• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Cacería humana: un fragmento

El caso de Norman Lewis (Inglaterra, 1908-2003) es emblemático: de reivindicar el mero placer de viajar durante sus años de juventud, pasó a encarnar la figura del viajero comprometido, testigo y denunciante de las humillaciones e injusticias presentes en distintas partes del mundo. Lo que sigue es un fragmento de la famosa crónica que escribió luego de su viaje a Paraguay, titulada “Cacería humana”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En 1972, el doctor Mark Münzel, un antropólogo que trabajaba en Paraguay, informó de la esclavización, la tortura y la masacre sistemática de los indios guayakí, con los que estaba efectuando sus estudios de campo. Los guayakí, que en el pasado habían habitado la totalidad de las selvas del este de Paraguay, habían quedado reducidos en los últimos años a varios grupos que vagaban por una región del tamaño, quizá, de Gales. Son de un interés étnico único en el sentido de que una elevada proporción de sus individuos tienen la piel clara, motivo por el cual en ocasiones se les conoce como “indios blancos”. Viven como cazadores y recolectores, y son notables poetas y compositores de poemas épicos y endechas de extraordinaria belleza.

Al igual que los indígenas de las selvas del resto de Sudamérica, los guayakí siempre han sufrido la persecución de colonos, hacendados y agricultores, pero hasta hace pocos años habían sido capaces de sobrevivir retirándose progresivamente a las profundidades de la jungla. Con la destrucción gradual de la misma y su sustitución por tierras de cultivo y ganadería, su posición se ha tornado cada vez más desesperada, y el hambre que sufren, mayor. Estos amantes de la naturaleza en todas sus formas –que de hecho abrazan y hablan a los árboles– son pacíficos, y no se tiene constancia escrita de ningún guayakí que haya disparado su arco contra un colono sin previa provocación, pero de cuando en cuando el hambre, provocada por la supresión de los animales de caza, les ha obligado a matar una vaca, con inmediatas y terribles represalias. En 1972, pues, parecía que la política oficial requería su eliminación, o “sedentarización”, trasladándolos a la fuerza desde la selva a una pequeña reserva, la Colonia Nacional Guayakí.

Esta operación fue acompañada de circunstancias atroces. Se contrataron asesinos de indígenas profesionales para que llevasen a cabo las incursiones en la jungla. En muchos casos, a los indios adultos sencillamente se les disparaba, y el sino de sus hijos era ser vendidos como esclavos a rancheros de todo el este de Paraguay, un hecho que ha sido confirmado por las crónicas de numerosos viajeros que han recorrido la región. A la prensa internacional, incluida la de este país, llegaron informes según los cuales la abundancia de niños esclavos era de hecho tan excesiva que su precio de mercado se había reducido hasta cinco dólares. Más tarde, la suma bajó a un dólar y medio. En ese momento, el doctor Münzel y su esposa trabajaban en la recopilación y traducción de poemas guayakí en las proximidades de Cecilio Báez, donde se había establecido la reserva, y ya conocían a Jesús Pereira, el administrador del campo, un cazador de hombres anciano con un récord criminal en su haber transformado en funcionario gubernamental. Pereira seguía desenfundando el arma a la menor provocación, y su método de disciplina recalcitrante para los guayakí en el campo consistía en introducirlos en una estructura de madera llamada “tronco”, en la que se dejaba a la víctima, que no podía sentarse ni permanecer de pie, al sol el tiempo que fuese necesario. Era un conocido pervertido sexual que sentía atracción por las chicas muy jóvenes. Münzel estaba en el campo en una ocasión en que llegaba una nueva tanda de indígenas capturados y afirma que Pereira le ofreció a una muchacha inmadura de unos once años, presumiblemente para comprar con ello su silencio.

A partir de esto, el doctor Münzel visitó el campo en varias ocasiones. Observó extraordinarias variaciones en el volumen de su población. Aunque entraban indígenas constantemente, el número que había en la reserva nunca superaba los doscientos. A finales de julio de 1972, había sesenta tumbas recientes, y Münzel calculó que desde marzo de ese año habían desaparecido unos setenta y cinco guayakí. También constató una gran disparidad en el sexo de los cautivos. Apenas había chicas de edades comprendidas entre los cinco años y la pubertad. Las esclavas de este grupo de edad adquirían los mejores precios en el mercado, y Münzel se vio obligado a asumir que se estaba llevando a cabo un comercio clandestino de esclavos. Todas las pruebas –no solo las de Münzel, sino también las de intelectuales y líderes de la Iglesia paraguayos que han divulgado los hechos acontecidos en la Colonia Nacional Guayakí– conducen a la conclusión de que este era un campo por medio del cual la restante población indígena del este de Paraguay estaba condenada a sucumbir a la servidumbre o al olvido.


CRÓNICAS DE VIAJE 2

Norman Lewis

Editorial Revista Altair

España, 2011