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Alfredo Cortina: lo enigmático se hace cotidiano

Vasco Szinetar es el curador de la exhibición junto con Ariel Jiménez | Foto Manuel Sardá

Vasco Szinetar es el curador de la exhibición junto con Ariel Jiménez | Foto Manuel Sardá

“Después de visitar su casa de Los Rosales se podía entender que Cortina podía ser bueno en lo que se antojara”

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Alfredo Cortina (Venezuela, 1903-1988) fue pionero de la radiodifusión y la televisión en Venezuela. Fue escritor de comedias y actor. Cortina escribe la primera radionovela venezolana y se hizo muy famoso, localmente, para 1933, cuando se difunde la primera novela de suspenso de la radio venezolana: el misterio de los ojos escarlata. Se dice que el país se paralizaba para escucharla. Fue joyero, ebanista y relojero. Siempre he sentido admiración por los relojeros. Los antiguos. Los de montones de piezas. Hay que ver el cuidado y el orden que debe generar arreglar un reloj de ese tiempo.

En realidad, después de visitar su casa de Los Rosales se podía entender que Cortina podía ser bueno en lo que se antojara. La zona se hizo conocida porque compartían vecindad –junto con su esposa la poeta Elizabeth Schön (Venezuela, 1921-2007)–, Ida, la poeta y Elsa Gramcko, la pintora –primas de Cortina–,  los artistas Alejandro Otero y Mercedes Pardo, el poeta Alfredo Silva Estrada, la bailarina Sonia Sanoja y la familia Zuloaga –mecenas de artistas. Una casa plena de sorpresas y de objetos que fabricaba Cortina –con el cual parecía que no había imposibles.

Recuerdo dos anécdotas que ilustran la sensibilidad de Cortina y de Elizabeth.  Un día me invita a almorzar en su casa. Una comida compartida con gente insustituible: Pedro León Zapata y Mara, Elsa Gramcko, Nelson Hippolyte, el escultor Miguel Sanoja y Lis. Al recibirme en su casa –como orfebre aficionada–, me llama la atención un hermoso collar que luce Elizabeth. Me dice: Es de Alfredo. Está hecho con bolitas de desodorante Mum. Pero es que toda la casa estaba rodeada de cosas fabricadas por Cortina. En el almuerzo observo hermosas obras de Elsa Gramcko –colgadas de las paredes–, que llaman mi atención. Es Hippolyte quien me acota: Todas las recogió de la basura Elizabeth pues Elsa, no conforme con su trabajo, las desechaba.

La obra fotográfica de Cortina era totalmente desconocida. Cortina que no era fotógrafo de oficio –como repite cadenciosa y hábilmente Pérez Oramas, en el texto del catálogo–, para hacernos ver que si lo era. Y de qué manera. Un fotógrafo que captó, en blanco y negro, la luz del trópico, la soledad, la neblina, el abandono y la belleza de lo cotidiano.

En el año 2012 su obra fue expuesta en la XXX Bienal de Sao Paulo, por su curador Luis Enrique Pérez Oramas. Para 2014, veinte y cinco piezas fotográficas de Cortina pasaron a formar parte de la colección del MoMA. Las fotografías expuestas en Sao Paulo han sido una revelación para muchas personas, ya que Cortina, ha logrado sorprender por la temática de sus piezas. Guardadas, celosamente, por décadas y nunca expuestas antes, reflejan un conocimiento de las técnicas fotográficas y de composición.

En todas las imágenes el leit motiv es su esposa Elizabeth. Ella no aparece mirando la cámara, ni en las poses acostumbradas para la cotidianidad. Schön posa, pero de manera enigmática. Ella está absorta, ausente. Pero sus ausencias revelan no ensimismamiento, sino que nos guían la mirada y generan preguntas. ¿A quién mira? ¿Qué nos quiere decir? ¿Por qué? Hay tantos por qué en esas piezas.

Cada imagen se encuentra perfectamente encuadrada. No pareciera un tema intuitivo, ya que las coincidencias son varias. Algunas de ellas cercanas a los puntos de interés del rectángulo dorado.  

En otras, en el encuadre compone marcos imaginarios, en los espacios. Siempre es ella  el centro, el punto de atención. Siempre es Elizabeth la que roba las miradas: bella, joven, serenísima.  Es además quien guía la escala y proporción. Y la que conduce el tema y la que nos genera una obsesión por mirar lo que  mira –aunque suene como un contrasentido. Se ve que Alfredo estaba obnubilado con su hermosa esposa. No era para menos. Era poeta, era sensible, era Elizabeth. Sus amigos decían que, en vida de Alfredo, este la apabullaba –tal era su vitalidad. Pero los que conocimos a Elizabeth supimos que ella era un ser tan especial que volvía lo habitual en algo extraordinario.

 

Quisiéramos que Cortina estuviera con nosotros para que nos hablara de su trabajo. O al menos Elizabeth. O quizás no. Porque en el fondo preferimos hacer nuestras propias conjeturas de algo que nunca morirá: la pasión por la belleza, el paisaje y la estética.

 

Exposición:

Alfredo Cortina. Fotógrafo

Sala Mendoza. Caracas: abril-julio 2015

/ Museo de Arte Contemporáneo del Zulia: sept-nov 2015.

Textos: Luis Enrique Pérez Oramas/Ariel Jiménez

Curaduría: Vasco Szinetar

Fotografía: La Casa De Los Rosales

Medidas: 43,5 x 28,1 cm

Técnica: plata sobre gelatina (original). Para la muestra la pieza fue ampliada e impresa sobre papel fine art.