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Alice Miller: el drama de una superviviente

“El auténtico ‘drama del niño dotado’. La tragedia de Alice Miller”

“El auténtico ‘drama del niño dotado’. La tragedia de Alice Miller”

“Martin Miller narra su dolorosa lucha: la de entender por qué la relación con su madre fue, desde siempre, hostil y virulenta”

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Descarnado. La palabra es ‘descarnado’. Martín Miller, rara vez apela al uso de algún eufemismo. Es lo que uno intuye. Su lógica, la exigencia que se impuso a sí mismo, es la de la verdad. Su modo de entender la verdad profunda de la relación entre él y su madre. Una frase que encontré en un breve comentario, me estimuló a comprar este libro. Se decía allí que el texto de Miller contiene “verdades excesivas”. Extraña frase. O paradójica. O desesperada: que la verdad deba atenerse a una medida, porque al excederla, al sobrepasar la dosis permitida, ella podría resultar intolerable. O extrema. O indigesta. O agobiante.

Lo otra advertencia contenida en la misma reseña, decía que ciertas verdades, cuando hablan de la interioridad de una familia, quizás no deberían ventilarse más allá de ella. O ventilarse con el mayor escrúpulo (Chesterton escribió que la única manera de hablar de los demás, era tratarles como si fuesen la propia familia).  

Confesaré aquí que hubo páginas donde cada palabra era como una punzada: el sicoterapeuta Martin Miller, hijo de Alice Miller (la autora de El drama del niño dotado y de El cuerpo nunca miente) narra su dolorosa lucha: la de entender por qué la relación con su madre fue, desde siempre, hostil y virulenta. Martin Miller es el hijo rechazado por su madre. Ya de adulto, el vínculo entre ambos alcanza una condición de irremediable. Durante muchos años, la comunicación entre ambos no solo queda rota, sino bajo una presunción todavía peor: el conocimiento por parte de Martin, de que su madre ha actuado para causarle daño y torpedear su actividad profesional. Habla de tortura corporal y espiritual. Tras muchos años de mutismo y resentimiento, Martin Miller decide investigar, comprender. Y es así como su búsqueda lo conduce hasta el período entre 1939 y 1945, los años en que su madre debió cambiar su identidad y forjarse una personalidad mineral, como único recurso para salvar su vida de la persecución de los nazis (“Hoy estoy convencido de que el motivo por el que Alice Miller no fue capaz de ser una madre cariñosa conmigo se encuentra en el trauma encapsulado de los años de persecución que vivió entre 1939 y 1945”).

El trauma de la sobreviviente

El auténtico “drama del niño dotado”. La tragedia de Alice Miller (Tusquets Editores, España, 2015) supera prohibiciones expresas o tácitas, como la de preguntar por los años de juventud de su madre, por el carácter de la relación entre sus padres o por la condición judía de la familia de Alice. El libro es revelador  y doloroso en todas sus esquinas. Martin descubre en su madre a una niña a quien resultaba asfixiante los dictados de su cultura familiar (la mayoría de sus miembros fueron masacrados en el gueto de Varsovia). Alicia nació en enero de 1923 y, desde muy pequeña, mostró un carácter marcado por la complejidad. Era inteligente y arrogante. Sus relaciones familiares, marcadas por las tensiones. No aprendía: tragaba el mundo a su alrededor. Fue una solitaria, que enumeraba largas listas de reproches a sus padres.

La falsa identidad que adoptó para salvar su vida, estableció las bases de una serie de imprecisiones o mentiras biográficas que fueron acumulándose a lo largo de su vida, y que ella nunca corrigió ni aclaró. Martin Miller nos muestra a una madre que ocultaba su vida, que borraba los rastros de su biografía, que alimentaba los malentendidos, que sembraba falsas pistas, que además de cambiar su nombre se hizo bautizar en la religión católica. Eso le permitió escapar del gueto de Piotrkow; más adelante escapar de Varsovia; hasta que, tras muchos avatares se casó con Andreas Miller en 1945, católico, autoritario y antisemita, con quien se estableció en Suiza, lo que originó una pareja cargada de luchas y mutuos odios. El padre de Martin, también una persona que portaba el trauma de la guerra, era un hombre violento que golpeaba a su hijo. En 1974, tras separarse de su esposo y superar un cáncer, Alice Miller comenzó a escribir la trilogía que la haría mundialmente famosa, el hilo de su denuncia de la “pedagogía negra”.

El drama del niño dotado fue publicado en 1979 y tiene como tema el sufrimiento causado por la obligación de adaptarse al mundo, lo cual equivale a negarse a sí mismas (sobra señalar la corriente autobiográfica que contiene este texto). Al año siguiente circuló Por tu propio bien, en el que desmontaba las ideologías pedagógicas como fuente de padecimientos síquicos. En 1981, dio un paso más en la misma senda, con un tercer libro, No debes darte cuenta, que se introduce en un asunto verdaderamente espinoso: “el comportamiento dañino de la persona a la que no se permite advertir el sufrimiento que le han causado sus padres”.

Por momentos, debo señalarlo aquí, sentí que el ensayo de Martin Miller bordeaba el abismo de la venganza: denunciar a la madre que tantos sufrimientos le causó. Pero, me parece, mi sensación es que logra ir más allá de eso. Logra establecer algunas reveladoras pistas de las dos caras de su madre, como cuando contrasta la ligereza y claridad de su pensamiento escrito (que es lo que le prodigó millones de lectores  sus libros), con el estado de tensión, agresividad e introversión que la apresaba en su vida cotidiana.

Martin Miller escribe: “El poder que tenían sobre ella los traumas de la guerra era enorme: en sus ojos yo me convertí en su acosador, en su agresor, en una figura de la segunda guerra mundial, y en su estado de ceguera mi madre se olvidó  de que yo era su hijo”. La memoria de Miller interesa no solo por quién fue su madre, sino también por la perspectiva que nos compete a todos, sobre el modo cómo la persecución de los nazis todavía sigue presente en el mundo.