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Caracas bajo el manto de la Virgen

“Nuestra Señora de Caracas”, anónimo, ca. 1766. Colección Alcaldía del Municipio Libertador, Caracas. / Según el historiador Carlos F. Duarte 1952 el cuadro fue sometido una restauración poco acertada que modificó totalmente la capa pictórica

“Nuestra Señora de Caracas”, anónimo, ca. 1766. Colección Alcaldía del Municipio Libertador, Caracas. / Según el historiador Carlos F. Duarte 1952 el cuadro fue sometido una restauración poco acertada que modificó totalmente la capa pictórica

En siglo XVIII caraqueño contó con una protección divina y particular, la de Nuestra Señora de Caracas. Una iconografía mariana levantada sobre la ciudad de los techos rojos para cobijarla y custodiarle sus momentos de esplendor

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En Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela el cronista José de Oviedo y Baños dejó asentado las primeras notas sobre los criterios fundacionales que rodearon al nacimiento de nuestra ciudad de Caracas; con una señuela descripción en 1723 especificó que había sido levantada sobre “un hermoso valle, tan fértil como alegre, y tan ameno como deleitable”. Era un lugar de asentamiento, de clima amable –por lo tanto de suelos fértiles–; Santiago de León de Caracas era placentera hasta para el extranjero más frío y, por ende, deseada para hacer vida.

Por otra parte, nuestra historia registra a la segunda mitad del siglo XVIII como un momento en que la Provincia de Venezuela estaba saboreando esplendor: los pobladores caraqueños habían superado los estragos del funesto terremoto de 1641, se presentía un especial resurgir económico gracias al establecimiento de la Compañía Guipuzcoana y, a partir de ese intercambio comercial, el criollo estaba teniendo cada vez mayores influencias cultures de ultramar y, por supuesto, de los virreinatos.

Ese esplendor y esta ciudad ideal debían ser protegidos. Así que sus habitantes debieron encomendarse al amparo de una figura mariana magnánima que custodiara su vida, su familia, sus riquezas, su ciudad: esa figura sería Nuestra Señora de Caracas. Pero este hecho no se asienta sobre un origen azaroso, al contrario, obedeció a una Orden Real: en enero de 1766 el obispo Antonio Diez Madroñero decretó que las calles y cuadras de la ciudad colonial debían llevar nombres que refiriesen a la vida de Cristo o de la Virgen. Sus habitantes además debían escoger una patrona o un patrón para sus casas habilitando nichos donde ubicar a la imagen venerada. Así pues Nuestra Señora de Caracas –era de esperarse– fue ubicada en la cuadra donde se localizaba la Catedral. Con mayor detalle explica el historiador del arte Carlos F. Duarte: “En la esquina de la plaza, frente a la torre, se levantaba un pabellón de dos pisos en el que se alojaba el ‘cuerpo de guardia de oficiales y debajo el de soldados’, tal como figura descrito en el plano de la Plaza Mayor, de 1756, y tal como aparece en el cuadro en cuestión. En este pabellón, y según las indicaciones del cronista Arístides Rojas, se hallaba el cuadro de Nuestra Señora de Caracas, en un nicho exterior.”

La iconografía de Nuestra Señora de Caracas

La representación más antigua de la Virgen de Caracas remite a un lienzo encolado a una tabla de madera de cedro, titulado Nuestra Señora de Caracas, y que Carlos F. Duarte llegó a atribuir al maestro de pintor Juan Pedro López. Sin embargo, al no estar firmada (algo habitual en la Colonia) y no tener precisa la data de creación su autoría permanece en discusión. Pero el cuadro arroja un dato curioso y es que esta iconografía permite regresar en el tiempo sobre una Caracas borbónica bastante protegida por la intersección celestial católica. El que acá hacemos referencia ofrece la primera proyección en perspectiva de Caracas y tiene una composición directa y elocuente: la vista es panorámica y su eje central está marcado por la Catedral, en el centro vemos la Plaza Mayor y alrededor se crece la ciudad en perfectos cuadrantes obedientes al trazado de damero.

La obra la divide una línea horizontal que separa cuerpo celestial y cuerpo terrestre: los protectores suman un repertorio amplio de personajes pero vienen encabezados por la guardiana mayor. Esta hermosa Virgen de Caracas está sentada sobre una nube, que en postura apacible y con los ademanes en sus manos que connotan ser una figura divina, permite que los querubines que la rodean la coronen y la envuelvan en filacterias. A su lado izquierdo vemos a Santa Ana, patrona de la Catedral, y Santiago Apóstol, patrono de la ciudad desde que fue fundada en 1567.  A la derecha de la Virgen de Caracas vemos a Santa Rosa de Lima, Santa Rosalía de Palermo y a sus pies arcángeles, entre ellos a San Rafael.

Para muchos de nosotros no es común escuchar que se venere a la Virgen de Caracas. Comenta Duarte que fue una iconografía con poca difusión pues no se menciona en demasiados documentos. No obstante esta figura mariana es otro elemento que permite dar cuenta y hacer registro de los primeras vivencias de una Santiago León de Caracas que se añora, que cultivaba valores de crecimiento pero que, sin duda, siempre ha requerido de protecciones divinas.