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Agustín, el carbono Almodóvar

El director español Pedro Almodóvar / EFE

El director español Pedro Almodóvar / EFE

Actualmente El Deseo se encuentra remasterizando las primeras películas de Almodóvar. 

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En Madrid termina la tarde, en Caracas es media mañana. Después de subrayar la evidente diferencia de los usos horarios, uno pasa a hablar del clima, le digo de diciembre y su frescor. Pero no hay necesidad de lugares comunes para romper el hielo, no hay hielo que romper, sólo una duda frente a la voz casi idéntica a la de su hermano Pedro. Parece un hombre de distancias cortas, total, cada cameo en un filme Almodóvar lo ha hecho de la casa y uno se siente libre de tutearlo.

—Agustín, ¿desde cuándo te sientes productor?
—Me considero un intruso en esta profesión que requiere muchas interdisciplinas, yo me hice productor por mi hermano y por el amor al cine, pero de formación soy químico de la Universidad Complutense, y en un momento dado me dejé por razones de familia: Pedro. Yo trabajo a la sombra y al lado de él, es un artista que necesita de alguien de mucha confianza a su lado.

—¿Y cuáles son tus mandamientos dentro de la producción?
—Un productor tiene que ser alguien que pone todos los recursos tanto económicos como humanos en favor de una historia y de un director. También es un catalizador de la historia, la idea es que sea lo menos intervencionista posible. Luego, donde es más creativa la labor, es cuando logra engranar ese equipo humano.

—El Deseo es una marca cuyo signo, después de casi 30 años, tiene unas características muy particulares, folklóricas inclusive. Se habla también del universo almodovariano, hay un copyright no sólo en las películas hechas por Pedro Almodóvar sino en las de otros directores dentro de la compañía, ¿no?
—Tenemos, como dicen los anglosajones, un trademark. Tampoco lo hemos decidido, somos así y punto. Esta compañía nació para que Pedro, que al principio era un artista difícil de clasificar, pudiera ejercer de la forma más libre y coherente, sin hacer grandes concesiones a la industria, todo esto suena grandilocuente y elegante, pero esa era la idea. Pedro tuvo muchos desencuentros con los productores con los que trabajó. Entonces El Deseo es una empresa para que el director haga su cine con máxima libertad.

—Hablas de coherencia. Usando las palabras de la protagonista de La concejala antropófaga: ¿ustedes se hacen su poquito de autocrítica?
—Pues nosotros sabemos que cometemos muchos errores, somos muy imperfectos. Tratamos de ser coherentes con lo que queremos hacer, tratamos de no caer en cantos de sirena y seguir siendo muy autónomos y de no deber favores a nadie. El éxito tiene muchos padres y el fracaso es huérfano, nosotros queremos que ambos sean hijos nuestros. No cerramos los ojos a todos esos espejos que tenemos por el mundo, la crítica que a veces es tan dura con nosotros.

—Siempre hablas del público como un ente misterioso.
—Y lo mantengo. Afortunadamente el público es una suerte de entidad que además se regenera, como un ser de una película de ciencia ficción que muta. Y como antídoto seguimos haciendo las cosas que nos gustan a nosotros. Creo que vendemos a la gente independencia, sabiendo que vas a conseguir ese espíritu en cada película, a la par está un reto continuo a contar algo nuevo y en ése vértigo vivimos.

—Volviendo a la idea de que El Deseo tiene denominación de origen y tomando en cuenta que su producto es tan español, ¿cómo viven la reconciliación con la Academia de su país?
—Es un tema para hablar mucho rato y muchas tardes. Lo más difícil que hace una persona cuando tiene éxito mundial es quedarse en su país. Nosotros vemos como científicos, artistas, deportistas, en cuanto tienen un foco internacional salen. Y parece que eso se acepta, Pedro ha optado por la opción más difícil: quedarse en su país, donde encuentra su inspiración. A veces el éxito tan enorme provoca incomodidad en tu entorno. Ahora que me encuentro restaurando nuestras primeras películas he vuelto a ver La ley del deseo ¡Y qué maravilla, cómo están Carmen Maura y Antonio Banderas! Es una película de culto que le dio la vuelta al planeta, pero no tuvo ni una nominación a los Goya, por algo será. Algo anduvo malo en esa relación hasta el punto en que decidimos salirnos y dejamos de competir. Más tarde reflexionamos porque en nuestras películas hay también gente que sí quiere participar en los premios de la academia del cine español. Pero en este momento te digo que no es lo que más nos afecta de todo lo que no pueda ocurrir. El estatus de nuestra relación es: normalizada.

—¿Y qué es lo que más les afecta? Supongo que la crisis.
—Obviamente aunado a eso hay unas políticas muy insensibles a la cultura. Tenemos un gobierno con cero sensibilidad a lo que es el cuidado de la creación. Nosotros vendemos a muchos países, afortunadamente tenemos otras fuentes para sobrevivir, pero no así para quienes estén empezando ahora, habrá sin duda una generación perdida. Es un tiempo muy difícil para encontrar permanencia en el trabajo. Vivimos en un país desmoralizado…

—Y ya lo decía Muñoz Molina en su discurso de aceptación del Príncipe de Asturias: “las formas mas contemporáneas de demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo intelectual y el conocimiento”.
—Estoy totalmente de acuerdo.

—¿Cómo protestan esto desde el cine? Han sido un equipo contestatario siempre.
—La última película, Los amantes pasajeros lo hace con cierta ironía y con el género de la película que es comedia, hay un gran personaje que es este aeropuerto enorme y vacío como megametáfora, hay una financista huyendo que para nosotros representa todos esos hombres a la sombra de la política destruyendo a gente muy humilde, robando sus ahorros. Hemos querido que con esta comedia quede reflejado un poco todo eso. El problema es que se está haciendo menos cine que es una perfecta esponja de los momentos históricos, desgraciadamente se están haciendo menos películas que nunca.

—¿La resistencia se está haciendo difícil?
—Somos supervivientes, venimos de una familia que tuvo que luchar muchísimo en la guerra y nos transmitieron ese valor. Nos protegemos unos a otros en el seno de la familia, esa supervivencia la hemos heredado en nuestra forma de ser, hemos tenido la suerte de desarrollarnos en la democracia, igual en momentos complicados pero mejor que los tiempos pasados. Pero están sufriendo todos, exhibidores, distribuidores, nuestros colegas productores, todo eso nos afecta al tiempo que estamos reduciendo nuestros propios ingresos de la empresa, en vez de estar buscando proyectos, estamos simplemente para hacer la próxima película de Pedro, cuando tenga guión.

—¿Han sabido “amanchegizar” la experiencia Hollywood?
—Tenemos una distribución estable en Estados Unidos con Sony Pictures Classics, que es la rama de cine de autor de esa compañía. Es un mercado muy difícil, empezando por los porcentajes de ganancia. El cine extranjero se ve sólo subtitulado. Desde Mujeres al borde de un ataque de nervios, llamamos mucho la atención, nos hicieron todo tipo de ofertas que rechazamos con mucha gratitud y a lo largo del tiempo la figura de Pedro es respetada tomando en cuenta que es una industria que le ofreció todo y respetó que decidiera seguir trabajando en su país. ¿Qué hemos aprendido de esa industria? El rigor con el que hay que producir, el rigor de los contratos, pero sin el vicio de los miles de abogados para todo y un poco de pragmatismo.

—Estas dos preguntas debería hacérselas a Pedro: Uno. Venezuela, como palabra y como país, ha estado en muchas películas, Tacones lejanos empieza supuestamente en Margarita, en otras películas se habla del “culebrón venezolano”, inclusive personajes de ejecutivos negocian con el gobierno venezolano en Los abrazos rotos. ¿Hay algún sentimiento especial por nosotros?
—Pedro entiende toda la cultura latinoamericana como plástica, es un gran consumidor de ella y lo aflora.

—La segunda: están esperando por guión, ¿ya sabes por dónde viene los tiros?
—Pedro está trabajando en un proyecto que tiene que ver con relaciones femeninas, con el mundo femenino, relaciones de padres e hijas.
 
Agustín y El Deseo
Agustín Almodóvar es miembro fundador de la compañía de producción cinematográfica El Deseo, S.A. (Madrid, 1985) La primera película tras su fundación fue La ley del deseo.
 
Actualmente El Deseo se encuentra remasterizando las primeras películas de Almodóvar.
 
Próximos estrenos de El Deseo: Con la pata quebrada, dirigida por Diego Galán, cuenta de manera muy didáctica el tratamiento de la mujer en la sociedad española a través de la historia abordándolo desde su participación en el cine. Relatos salvajes, Damian Zsifron, es una coproducción con Argentina, un drama protagonizado por Ricardo Darín.