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Carmelo Chillida mira la poesía desde el balcón: El lenguaje es poético por naturaleza

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Carmelo Chillida (Caracas, 1964) es autor de El sonido y el sentido (Editorial Eclepsidra), Versos caseros (Fundación para la Cultura Urbana) y ¿Un poema de amor? (Edición de autor). Es coordinador del suplemento Literales del diario Tal Cual y ejerce la docencia en la Escuela de Letras de la UCV. Desde el balcón es su cuarto título. Fue publicado por Kalathos

--La parada poética, iniciativas como Stand Up Poetry, el movimiento de los Jammings en la Terraza del Ateneo y su difusión por la radio. ¿Cómo calificarías el momento poético que vive Venezuela? --Bueno, en realidad no me parece que la salud de la literatura de un país pueda evaluarse por la cantidad de actos sino por la calidad de los libros que se escriben y se publican. Por supuesto, saludo la multiplicación de estos espacios para la cultura, pero, a fin de cuentas, la escritura es una labor solitaria.

--En el preámbulo te refieres a la "literatura no literaria" de Walt Whitman, como una suerte de brújula de tu trabajo. ¿Qué otras influencias reconoces en ti? --Creo que todo lo que uno ha leído influye en su trabajo, así como la música, las artes plásticas, el cine y, bueno, la vida en general. Mi poeta favorita es la polaca Wislawa Szymborska, que murió el año pasado. Ella me enseñó, entre otras cosas, el valor del sentido del humor en la poesía y cómo ayuda a sobrellevar el sufrimiento. También he leído mucho a otros poetas polacos de su generación. Mis fuentes están quizás en la poesía norteamericana, como por ejemplo en William Carlos Williams, en Mark Strand... En la narrativa Cervantes, Thomas Mann, Chejov. En fin, la respuesta sería interminable.

--Dices también en el preámbulo del libro, que con el tiempo la literatura o poesía se van alejando de la realidad y hay que buscar nuevas formas. ¿Cuándo acaba esa búsqueda? ¿Cuándo un poema te "suena" antipoético, por así decirlo? --Cuando logra alcanzar un lenguaje más llano y evitar los adornos "poéticos" convencionales, por ejemplo, el abuso de la metáfora, para acercarse al lector común y corriente.

--Es tu aspiración que tu poesía sea comprendida por el lector común. ¿Crees que el lector de poesía lo es? --Creo que el lector de poesía suele ser más "especializado" y que existe una fuerte tendencia a escribir "poesía para poetas", como dice Cadenas.

Mi libro anterior me dio una alegre sorpresa; recibí comentarios de algunos amigos escritores, pero el libro fue leído por muchas personas que no son lectoras de poesía y les gustó, y me lo hicieron saber con auténtica emoción. Eso fue para mí como una señal de que iba por buen camino. Quizás sea bueno recordar que, en esencia, el poeta es un ser humano que escribe para otro ser humano, algo que parece que a veces se nos olvida.

--Tu anterior poemario (2011) interrogaba al lector. ¿Es un poema de amor? También estaba estructurado en tres partes. ¿Te dice algo ese número? --No, es una estructura que surgió. Estuve escribiendo varios cuadernos de veinte poemas y luego juntaba tres y armaba un libro de sesenta, que es suficiente, para que no me fuera a pasar como con Versos caseros, que tenía 89 poemas, lo cual podría ser demasiado largo para un libro de poesía.

Lo que ocurrió con ¿Un poema de amor? es que las tres partes eran muy autobiográficas y se encadenaron solas: un divorcio, la resurrección con un nuevo amor y luego la zigzagueante rutina de la vida en pareja. Terminó siendo como una pequeña novela en versos, a lo cual contribuyó mucho el creativo diseño de mi amigo Raúl Azuaje.

--¿Te conviertes en testigo de ti mismo cuando escribes? --Sí, de mí mismo interiormente y de lo que percibo afuera, a mi alrededor.

--Si tuvieras que hablar de tu voz poética siendo otro, ¿cómo la definirías? --Trato de acercarme lo más posible al habla, al lenguaje de todos los días. No creo que haya que buscar un lenguaje "poético". El lenguaje es poético por naturaleza.

--Sobre el poemario. La primera parte pareciese un desdoblamiento de la "voz poética" y el autor, o el poeta. Una suerte de indagación sobre el sujeto que escribe, una suerte de ese otro que no eres tú.

"Testigo, el que sólo mira y registra y anota en el papel o en la memoria". --No lo había pensado, pero sí, puede haber como un desdoblamiento. De hecho, de ese personaje, el testigo, se habla en tercera persona, no en primera.

--También está presente la memoria de los afectos, en la segunda parte. ¿Qué papel juega la memoria en tu trabajo de esa búsqueda de la poesía testimonial? --Desde el balcón fue un libro escrito en el apartamento donde ahora vivo, donde antes vivieron mis abuelos maternos, que yo visitaba con frecuencia y del que guardo muy buenos recuerdos. Si miro hacia afuera miro El Ávila, pero si miro hacia dentro siento su presencia. Sin embargo, todo sucede en el tiempo presente.

La memoria no es recordar el pasado, sino algo que ocurre en el presente.

--Cierras el poemario con "El gran teatro del mundo". ¿Qué significa para ti? ¿El mundo es una inmensa representación a la manera de Shakespeare? --Quizás sí, pero nadie conoce el guión de la obra, ni siquiera si existe y, sin embargo, tiene que salir todos los días al escenario a representar cabalmente su papel.

--¿Hay alguna línea conductora entre los tres capítulos del libro? ¿Es un guiño al poeta, a la función del escritor en la sociedad, este juego de roles y representación del último capítulo? --No me lo propuse así, salió solo, como te dije, juntando cuadernitos. En todo caso esa línea conductora, si está allí, surgirá durante la lectura de cada lector individual y seguramente será diferente para cada uno.

--Finalmente: las obras no se acaban, se abandonan, como dice Valéry. ¿Un poema se abandona? ¿O "Nunca cae el telón", como reza el poema que cierra el libro? --Yo trabajo hasta que siento que he expresado lo que necesitaba expresar, luego corrijo y, si me siento satisfecho, lo guardo; si no, lo borro. Ya vendrá otro, si es que tiene que venir, si surge el impulso.