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Akutagawa: el aprendiz de mago

Ryunosuke Akutagawa

Ryunosuke Akutagawa

Es muy probable que entre los narradores japoneses de la primera mitad del siglo XX aquél que se continúa leyendo con mayor fervor y emoción, en su propio país y en el extranjero, sea Ryunosuke Akutagawa

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Cuando el 24 de julio de 1927 el escritor japonés Ryunosuke Akutagawa (1892-1927) se quedó dormido para siempre abrazado a una Biblia, luego de haber ingerido una dosis letal de cianuro de potasio, estaba naciendo una de las leyendas más sólidas y perdurables de la literatura japonesa del siglo XX.

Es muy probable que entre los narradores japoneses de la primera mitad del siglo XX aquél que se continúa leyendo con mayor fervor y emoción, en su propio país y en el extranjero, sea Ryunosuke Akutagawa. En Japón existe unanimidad al considerarlo como el mayor cuentista de todos los tiempos, y si el análisis se extendiera a la literatura universal seguiría ocupando un lugar muy destacado al lado de Maupassant, Chejov, Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges.

La obra de Ryunosuke Akutagawa ha fascinado a miles de lectores. Ya desde mucho antes de su trágica y prematura muerte se le leía como a un clásico. Sin embargo, el mayor impulso al conocimiento de la obra de nuestro autor en Occidente proviene del cine. Rashômon (1950), el filme de Akira Kurosawa, basado en dos cuentos de Akutagawa, representa la espectacular eclosión del cine japonés en Occidente al ser galardonado en 1951 con el León de Oro del Festival de Venecia y con el Oscar a la mejor película extranjera. El conocimiento del cine japonés despertó el interés por un autor como Akutagawa, a quien se le asociará siempre con el título de su cuento “Rashômon” como si se tratara de una prolongación de su nombre.

La obra de Akutagawa ha sido ampliamente difundida en todos los idiomas modernos. Sin embargo, la misma se ha limitado la mayoría de las veces a una veintena de sus cuentos más conocidos, siendo que escribió alrededor de doscientos, sin hablar de su extensa obra como ensayista y crítico literario.

Para definir el atractivo que continúa ejerciendo la obra de Akutagawa en lectores de diversas generaciones, bastaría con decir que su prosa, uniendo estilo y temática en un solo e indiscernible conjunto, apunta a la sensibilidad del lector. Y esta habilidad para propiciar emociones no proviene exclusivamente del manejo de las estrategias narrativas, que Akutagawa sabía usar con las habilidades de un consumado tahúr, sino también de la propia y aguda sensibilidad del autor, que a menudo se convertía en una patológica hipersensibilidad. A este par de atributos habría que agregar el profundo conocimiento que Akutagawa poseía acerca de los seres humanos, derivado de su microscópica capacidad de observación y de su dramática experiencia personal.

Hay un aspecto en la obra de Akutagawa al que no se le ha prestado la suficiente atención, particularmente en las reseñas y críticas que han aparecido en español. Me refiero a su extraordinaria versatilidad, al amplísimo y vasto registro de su temática, que lo llevaba, por ejemplo, a recrear una historia ubicada a finales del siglo XI en plena decadencia de la era Heian y a renglón seguido contar un episodio de la vida cotidiana centrado en su entorno contemporáneo. Es éste precisamente el criterio que hemos empleado en la selección de los cuentos traducidos directamente del japonés que forman parte de El mago, trece cuentos japoneses.

El lector atento encontrará en esta selección un amplio abanico de posibilidades que van desde la sutileza de “Mandarinas”, la sorda intriga entre las dos hermanas de “Otoño”, pasando por la ilustración de la decadencia y ruina de un artista, que en el fondo se refiere a la sociedad entera, en “Villa Genkaku”, la descripción de una visión desolada muy cercana al espíritu de Lautreámont en “Pantano”, un relato ambientado en la tierra profunda y feraz, “Un pedazo de tierra”, centrado en una mujer excepcional, que prefigura algunos de los cuentos de Rulfo,  una feroz fábula en las pocas líneas de “El pavo real”, una curiosa historia acerca de la candidez de una muchacha china… y cristiana en “El Cristo de Nanking”, hasta el encuentro de la iluminación budista por el camino más inesperado en “El mago”. Algunas de estas narraciones parecieran escritas por autores muy distintos y distantes, sin embargo, cuando nos hemos familiarizado con el mundo de Akutagawa, reconocemos en ellas su sello personal, la marca indeleble del dragón.

Los lectores que saben apreciar la auténtica literatura, distinguiéndola de los fenómenos de moda, valorizan cada día la obra de este soberbio narrador, orgullo de la literatura japonesa del siglo XX. La fluidez expresiva de su prosa, su capacidad de generar emociones, su estilo inconfundible basado en la perfección de la forma y su profundo conocimiento de lo humano, lo han convertido en un autor imprescindible. En su breve y atormentada vida Akutagawa nos legó un preciado tesoro: la obra perdurable de un autor que logró escribir como nunca nadie antes lo había hecho.

FICHA DEL LIBRO

El mago, trece cuentos japoneses

Ryunosuke Akutagawa

Traducción: Ryukichi Terao

Colaboración en la traducción y prólogo: Ednodio Quintero

Candaya

Barcelona, 2012