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Azul y Rojo, Rojo y Azul

“Rojo y Azul” de Mireya Tabuas

“Rojo y Azul” de Mireya Tabuas

“Camelia ediciones ganó ‘Los Mejores’, un merecido reconocimiento a la perseverancia y visión de sus editores al publicar el excelente texto de Mireya Tabuas, con color de Patricia Van Dalen y formas gráficas de Ricardo Báez”

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a María Angélica y Javier

 

He estado por contarte que el otro día salí a trotar bajo la lluvia. No era un aguacero, ni un chubasco, ni una guruita. Una lluvia, pues, templada, sostenida y constante. Vestía una chaqueta impermeable azul y en la cabeza llevaba un gorrito rojo. El gorrito lucía simpático, y además se supone me protegía. Sin embargo, al compás de mis pisadas, veía como las gotas de agua se colaban por sus rebordes, cual llanto insistente, persistente, inacabable. Un pozo de tristeza se vertía sobre mi cabeza, y recordé, ¿cómo fue que alguna vez leí de Nelson Rivera? “País es lo que permanece. Lo que finalmente se espera. Lo que, de alguna manera, se asocia al porvenir. A lo por venir. Es un amor letra a letra. Amor con lágrimas y palabras de despecho. Amor de soledades y llamados. Amor más duradero que cualquier embate. Más fuerte que todo deterioro. Porque País es un dolor. Un dolor que salva.”

Hace pocos días anunciaron en el Banco del Libro los títulos infantiles ganadores para el 2014. Rojo y Azul, de Camelia ediciones ganó “Los Mejores”, un merecido reconocimiento a la perseverancia y visión de sus editores al publicar el excelente texto de Mireya Tabuas, con color de Patricia Van Dalen y formas gráficas de Ricardo Báez. La historia comienza: “A mi mamá le gusta el azul. A mi papá el rojo.” Es un cuento sencillo y profundo sobre las diferencias y la búsqueda de convergencia.

¿Cómo lograr vivir juntos? Ya de por sí, es laborioso y complejo la convivencia entre los múltiples aspectos de uno mismo. Para acompasar nuestras propias divergencias, contradicciones, hace falta tiempo de soledad, tiempo de “uno con uno”. De igual forma, Aristóteles decía que para el “estar juntos” en sociedad era necesario un espacio y un tiempo dedicado a discutir sobre ello. La extinta ágora para intercambiar ideas sobre la polis, ¿serán ahora los centros comerciales o las largas colas frente a las puertas de los comercios? Para lograr ese “vivir juntos”, Hannah Arendt aboga por la necesidad de “inventar un futuro”, por concebir, delinear, el mañana dejando atrás las tradiciones de ayer que nos separan. A pesar de las oposiciones, la única forma de con-vivir es perseguir un futuro en conjunto. Al proyectar un horizonte político común se relativizan las ideas fijas que nos diferencian. En el fondo, aquello que nos mantiene unidos –en la pugna– es lo que no tenemos, aquello de lo cual carecemos. Compartimos un espacio vacío: sin una meta común.

El ser humano es el único animal que necesita de otro para aprehender su humanidad. Un pollito recién nacido ya sabe intrínsecamente cómo “ser pollito”. Sin embargo, un bebé necesita de otro ser humano para aprender-se, su devenir “humano” comienza en el espejo de otro de su misma especie. Así aprendemos a verbalizar, a comunicar, a relacionarnos. Quizá no siempre exista deseo de “un vivir juntos”, tampoco es una cuestión de imponer la voluntad, pero es inevitable. El interés humano nos empuja –por necesidad– a aprender a vivir juntos, y a través de ello a un “crecimiento, mejoramiento, transformación” de nuestra propia humanidad. Es el contacto con el otro lo que nos impulsa, nos desarrolla, nos muestra aspectos de nosotros mismos, subraya afinidades o detona antagonismos, sirve de espejo en las similitudes y las diferencias, llama a la transformación, propulsa, en parte, nuestro devenir. Acoger de manera bondadosa la multiplicidad en nosotros mismos abre el espíritu y la actitud para intentar el “vivir juntos” más allá de simplemente sumar al otro, o atraer al otro a nuestro bando. Se trata de intentar soltar las certezas de las convicciones, dejar de lado la identidad fija, desprenderse de las verdades del pasado, crear espacio para la duda, a fin de que exista una posibilidad real de escucha, de intercambio. Para que pueda aflorar algo nuevo más allá de la suma de las partes.

¿Será posible fundar un proyecto de futuro sin el “quítate tú para ponerme yo”? Un “ahora es mi turno” que no se alimente visceralmente de rabia, complejos y odio. Leí hace poco una entrevista publicada en El País, realizada por Pablo Guimón a Owen Jones “una de las voces más influyentes de la izquierda británica”. Cuando le preguntan ¿se puede combatir a ese establishment desde la política?, el joven Jones contesta: “El debate político está hoy en los matices y no en los contrastes radicales.” Te invito a leer el libro Azul y Rojo. Es una niña, esa semilla que ansía futuro, quien propone su respuesta. Por mi parte, volveré a salir a caminar en un día de sol. No habrá chaqueta impermeable ni gorrito, no habrá gotas de agua, cesará el llanto. Me pondré una media azul y otra roja para no olvidar que a fin de desplazarme, sin brincos ni sobresaltos, a un ritmo pausado y a largo plazo, necesito ambos pies.