• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Auge y multiplicación de la mentira

Franca D’Agostini / Foto Cortesía

Franca D’Agostini / Foto Cortesía

La filósofa italiana Franca D’Agostini (1952) explora el estatuto de la mentira en nuestro tiempo, desde la perspectiva de la verdad

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La verdad está en declive. La erosión que experimenta tiene origen en el exceso: es tanto lo que se afirma, lo que se informa, lo que se comunica, que las verdades desaparecen tragadas por el torrente. Ese torrente, en lo fundamental, está conformado por formas de mentiras: ocultamientos, engaños, medias verdades, afirmaciones incompletas, errores, falsos criterios, especulaciones, reduccionismos, citas fuera de su contexto, distorsiones en la percepción, conclusiones obtenidas a partir de precarios ejercicios de sospecha. La mentira, analizada por Franca D’Agostini desde el concepto de la verdad, puede definirse como lo no-verdadero: prementira, mentira simple, metamentira, evidencia suprimida, imprecisión y mucho más. La capacidad de la mentira para mutar y adquirir formas y ropajes distintos, nos propone una escena: la de la evidente asimetría entre la mentira profusa y la verdad escasa, arropada. La mentira se multiplica, la verdad se arrincona. Ya lo sabemos: quien repite una mentira hasta la saciedad, terminará imponiéndola como “verdad”.

Franca D’Agostini evalúa las dificultades de la verdad para encarar el auge de la mentira: la verdad existe bajo un estatuto de invisibilidad. “Verdadero es una propiedad invisible, inaferrable, no mensurable”. A menudo, la verdad son palabras (incorpóreas) que luchan por expresar lo corpóreo. Esa invisibilidad es una ventaja para la mentira, como lo es que la verdad exige completitud. La verdad se reclama como entera. Presentada de forma fragmentaria o parcial, no lo es o no lo es del todo: puede sumarse al caudal de las mentiras. La verdad dicha medias es una “mentira sin mentira”. La noción de realidad y, de modo más específico, el debate sobre la capacidad humana para reconocer y comprender la realidad, golpean la idea de la verdad: si se acepta que hay distintas percepciones sobre un mismo hecho, que toda realidad es una construcción mental, la verdad aparece como imposible o como una mera ilusión de los sentidos, o como pura provisionalidad. En tanto que no hay una realidad, tampoco hay una verdad. La fragilidad que es característica de la verdad, su propagado relativismo, genera brechas, oportunidades para la construcción de mentiras.

 

Mentira y democracia

La mentira no solo arrolla a la verdad, también a la Democracia. Mientras la verdad permanece atada a su contenido (a sus enunciados), la mentira tiene un vasto catálogo de opciones: se puede mentir sobre los acontecimientos, las personas, los objetos y las propiedades de la realidad; se puede mentir sobre las creencias, las emociones y las intenciones; se pueden distorsionar los conceptos, el lenguaje, las palabras y los vínculos que relacionan las palabras con los hechos. Cuestiones necesarias como el pensamiento sobre veracidad, verídico, sincero, verdadero, genuino, auténtico, transparente y otras conceptualizaciones, han contribuido a relativizar el estatuto, el reconocimiento de la verdad. Abundan las estrategias de la mentira: someter la verdad a criterios de gradualidad o de neutralidad (que los hechos no son verdaderos ni falsos). “La democracia se degrada cuando aparecen los falsificadores, simuladores de la verdad”.

 

Variaciones de la mentira

Cita la autora a Simone Dietz, quien señala que un tercio de nuestras transacciones lingüísticas son, “en mayor o menor medida, indiscutiblemente mentirosas”. Semejante a las variantes con que se asocia la cuestión de la verdad, están las de la mentira: D’Agostini desgrana las variantes: falsedad y mentira se diferencian porque se puede ejecutar un engaño ordenando enunciados verdaderos y, esto resulta paradójico, se puede conocer o mostrar la verdad diciendo falsedades. Se miente cuando se hace creer a otro lo que el emisor no cree. Hay una brecha entre creencia, simular una creencia e intención. La mentira, y esto es esencial, cumple con un requisito: es consciente. Quien engaña sin consciencia no engaña. La intención cumple un papel determinante.

La mentira puede visualizarse como la ruptura de correspondencia entre lo que se dice y se cree, lo que se dice y se hace, lo que se dice y lo que ocurrió. La simulación o el fingimiento (como las gentilezas que son requisitos de los intercambios sociales), no son opuestos a lo verdadero sino a lo auténtico. La manipulación se caracteriza porque se propone generar una determinada actuación o influir en la conducta de los demás.

Existen mentiras terapéuticas, defensivas (la que un secuestrado le dice a un secuestrador), benefactoras o mentiras extremas que destruyen el conocimiento. La trama, rica y compleja, entre mentira y creación (la producción artística como promotora de otras realidades), es otro ámbito que compete al tema. Comenta D’Agostini, a propósito de la llamada mentida piadosa, que no hay mentira que pueda justificarse. Lo que es piadoso es la estrategia, que puede ser “parcialmente perdonable”, evaluada a partir de sus causas y consecuencias. La autora también interroga por la actuación de los profesionales del derecho y los asesores de imagen, que silencian los errores o defectos y destacan las virtudes o los beneficios de sus clientes.

Una de las cuestiones raigales nos remite a “la mentira sin mentira y sin huella”, que era el objetivo de la Solución Final implementada por Hitler y los nazis, que nunca documentó su decisión de liquidar al pueblo judío. Ese es el marco que permite pensar en la práctica del negacionismo, que es el modo de matar al que ya ha sido asesinado: matar su memoria, como todavía hacen hoy las autoridades de Turquía con el genocidio del pueblo armenio, que se inició justo hace un siglo.

 

El poder miente

“Puede definirse como prementira la construcción de una realidad ficticia, lo fingido, sobre la cual luego hacer actuar lo falso, que será considerado verdad”. Por lo general, la prementira se acomoda en los prejuicios ya existentes. Simplificar, polarizar, proyectar: tales son los procedimientos de la prementira, que se potencian cuando apelan a la tensión miedo-esperanza. Esa prementira es la base de la mentira ambiental, la versión distorsionada de la realidad, que es siempre el instrumento que el poder utiliza para crear conflictos. La mentira organizada es la base que conduce al conflicto ‘falsificado’. Complots, conspiraciones y traiciones, que son fabricaciones características de los regímenes totalitarios, se constituyen en la plataforma que conduce a la violación de los derechos humanos, a la deshumanización de los adversarios, a su eliminación a partir de un programa de mentiras que desemboca en una lógica donde la mentira se alimenta y crece solo de otras mentiras.

 

Mentira

Franca D’Agostini

Adriana Hidalgo Editora

Argentina, 2014.