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Sería deseable que Venezuela contara con empresas culturales de verdad, es decir, no dependientes del Estado

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Hay suplementos culturales que miman la mano que les da de comer, y otros que se valen de ella para estrechar la de los lectores. La mayoría de los de la prensa mainstream en países dotados de una sólida industria de bienes culturales, de un modo u otro promueven los productos de la empresa que los financia o con la que interesa entrar o seguir en connivencia. Un ejemplo claro es Babelia, el suplemento cultural de El País.

Veintidós años cumplirá en octubre publicando artículos de fondo, entrevistas y dossiers de interés variable y buena factura, y sobre todo convenciendo al lector de que compre determinados libros con sus reseñas de novedades. Entre estas, las de los sellos agrupados en Santillana casi siempre las reciben laudatorias. Como no puede ser de otro modo, ya que El País y Santillana comparten dueño e intereses: los del grupo Prisa.

Lo de que un suplemento cultural de la prensa escrita quiera estrechar la mano del lector antes que cebar la de su dueño es también metáfora, claro. El periodismo cultural, el periodismo a secas, no es una ONG. Menos mal. Y desde luego no hay periodismo sin agenda, o sin línea editorial. Pero el hecho es que cuando los intereses empresariales no son los que priman –y por lo general esto sucede en países sin empresas culturales robustas–, es fácil la ilusión de un acercamiento al lector.

Sería deseable que Venezuela contara con empresas culturales de verdad, es decir, no dependientes del Estado o meras coartadas fiscales para empresas privadas no culturales, pero hay que reconocer que en este contexto, esa ilusión, más convincente cuanto que huérfanos los suplementos de poderosos padrinos, la prensa venezolana se ha empeñado en hacerla realidad.

Eso sí, también hay que reconocer que la manía venezolana de nada conservar del pasado que no sea lucrativo, ni siquiera un recuerdo, devuelve esa “ilusión hecha realidad” a la provincia de lo irrelevante. ¿Quién recuerda hoy que Últimas Noticias tuvo un gran suplemento dirigido por Nelson Luis Martínez? ¿Que Pablo Antillano y Nelson Rivera dieron Lectores al Diario de Caracas? ¿Que las páginas de arte de El Universal tuvieron de guía a Sofía Imber, y que una de sus alumnas más brillantes, Patricia Guzmán, llevó Verbigracia en ese diario? Y hoy que han desaparecido estos espacios, ¿por qué nadie los digitaliza y los pone en línea?

En cuanto al más longevo, a este Papel Literario que tiene la paciencia de acoger mis notas, además de desearle otros 70 años de sanas ilusiones hechas realidad, el mejor regalo de cumpleaños que podrían recibir él y sus lectores sería ponerse de una buena vez en línea. Una versión digital, con unos cuantos blogs añadidos, le garantizaría eso tan fundamental que es la trazabilidad de sus contenidos. Que mientras el Papel siga casi todo él siendo de papel, podrá cumplir 100 años, pero ello acontecerá, invisible y solitario, en el siglo pasado.