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“Aposté por la familia y gané”. Cruz Diez se embarca en “Dazzle ship”, su primer barco cinético

El maestro Carlos Cruz-Diez transformó el Edmund Gardner ship, histórico barco, en una pieza elocuente del cinetismo a propósito del centenario de la Primera Guerra Mundial / Fotografía Andreína Mujica

El maestro Carlos Cruz-Diez transformó el Edmund Gardner ship, histórico barco, en una pieza elocuente del cinetismo a propósito del centenario de la Primera Guerra Mundial / Fotografía Andreína Mujica

La periodista y fotógrafa asentada en París, Andreína Mujica, dedica este ensayo a la obra del maestro Carlos Cruz-Diez. El proyecto emprendido este 2014 en Liverpool, “Inducción cromática en el Edmund Gardner ship ”, refleja sus pasiones: el cinestismo y su familia

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Valores humanos

Carlitos, Jorge y Adriana crecieron en un movimiento intenso, con un padre  empeñado en descubrir nuevos mundos de color, mundos que otros no verían hasta entrado el siglo XXI. El nuevo siglo hizo de la carrera de Carlos Cruz Diez el crecimiento de cincuenta años de trabajo, de tres o cuatro exposiciones por año pasó a setenta en 2014.

Fotografía de Andreína Mujica

Está vez sería Mariana Cruz Delgado –su segunda nieta por parte de Carlos y Silviana–, joven diseñadora de moda que habla inglés, francés, japonés y español, con la capacidad de una traductora simultanéa  experimentada, quien se embarcaría en el viaje a Liverpool: sin perder palabra dicha, vuelve y pregunta a cada periodista, fanático o funcionario si hay otra cosa que deseen preguntar al abuelo. Su parecido con una manga japonesa no es casual: Marianita desde muy pequeña amó la cultura nipona y la sigue estudiando sin descanso. Nadie pregunta quién se encargará de ser traductora en los viajes a Japón, la figura de Mariana se mueve del continente europeo al asiático como si de una fisicromia  estuviésemos hablando.

Lo que no existe lo inventa

Para la curadora de la Bienal de Liverpool,  Sally Tallant, el gran reto era encontrar a un artista con una trayectoria lo suficientemente enorme como para representar el plato fuerte de la Bienal. Desde el año 2006, en Islandia, cuando conoció el trabajo de Cruz Diez  quedó convencida que tenían que trabajar juntos porque el maestro posee las cualidades necesarias para ser ese plato fuerte: cumple con todas las características indispensables para un reto como éste, y lo más importante, acepta retos, todos los retos. Si no existe la herramienta para hacer realidad un proyecto, él la inventa.

Sally Tallan, curadora de la Bienal de Liverpool / Fotografía de Andreína Mujica

Con un orden frenético en sus herramientas, el maestro no permite que algo esté fuera de sitio en el atelier, es así como si un alicate o prensa no aparece en el taller es que no ha sido creado, así que le tocará a él crearla.

Los nietos se han ido involucrando en los talleres. Los de Paris y Panamá son dirigidos por sus dos hijos mayores, mientras Adriana, diseñadora gráfica, continua su trabajo desde Paris.

El maestro afirma que en los inicios de su matrimonio y de su carrera la gente solía advertirle: “Manten a la familia al margen de tu trabajo, no es bueno mezclar todo’. Yo aposté y gané”. Un genio que mantiene el cien por ciento de su tiempo inmerso en la investigación de un mundo cinético no podría separar una pasión de la otra. Y en él sólo hay dos grandes pasiones: su familia y el cinetismo.

Inducción cromática en el Edmund Gardner ship, Liverpool, 2014

Fotografía Andreína Mujica

Todos han estado embarcados en este enorme proyecto –coordinado por Carlitos desde el atelier de Paris–, Noel Teale desde Londres y el resto del equipo hacen seguimiento a cada raya hecha sobre el viejo barco de la Primera Guerra Mundial, el Edmund Gardner.

Cinco de los  pintores seleccionados para pintar el barco firman junto al maestro la obra y comentan entre ellos que les gustaría seguir pintando barcos como éste: “Comprendará que algo como esto lo mantiene a uno apasionado, y luego de conocer al maestro nos gustaría sólo pintar barcos como éste”.

Carlos Cruz Diez bromea con los pintores, conversa con uno de los antiguos capitanes de la embarcación que se acercó a saludar, recibe con agrado las indicaciones de los fotógrafos, al punto de convertir la sesión en una suerte de risas cómplices cuando eleva las manos al cielo mientras hace gestos de un joven adolescente, y es que Cruz Diez a sus tempranos noventa rie y bromea como si arrancase el debut de sus primeros veinte.