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Búsqueda de una nueva voz: la literatura de la postdictadura

Luisányela Mogollón / William Dumont

Luisányela Mogollón / William Dumont

Luisányela Mogollón es estudiante del quinto año de Letras de la UCAB. Actualmente se encuentra trabajando en su tesis sobre la novela “Ciencias morales”, de Martín Kohan

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A partir del siglo XIX y durante todo el siglo XX Latinoamérica estuvo reiteradamente bajo gobiernos autoritarios. Argentina no se escapó de este hecho, teniendo seis golpes de Estado durante el siglo pasado que desembocaron en fuertes dictaduras. La última, llamada Proceso de Reorganización Nacional, tuvo su origen en 1976 para culminar siete años después un 10 de diciembre. Durante esta época los discursos institucionales fijaron la Historia según la verdad de las cuatro juntas militares que gobernaron. Se convirtió en un adoctrinamiento que, según Foucault en El orden del discurso,  “vincula los individuos a ciertos tipos de enunciación y como consecuencia les prohíbe cualquier otro” (37). Esta situación excluyó a los discursos que estaban en contra de estos gobiernos por medio de dos procedimientos: la caracterización como falsos y la palabra prohibida (censura).

Luego de la caída del Proceso de Reorganización Nacional, la narración se volcó al testimonio, al “reclamo de justicia como el lamento trágico” como dice Celina Manzoni en Errancia y escritura en la literatura latinoamericana contemporánea. Este género se planteó la misión de no olvidar, por lo que su objetivo se encontraba enmarcado en una urgencia política. Nora Strejilevich  en El arte de no olvidar: Literatura testimonial en Chile, Argentina y Uruguay planteó que su objetivo ya no era solo la reconstrucción del pasado sino también “atrapar una memoria tal como se ilumina en un momento de peligro –o quizás atrapar una memoria tal como se opaca en el momento del horror”– (36). El deseo de retener este pasado individual en el presente a través de la narrativa limitó la ficción por mucho tiempo.

Según una de las teorías de los intelectuales de la Argentina democrática de los ochenta que buscaron una explicación a la dictadura militar, el  origen de esta fue dado por una fuerza represiva de derecha que intentó eliminar una fuerza violenta de izquierda que se encontraba en años anteriores. Esta concepción dejó al resto de la sociedad bajo un manto invisible, ajeno al problema. Esta teoría de los dos demonios expuesta por Ernesto Sabato se trasplantó a la literatura. Los discursos del Estado autoritario se escucharon durante los siete años que duraron sus gobiernos y luego de su caída, la voz que fue excluida se expresó a través del testimonio. Pero, ¿y el resto de la sociedad Argentina? ¿Dónde quedó su construcción de la realidad del pasado? Pareciera significar que la voz del hombre cotidiano no existió o peor aún: cayó en el olvido.   

Para facilitar el entendimiento del análisis de la voz es importante aclarar que definiremos los conceptos de perspectiva y punto de vista en los términos de Gérard Genette. La focalización es una restricción del campo, es decir, la  perspectiva de donde se narra. Bajo esta teoría, el narrador puede ser clasificado como focalización cero en la cual se carece de un foco; externa, que se centra en un punto ajeno a la historia y por lo tanto a los personajes; o interna, perspectiva que se centra en uno o varios  personajes. En cambio, el punto de vista se presenta como la subjetividad en la que se narra. Esta última, según Genette, puede considerarse consonante cuando el narrador se pliega totalmente a la consciencia del personaje: narra y describe desde las limitaciones temporales, espaciales, cognitivas, ideológicas y perceptuales del mismo, o disonante cuando el punto de vista del narrador y el foco no son iguales. Sin embargo, nosotros nos distanciaremos de sus propuestas teóricas para definir como voz la construcción discursiva que configuran la perspectiva y el punto de vista.

En la obra Ciencias morales, del escritor argentino Martín Kohan, la perspectiva del narrador es una focalización interna consonante. El narrador configura un mundo ficcional a través de la perspectiva y punto de vista del personaje principal: María Teresa. El lector observa desde los valores de identidad nacional, orden, jerarquía y moralidad cristiana que sustentaban la dictadura en el mundo ficcional de la obra. “En cambio a los varones, ella lo sabe, les sale una cosa rotunda hacia adelante, sin haberlo visto nunca bien lo sabe, porque lo sabe todo el mundo” (80), el recato al momento de nombrar el pene nos muestra parte de la psicología de la sociedad argentina de los setenta y ochenta. La obra usa el imaginario, entendiéndolo como lo planteaba Lezama Lima, para inscribirse dentro de la reconstrucción de un pasado. Pero ¿qué tipo de voz es utilizada en la obra? ¿Qué realidad histórica se está construyendo y a partir de cuál memoria?

La novela Ciencias morales, ganadora del Premio Herralde de 2007, narra el día a día de la preceptora María Teresa en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Su trabajo la obliga a vigilar a los estudiantes, pero la sospecha de que un alumno fuma en el baño hace que lleve las reglas de la disciplina hasta el extremo. En la obra, la voz que nos narra no pertenece a la de la víctima de las torturas sino al hombre cotidiano que se ha convertido en parte de la maquinaria de disciplina del Proceso de Reorganización Nacional: “los preceptores tienen el deber de interferir toda conducta irregular que puedan detectar en un alumno del colegio, no importa en qué lugar se cometa la falta, y hacerla saber con prontitud a las autoridades” (26).

Según el doctor en Teoría de la literatura y Literatura comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, David Antonio Muíño en su artículo “Postmodernidad y (post)dictadura. Consideraciones teóricas sobre la literatura argentina postdictatorial”; después de las dictaduras autoritarias, la literatura rechazó los discursos absolutos y se volcó hacia lo aparentemente trivial y cotidiano. Por lo que no es de extrañarse que la representación ficcional se construya desde María Teresa, el hombre común. En la obra la ruptura de la norma por llevarse al extremo, el estricto sistema disciplinario y la violencia es lo cotidiano. Por eso la violación de María Teresa a manos de su jefe el señor Biasutto y su tranquila aceptación al hecho, causa el horror en el lector, porque este no es la trasgresión a la norma sino lo cotidiano en ella.  Sin embargo la construcción de esta cotidianidad solo puede configurarse desde la memoria colectiva.

La memoria colectiva es, como dice Sara Makowski en “Entre la bruma de la memoria. Trauma, sujeto y narración”,  “una construcción intersubjetiva” (146), en donde cada memoria individual de un grupo es un punto de vista. Esto permite que en la obra aparezca como una variedad de silencios, vacíos y eufemismos que solo el lector podrá llenar y comprender porque pertenecen a un pasado común.  La construcción de la realidad del hombre cotidiano coincide con el sistema autoritario: lo que no se ve, lo que se desconoce no se nombra, no se dice, no existe. La obra nos hace observar la Argentina de 1982 desde la voz ya no excluida o prohibida sino la silenciada, la anestesiada.

En la novela de Kohan se ha dejado atrás el objetivo político, por lo que se elimina de su narrativa toda percepción recriminadora contra esta época. Lo que despoja el peso de la veracidad absoluta a la obra permitiendo mayor libertad a la ficción. Esto hace que se incursione en una forma de trasmitir el horror de la dictadura con elementos propios de la ficcionalidad.

Debido al deseo de “la verdad” que decidieron guardar los relatos testimoniales, estos se enfrascaron en un mismo sistema de estructuración retórica y dejaron un gran vacío al interesarse en hablar de sus vivencias personales en la dictadura. Este vacío lo está llenando la construcción de una memoria del hombre olvidado, del hombre común que se apegó a las normativas de los gobiernos autoritarios. 

Por fin encontramos una literatura de la postdictadura que no tiene interés en entregar informes testimoniales. La nueva novela de la postdictadura busca narrar desde una voz que se aleja de la tradicional víctima, para aproximarse al horror habitual. El terror de la dictadura se narra desde lo cotidiano, desde los silencios de la voz, desde una memoria que no retiene un pasado individual sino uno que va hacia lo colectivo. Pareciera que la obra Ciencias morales quiere gritar que el horror no son las atrocidades de la dictadura, sino la normalización de ellas.

 

REFERENCIAS

Foucault, Michel. El orden del discurso. Barcelona: Tusquets Editores,1980.

Kohan, Martín. Ciencias Morales. Barcelona: Anagrama, 2007.

Makowski, Sara. “Entre la bruma de la memoria. Trauma, sujeto y narración”

en: Perfiles Latinoamericanos. Diciembre 2002: 143-157.

Manzoni, Celina. Errancia y escritura en la literatura latinoamericana contemporánea. España: Alcalá Grupo Editores, 2009.

Muíño, David A. “Postmodernidad y (post)dictadura. Consideraciones teóricas sobre la literatura argentina postdictatorial” en: Impossibilia. Abril 2012: 150-163.