellos enfermos, quizá presintiendo que su mal no era otro.

Abrumado por negros presentimientos regresa definitivamente a Cumaná a principios del año 1913, después de la clausura de la universidad.

Fue la época más atormentada de su vida. La fatalidad le reservaba aún nuevos rigores. El día siguiente de su llegada muere su hermana Encarnación. ¡Tenía quince años! Era bella y dotada de sensibilidad exquisita. Cruz María llora su muerte sin consuelo, porque con ella se va parte de su alma. Meses después es asesinado en Manicuare su hermano Antonio por el Jefe civil, comisario Ángel Mejías. Esa muerte fue vengada por el pueblo. A muchos se les enjuició y persiguió. Cruz María es llevado preso a Cumaná. Un año largo sufre los rigores de los presidios de entonces.

Declarada, sin dudas, la enfermedad, la vida de Cruz María cambia en todas sus formas. Se recluye en Manicuare, en su casita, viendo pasar el tiempo y las esperanzas. Entre los años 13 y 16 hace algunos viajes a Cumaná, y a raíz de un decreto gubernamental acerca de la reclusión de los enfermos de lepra, decide espaciarlos más.

En 1920 el médico colombiano Juan Francisco Pesticott dio un diagnóstico más preciso: lepra anestésica nerviosa con neuritis cubital.

En 1925, la enfermedad ya había sido detectada y hasta hay un diagnóstico preciso. Varios médicos van de vez en cuando a Manicuare para ver al enfermo. El doctor Andrés Eloy de la Rosa le da un diagnóstico claro y definitivo. Pero le anuncia que hay un novedoso modo de curación que quiere practicar en él si lo desea.

La doctora Virginia Pereira Álvarez ordena un tratamiento a base de ampollas de heterogetílico, con el fin de agilizar el movimiento manual.

Ángel García, cubano de nacimiento y aficionado a la medicina, también fue a verlo y le puso por tratamiento baños con agua de mangle rojo y agua caliente, y resina de merey. El resultado: un desastre.

Del año 1925 rescatamos esta carta, clarificadora, publicada por Alejandro Bruzual (2):

Guarataro: 24 de octubre de 1925

Señorita

Conchita Bruzual Serra

Cumaná

Amada mía:

En mi anterior te hablé de lo mucho que sufro cuando te escribo y en otra ocasión te he hecho mención de eso mismo; pero tú, porque no lo has creído, o no sé por qué causa, te empeñas en que debo seguir sufriendo, pues no cesas de rogarme que te escriba.

Con respecto a lo que tú tratas en tu carta referente a mi enfermedad, te diré que no me someteré al tratamiento de Virginia, ni al de Benchetrit (3) (4), ni a ningún otro de los tratamientos conocidos hasta ahora, pues sé que a causa de lo inveterado de mi mal ninguno de esos medicamentos podrá curarme. Los ésteres etílicos y todos los derivados del chaulmugra (5) no dan resultado favorable cuando son aplicados a los enfermos que ya tienen mucho tiempo sufriendo del mal de lepra. Tampoco podría lograrse lo que tú deseas y crees conseguir sin gran dificultad: hacerme volver a caminar. Esto es todavía más inalcanzable que la misma curación. Así es, que espero no mandes nada de lo que te propones solicitar. He sufrido ya mucho y quiero vivir con menos dolor los pocos días de vida que me faltan…

Ya he resuelto, pues, no usar ningún tratamiento para combatir mi mal. En cuanto a mis dolores morales yo tendré fuerzas con que combatirlos hasta la hora suprema…

Mucho he lamentado tu enfermedad y siempre preguntaba cómo seguías. Debes observar las indicaciones del médico.

Bueno, amor, si Dios existe, que te ampare.

Recibe mis lágrimas.

Tu Cruz

Permítaseme hacer, de corolario, una observación sobre el único documento en contra de todas las observaciones que hemos realizado: el acta de defunción. Ante todo, es un documento sucinto, mal redactado, en que no testimonia quien fue testigo, ayudante y conocedor de los 20 años de martirio de Cruz María: su hermano Rafael Antonio; quienes testifican y quien redacta –el Jefe civil– no son especialistas y, más en lo profundo, el documento, comete error de fecha contra la partida de nacimiento que hemos publicado.

¿Puede alguien confiar en un documento con estos rasgos? ¿Es apropiada la investigación que acepta un documento en contra de muchos concordantes y consistentes de postura contraria? ¿Puede aceptarse la opinión infundamentada de alguno que acepta y felicita otra causa de muerte distinta del mal bíblico, la lepra?

 

Al final: un deseo, un ruego, una exigencia: que no se mancille más, por nada ni por nadie, la memoria del poeta Cruz María Salmerón.

 

 

(1)     Osvaldo Larrazábal. Azul de Manicuare. Caracas: UCV. P. 32.

(2)     Alejandro Bruzual (2009) Desde la otra orilla. Epistolario de Cruz Salmerón Acosta a Conchita Bruzual Serra. Caracas: CNE. P. 111.

(3)     Ibid. “Se refiere al Dr. Aaron Benchetrit, nacido en Marruecos, quien creció y vivió en Venezuela, ocupando el cargo de director de leprocomios durante estos primeros años veinte”.

(4)     Alejandro Bruzual (Ob. Cit. Pp. 111. Negrillas nuestras) no ha podido transcribir en este punto la grafía de la carta de Cruz María. Nosotros, con sumo esfuerzo, lo logramos, y obtuvimos datos interesantísimos para el estudio y comprensión de la vida y obra del poeta. La Chaulmugra es una grasa sólida que se empleaba principalmente en el tratamiento de la lepra, bajo la forma de aceites.

(5)     En los primeros tiempos se hablaba del empleo de los remedios más extraños como grasa de pantera, veneno de serpiente, orina de burro, jugos de plantas exóticas, pero quizá el más antiguo sea el aceite de chaulmoogra, pues en antiguas leyendas indias y birmanas se hablaba ya de este producto con el que se curó Rama, Rey de Benares, y su prometida. Este aceite se extrae de la semilla de un arbusto, el Hydnocarpus Whigtiana, que se encuentra en la India y también hay otras especies en África y América del Sur, como el Taraktogeno cruzi y el Calancoba Echinata. Se importó también a la China y en el siglo XVIII se utilizó en Japón. En el libro del vienés Plenck “Doctrina de morbis cutaneus”, publicado en 1776, que supuso un primer paso para la individualización de las enfermedades cutáneas como especialidad, se menciona ampliamente la lepra en el capítulo “Tumorcillos duros”. En relación al tratamiento por vía oral, habla de los mercuriales, antimonio, romero silvestre, azafrán, leche y purgantes, igualmente describe el tratamiento de las úlceras con tintura de alcibar, mirra y succino, baños sulfúreos y sales amoniacales.