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Bartolomé de las Casas en Cumaná

Bartolomé de las Casas

Bartolomé de las Casas

Había firmado capitulación con la corona el 19 de mayo de 1520. En ella se comprometía a evangelizar la franja costera que iba de Paria a Santa Marta

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La llegada de los dominicos y los franciscanos a oriente (Circa, 1521) se hizo sin que mediara una ocupación armada, sino en son de paz. No obstante, el intento terminó mal, ya que unos corsarios españoles de Santo Domingo se llevaron inconsultamente a 17 indígenas, y los que quedaron en tierra reclamaron sin respuesta por su gente, hasta que terminaron por ejecutar a los frailes en venganza por la desaparición de los suyos. De modo que estamos ante una contradicción flagrante: los religiosos evangelizando pacíficamente y los corsarios de La Española esclavizando a los indígenas. 

Fue en este contexto adverso que llegó Bartolomé de las Casas a Cumaná, en agosto de 1521. Había firmado capitulación con la corona el 19 de mayo de 1520. En ella se comprometía a evangelizar la franja costera que iba de Paria a Santa Marta, fundar tres ciudades y permitir el tráfico de otros españoles por el territorio. No obstante su proyecto, al llegar a La Española se entera de los hechos bélicos protagonizados por los indígenas en resistencia a los desmanes y, entonces, comprende que la pacificación deberá ser acompañada por las armas. Desde Santo Domingo parte también Gonzalo de Ocampo al frente de un contingente de hombres que entran a sangre y fuego a reducir a los indígenas insurrectos. De nuevo las contradicciones: De las Casas buscando evangelizar pacíficamente y Ocampo sometiendo por las armas, instaurando el terror.

No fue mucho lo que pudo hacer De las Casas en Cumaná en semejante ambiente. Estuvo allí cinco meses y regresó a Santo Domingo, estremecido y en silencio. Entonces ingresó en la orden de los dominicos, en 1523, y permaneció en meditación silenciosa hasta 1527, cuando comenzó a escribir su obra indispensable, Historia de las Indias, concluida en 1552. La vida del religioso es todo un acontecimiento histórico. Vivió 92 años y logró escribir una obra de grandes proporciones e importancia. Se le considera, con razón, el adalid de los indígenas. En este sentido, en 1542 le dirige a Carlos V un memorial intitulado Brevísima relación de la destrucción de las indias, texto que ha pasado a la posteridad como una prueba irrefutable de los excesos cometidos por España en el proceso de conquista del territorio americano. Por supuesto, el horror relatado por De las Casas no fue lo único que hicieron los españoles en América, de hecho, que haya sido un fraile dominico sevillano el que defienda a los indígenas de la codicia de sus paisanos habla muy bien de la propia España. Más aún, a partir del memorial lascasiano Carlos V cayó en cuenta de la situación y asumió el tema con interés y mandó a redactar Las leyes nuevas de 1542 que, por cierto, no complacieron del todo a De las Casas.

El punto culminante de las batallas conceptuales y éticas del dominico tuvo lugar cuando se reunió la llamada Junta de Valladolid, entre 1550 y 1551, y ocurrió el debate entre De las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda. El primero consideraba que la única esclavitud posible era la que resultaba de “las guerras justas” y la que dieron los españoles en América en contra de los indígenas, no lo era. El segundo pensaba que la corona tenía todo el derecho de someter tutelarmente a los indígenas para evangelizarlos por la fuerza, si fuese necesario. Por su parte, De las Casas seguía a Francisco de Vitoria y su Escuela de Salamanca, proclive a la defensa de los derechos de la libertad y la propiedad del individuo. Los indígenas, por otra parte, eran considerados individuos desde que la Bula Papal de 1537 despejaba dudas sobre su racionalidad y sus derechos consecuenciales.

Algunos piensan que el debate se inclinó a favor de uno o de otro, pero más bien pareciera que no hubo un pronunciamiento que arrojara la proclamación de un vencedor y un vencido. Lo cierto fue que a partir de entonces la relación con los indígenas comenzó a hacerse más pacífica y a buscar mecanismos de integración de estos a la sociedad colonial. De lo contrario la corona no contaría con muchos súbditos en América, y tampoco mano de obra, ni tributaria.

Finalmente, De las Casas no se opuso a la esclavitud de los africanos como lo hizo con la de los indígenas, ya que los consideraba más fuertes para el trabajo. No obstante, al constatar que los esclavos africanos morían por los excesos infligidos por sus amos, también se opuso a ella. Don Bartolomé es uno de los personajes paradigmáticos de este período y se comprende que se le tenga como un emblema de la defensa de los Derechos Humanos. Lo fue.