• Caracas (Venezuela)

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Amantes letales nos golpea como un derechazo de Mike Tyson

Eloi Yague / Archivo - Manuel Sardá

Eloi Yague / Archivo - Manuel Sardá

Eloi Yague pone frente a nosotros un espejo de la Caracas subterránea, escondida pero real, en la que los linderos de lo lícito, caminando sobre el finísimo filo de una amolada navaja, son trasgredidos por las miserias humanas: ¿quién cae en la trampa?   

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Caracas tiene aspavientos de ciudad-ciudad, y no sólo porque vivan en ella millones de ciudadanos “anónimos y desterrados en el ruidoso tumulto callejero”, como dice Serrat en una canción, o porque haya tránsito congestionado en sus calles y avenidas o porque en ella se cometan crímenes abominables a cada hora. Caracas es una ciudad-ciudad porque en sus entrañas también hay centros nocturnos de dulce vida y de ríos subterráneos de falsas existencias como el club Sherezade, ese lugar maldito donde a Andrea Lina Miranda se le enmarañó la vida.

No sabemos si Eloi Yague conoce el Sherezade, pero al leer Amantes letales, ficción y realidad se yuxtaponen, se entreveran, se confunden en una amasijo de pequeñas y distorsionantes historias que casi llegamos a detestar luego del enamoramiento contrariado de Marvin Caripe y Araira del Carmen (o “Vanessa”); o, principalmente, en la seducción lésbica de Lucrecia a Andrea Lina, en la “confusión de carmines” que deviene en la debacle de la psicóloga.

Pero sí. Desde el Sherezade comenzamos a sentir la inquietud del suspense que le leímos a Yague en Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela, ese aroma a que algo grande va a pasar, ese tamborileo del corazón que no se calma sino en la línea final. Por ese morbo es que leemos y queremos seguir leyendo Amantes letales, y en su andadura, atrapados en el destino de sus personajes, ya no habrá amores de contracorriente que nos hagan desistir.

¿Qué sortilegio ejercen la pugnacidad humana y el deseo de hacer peligrar en el lector el apego a los textos de Yague? ¿Que lo impulsa a desembocar en la aventura de su concepción novelística? Amantes letales lucha entre las corrientes de dos aguas: el suspenso por el suspenso mismo y la indagación en la condición de los personajes a través de los valores de la psicología, convertida en procaz por causa de las “pastillitas azules” (citrato de sildenafil), que son el comienzo y el fin de la erección de Caripe y de la trama. Parafilias, frotismo, sadomasoquismo, dendrofilia, exhibicionismo, bestialismo; terminología usada por el autor desde la visión de Andrea Lina Miranda para hurgar en el adentro de las tendencias sexuales y enfermizas de la gente. Cada quién tiene la suya, debilidades secretas o skeleton on the closet.

Todos estos desvíos son usados por Yague en camino hacia el peso real de la temática: un detective en dificultades con su conducta personal por el alcoholismo y por su amor imposible, Caripe; un desvío de la condición humana, Miranda; y el Sherezade como centro legal-ilegal de operaciones. En ese lugar Caripe y Andrea Lina viven su esplendor y su miseria, kitsch inevitable de sus comportamientos. No hay risas, no hay concesiones: sólo caminos que no van a ningún lado.

Novela negra en todas sus manifestaciones, con arrebatos irredentos y personajes oscuros, con pocas virtudes y demasiadas caídas. Novela policial, también, y es ese su perfil más importante: la dualidad entre dos géneros, el ir y venir entre las dos alas que le dan vuelo a la novela. La prosa de Yague no compite por el trofeo de la metáfora y los sentidos figurados; es, sí, un transcurrir reflexivo para que nos miremos en el espejo de las bajas pasiones. 

Las escenas angustiantes de disparos, muertes y capturas no faltan, como corolario del desmoronamiento del club y la pandilla criminal que la maneja. A esa red fue a parar Andrea Lina, y aunque el autor trata de desatar los misterios del libro, hay cabos sueltos, seguramente intencionadamente. Miranda piensa que su locura con Lucrecia es por la burundanga en su bebida, pero ¿quién sabe?

Todo termina bien y mal en esta novela imprescindible en la autoría venezolana actual. No podíamos esperar final con beso, porque mucha habría sido la decepción. Caripe y Andrea Lina sobreviven en un océano de sangre y fracasos, y aquí se abren los caminos vitales: ¿es bueno acabar así? ¿Es virtuoso tener ese the end?

 

FICHA DEL LIBRO

Amante letales

Eloi Yague

Ediciones B

Caracas, 2012