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Albert Sánchez Piñol: “Cataluña ha sido víctima y cómplice”

Albert Sánchez Piñol: “De la Guerra Civil habla todo el mundo. De 1714 sólo los catalanes” / Lisbeth Salas

Albert Sánchez Piñol: “De la Guerra Civil habla todo el mundo. De 1714 sólo los catalanes” / Lisbeth Salas

Es el autor del momento en Barcelona. Sorprendió a sus seguidores catalanes al escribir una épica sobre la derrota de 1714, en castellano. Es la primera vez que una obra suya se traduce al catalán, y no al revés. Ambas versiones, sin embargo, han sido éxitos en ventas

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Tardó 10 años en escribir Victus, una novela histórica sobre la Guerra de Sucesión Española, desde una perspectiva catalana que cierra con los 13 meses de asedio que sufrió la ciudad de Barcelona, hasta que el 11 de septiembre de 1714, las libertades de Cataluña quedaron disueltas para sumarse a la “prolongación imperial del reino de Castilla”. Alrededor de 1470, las coronas se habían unificado por gracia matrimonial entre “una princesita castellana y un principito catalán”: Isabel I de Castilla y Felipe II de Aragón, Conde de Barcelona. Pero los reinos no. Hasta ese día. Hasta que uno fue sometido y vencido.

Albert Sánchez Piñol escribe entonces una novela clave para los catalanes. Y la publica en 2012, coincidiendo con la efervescencia que ese 11 de septiembre desborda el centro de Barcelona. La Diada: cuando millón y medio de personas salieron a la calle con consignas reivindicativas. La independencia de Cataluña, se hizo noticia.

“Yo sabía que sería un libro importante”, dice. “Me documenté mucho. No hay nada que se mueva más que el pasado”. Y ahora, Victus se ha convertido en el best seller de un autor ya consagrado. Sánchez Piñol es antropólogo, con una obra narrativa diversa. Ha publicado ensayos como Payasos y monstruos, sobre 8 dictadores africanos; novelas como su famosa La piel fría, o Pandora en el Congo; y también cuentos, como Trece tristes trances. Todos estos títulos han sido traducidos del catalán al castellano. “Cuando iba de promoción a Argentina o a México, siempre pasaba como un escritor español”, dice. “Si no les decía que el original estaba escrito en catalán, ni sabían que existíamos”. Victus, en cambio, rompe el molde y es la primera novela que escribe directamente en castellano. “Hay factores irracionales, es así, no me escondo de nada”, explica. “Primero te viene la historia y después dices ‘esto será un cuento, o una novela’. La historia te viene en bruto. Los idiomas viven a través de nosotros”. Sánchez Piñol se queda pensando, y suelta: “Cuando España se fue de América Latina, ningún país quiso que volviera, pero tampoco ninguno quiso dejar el castellano”. La traducción al catalán de Victus arrasó en ventas en el Sant Jordi de ese año.

—¿Qué hace de Victus una obra universal?

—No es el hecho, sino los valores que explica. Cuando pones una pequeña ciudad que está en lucha contra dos tiranos, Felipe V y Luis XIV, eso es universal, lo mires como lo mires. Siempre digo que si hubiera nacido en Bulgaria o en Hungría, también hubiera escrito este libro. Pero claro, eso lo tienen que decir los lectores.

—La relación Cataluña-España no se puede plantear como una colonización, ¿correcto?

—No, no. Yo no lo hago. Siempre he sido muy crítico con Cataluña en ese aspecto. Históricamente, Cataluña ha sido víctima y cómplice. Se quejaba de que España era un país que no funcionaba, pero se aprovechaba de sus estructuras imperiales. Muchos de los negociantes que había en las Américas eran catalanes. Hacían la ruta África-Cuba y regresaban. Afortunadamente creo que las cosas están cambiando.

—Pero los catalanes no participaron de la conquista de América.

—Eso vale la pena explicarlo desde el principio. Cuando se descubre América, Castilla y Cataluña son reinos aparte. Tienen un monarca en común, pero viven de espaldas, el uno al otro. Era inimaginable que un castellano ejerciera un cargo público en Cataluña, y al revés. Entre ellos se consideran territorios extranjeros. Entonces, lógicamente los catalanes no tienen derecho a comerciar con América, porque eso fue una empresa castellana. Y así se mantuvo hasta mediados del siglo XVIII.

—En Victus marca la diferencia entre las dos visiones de un asedio militar. ¿Cree que hay paralelismos entre la forma de concebir la política, según Cataluña y el Estado español?

—En el siglo XVIII, para los castellanos, “la palabra Rey es ley”, porque no había instituciones intermedias. Era una monarquía casi absoluta. En cambio, para los catalanes era el contrario. Teníamos muchas instituciones que controlaban la realeza: el Parlamento, las Cortes. Eran dos proyectos antitéticos. No era una guerra étnica, no. Eran dos concepciones del poder, que tarde o temprano tenían que chocar. Y sucedió en 1714.

—¿Cómo es que esas diferencias se han mantenido hasta hoy?

—Hoy se sienten más. Pero en esencia continúa siendo lo mismo. Nunca el nombre de un país había sido tanto sinónimo de democracia. La reivindicación es que nos dejen votar. La otra es que no, que la palabra del “Rey es ley”. Cuando vas por el mundo y explicas que el gobierno dice que votar no es democrático, no se aguanta. Y desde esta perspectiva no entiendo qué explica Vargas Llosa.

—Vargas Llosa dijo que “el nacionalismo es una construcción artificial”.

—Él tiene una visión indigenista de las cosas, lo cual es una paradoja en él. Cuando aquí no estamos hablando de eso. Me gustaría saber qué entiende él por nacionalista. Puede que él sea más nacionalista que yo. Vargas Llosa es una grandísimo novelista, pero no se de dónde le vienen estos ataques liberales, en el sentido más derechista del término. ¡Es que te están diciendo que te mueras! Que culturalmente, tú molestas. Si los catalanes hacemos caso de todo lo que nos dicen, desaparecemos en cuatro días. No puedes educar en catalán, no tienes derecho a cambiar las leyes, aunque tengas mayoría. ¿Qué tenemos que hacer? Nos están diciendo que nos muramos, eso sí, legalmente.

—¿Qué diferencia la derecha española de la catalana?

—No debemos ser simplistas, ¿no? Dentro del poder también hay conflictos, pugnas y contradicciones. Es como decir que Islandia y Japón son países capitalistas, y ya. Hay tipos de capitalismos. Soy antropólogo y estoy acostumbrado a hablar de culturas y no de individuos. Es cierto que la derecha catalana no es como la española. Con frecuencia decimos que tienen muchas complicidades. Pero también bofetadas, sino mira cómo están. Representan sociedades diferentes, aunque tengan intereses en común. Igual pasa con las izquierdas: la catalana y la española tampoco se entienden muy bien.

—Usted ha dicho que “1714 debería ser un género literario para los catalanes”. ¿Por qué no se habían ocupado hasta ahora?

—Porque es un trabajón. No hay muchas novelas históricas sobre 1714. De la Guerra Civil habla todo el mundo. De 1714 sólo los catalanes. Además, es difícil documentarse. Y no nos dejemos engañar: la magia de los números. Hablamos de hace 300 años, eso es una cifra muy redonda, que además coincide con un clima político.

—¿Se apuró para que coincidiera?

—Todo lo contrario. Me apuré para que no coincidiera con el tricentenario (en 2014). La novela salió dos años antes. No quería que la tildaran de oportunista. Lo que pasa es que coincidió con la Diada. Yo estoy muy tranquilo. Cualquiera puede detectar cuando un libro es un encargo, se puede ver si está hecho con prisas. Y no es el caso de Victus.

—En la polémica linguística, ¿cómo queda Victus?

—La literatura alemana es la que se escribe en alemán. E incluye desde Ernst Jünger hasta Franz Kafka. En el ámbito cultural, hay una taxonomía que se hace tomando como referencia el idioma. Entonces, Victus es literatura castellana, porque está escrita en castellano, siendo una novela que cuenta hechos tan catalanes. El mundo ni tan sólo sabe que existimos, eso es muy ofensivo, porque no tenemos un estado propio. ¿Qué hacemos? ¿Nada? Pero si hacemos algo somos “nacionalistas”. Eso es muy triste.

—¿Volverá a escribir en castellano?

—No lo sé. El catalán sólo vive a través de los catalanes. El castellano a través de 300 millones de personas de diferentes países. Para mí es irrelevante. Naturalmente que siempre defenderé el catalán, porque está en situación evidente de inferioridad. Y el que no lo quiera entender, que no lo entienda. Pero es muy absurdo que esta misma gente diga que estamos exterminando el castellano. ¿Por qué querría yo exterminar el castellano? Forma parte de mi patrimonio cultural. Yo lo que no quiero son imposiciones y lo que no haré nunca es renunciar a un capital cultural tan enorme como el castellano. Y ya está. El problema es conseguir altavoces. Porque claro, si tienes a un premio Nobel diciendo determinadas cosas…

Sánchez Piñol comenzó a escribir desde muy joven. Pero el éxito le llegó cercano a la cuarentena. Hoy, Carmen Balcells es su agencia literaria y es el autor más traducido de Cataluña. Considera que sin el “hecho narrativo”, el ser humano sería ininteligible: “Si le impides a alguien soñar, que no dormir, se acaba muriendo, en lugar de volverse loco. La literatura es un hecho fundamental del género humano”. Y a los catalanes, la única solución que les queda es explicarse.