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C4 Trío y Gualberto

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Hoy en día, la música de Frank Sinatra y Tony Bennet es oída por los jóvenes norteamericanos gracias a artistas de generaciones venideras que mantuvieron su vigencia. Bono se refería a Sinatra como fuente de su inspiración en los Grammy de 1994, antes de interpretar “I got you under my skin”. Ese relevo generacional que se ve con frecuencia en otros países es, para mí, lo más importante en esa unión de nuestro Sinatra venezolano, Gualberto Ibarreto, patrimonio cultural de la Unesco, con nuestro C4 Trío.

Por eso, cuando C4 Trío se presentó por primera vez en el año 2010 con Gualberto me pareció no sólo algo novedoso, que daría mucho de qué hablar, sino una extraordinaria oportunidad para que los jóvenes que hoy se han conectado con C4 Trío también se conecten con nuestra herencia musical, interpretada por Gualberto, ese gran cantor popular que ha tenido Venezuela. Ver a C4 Trío presentarse como celebridades en los programa de Erika de la Vega y de Luis Chataing comprueba esa conexión con un público joven.

Este nuevo disco, Gualberto + C4, contiene música de Enrique Hidalgo, Luis Mariano Rivera y Aldemaro Romero, entre otros. Para los que todavía recordamos y cantamos sus canciones es una especie de descubrimiento maravilloso que ilumina nuestros corazones. En un país donde pareciera que los valores se derrumban, estos jóvenes nos inyectan una dosis de optimismo y nos hacen ver que sí hay gente que sueña con ver una Venezuela unida a través de la música.

Cuando los oí por primera vez en el año 2005, por insistencia de mi compadre Aquiles Báez, quedé sin palabras. En ese momento se hacían llamar Los Cuatro Fantásticos, algo que me pareció divertido mas no un nombre adecuado como marca. Pensé en que su originalidad musical les haría mover el piso al más impávido caraqueño que no se digne a oír música venezolana. Le dije a Aquiles: “es justo lo que necesitábamos para posicionar mejor a nuestra música”.

Desde su primer disco han sabido balancear sus composiciones musicales con su afán por interpretar música tradicional de una forma fresca y libre. En esa primera placa, además de interpretar temas propios como algunas piezas de estándar de jazz, incluyeron dos temas acompañados por Serenata Guayanesa, que también los apoyaron cuando aún no eran conocidos. Ya en su segunda producción, en el año 2009, Entre manos, consolidaron piezas propias extraordinarias como "Yari”, “Vaya pue” y “Bily”. Fue en ese momento que iniciaron un viaje, que apenas se podía proyectar, como figuras emblemáticas de la música venezolana. Ahora, al unirse con Gualberto Ibarreto en este proyecto, el grupo (integrado por tres cuatros: Edgard Ramírez, Jorge Glem y Héctor Molina y un bajo a cargo de Rodner Padilla, su más reciente integrante) ha llegado a ese clímax, que desborda la emoción y el orgullo de sentirnos venezolanos.

Me parece muy alentador para nuestro futuro musical este nuevo fervor que se ha generado por el cuatro venezolano a partir del éxito de C4 Trío. Esto se lo debemos en gran parte al maestro Cheo Hurtado, que inició el concurso La Siembra del Cuatro, con el que sacó al ruedo a un número impresionante de cuatristas. Parte de este entusiasmo lo confirmo con una anécdota reciente de Vazco Szinetar: en una de sus visitas, me comentaba que su hijo violinista de la Orquesta de Chacao estaba con muchas ganas de aprender a tocar cuatro. Si bien es cierto que ya hemos tenido figuras emblemáticas que han revolucionado la forma de tocar este instrumento, como Fredy Reyna, Hernán Gamboa, “El Pollo” Brito y el propio Cheo, ahora tenemos unos jóvenes con quien nuestra juventud se identifica muy fácilmente. Por eso celebro que en medio de tanta desesperanza se hayan convertido en modelos de músicos para nuestras futuras generaciones.