• Caracas (Venezuela)

Papel literario

Al instante

Sobre Agatha, de Marguerite Duras. El desierto de lo escrito

Retrato de Marguerite Duras / Fotografía tomada de Internet

Retrato de Marguerite Duras / Fotografía tomada de Internet

“Ágatha’ es una obra de teatro que pone en escena un amor imposible, desquiciado, peligroso, apasionado entre dos hermanos que se aman locamente desde la infancia y que se dejan para constatar la fuerza indomable de ese amor”

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La historia del amor es la historia de una separación y una partida. Algo del amor dura como imposibilidad, como promesa que se realiza a través del incumplimiento. Marguerite Duras escribe sobre el hueco que abre el amor en los seres humanos. Sus novelas, obras de teatro, guiones cinematográficos, cuadernos y textos autobiográficos cuentan, de formas distintas, la historia de la muerte que causa el amor cuando termina, el relato de ese lugar abierto que el amor abre en la experiencia de los amantes dejándolos rotos frente al mar; frente al mar abierto y ante a lo abierto de la ausencia del uno en el otro. A Duras le interesa darle existencia a eso que del amor es imposible e intratable y que en su negación, revela la mayor potencia del acto amoroso.

Los amantes se encuentran, se reconocen, se entregan, se aman “como no es posible amar” y se dejan para “permanecer, sin embargo, en este amor” como si el dolor y la renuncia formaran parte de la “pasión insensata” que es amar. No hay amor fuera de la insensatez y el escenario donde el amor pone en escena esa insensatez constitutiva del amor es en el mar. La playa, las olas, la luz, “las gaviotas del mar que gritan y devoran el cuerpo de la arena, la sangre” (El amor, 1999:21). El mar como el lugar donde el amor cumple el delito de matar a los que se aman. Y después, cuando los amantes abandonan la escena, quedan las olas que se revientan contra la orilla y “la ira del corazón”. Queda el desierto del amor que es también “el desierto de lo escrito”, porque Duras escribe en el desierto con los ojos llenos de arena: “Me dije a mí misma que siempre se escribe acerca del cuerpo muerto del mundo y también acerca del cuerpo muerto del amor. Que lo escrito se mete en los estados de ausencia no para reemplazar algo que se habría vivido, o supuestamente vivido, sino para dejar constancia del desierto que había quedado” (El verano del 80, 2010:71).

Hacer entonces del desierto una posibilidad enunciativa; abrir huecos en la lengua para hacer sonar sus vacíos es lo que Duras logra con su escritura agujereada y rocosa.

Ágatha es una obra de teatro que pone en escena un amor imposible, desquiciado, peligroso, apasionado entre dos hermanos que se aman locamente desde la infancia y que se dejan para constatar la fuerza indomable de ese amor: “Creo que me voy, sí, por la fuerza tan terrible de este amor que tenemos el uno por el otro” dice ella y él: “Así su cuerpo va a ser llevado lejos de mí, lejos de las fronteras de mi cuerpo, va a ser inencontrable y yo voy a morir por eso”. La memoria de la infancia y de las vacaciones en la Villa Agatha, cerca del mar, con la madre y los recuerdos de las primeras escenas de la relación, interrumpen el presente del diálogo que es el tiempo de una constatación inexorable en medio de la luz del invierno: haberse separado, haber tenido cada uno una vida, un matrimonio, unos hijos, haber abandonado ese amor culpable y criminal, solamente para constatar después que esto sirvió para que los amantes “permanezcan sin embargo en este amor”. El dolor entonces es el modo de darle existencia no sólo al amor sino a los amantes que existen a través y por medio del sufrimiento que les causa saber que solo tienen la verdad de no tenerse y por lo tanto, de tenerse de la manera más irremediable: “Que sería de nosotros sin este dolor? ¿Sin esta separación, sin este dolor?”

Y la respuesta resuena en otro libro de Duras, en Verano del 80 donde hay una escena entre un niño y su instructora que están de vacaciones en una playa; escena que muestra la fuerza aplastante de un amor al que se renuncia porque es demasiado grande: “fue al cabo de un rato, cuando la joven dijo que preferiría que las cosas quedarán así entre ella y el, dijo: que sea algo totalmente imposible, dijo: que sea algo totalmente desesperado. Dijo que sí el hubiera sido mayor, se habrían quedado sin historia, (...) y que preferiría que esa historia se quedará así, para siempre, en ese dolor, en ese deseo, en el tormento insoportable de ese deseo, aunque eso la llevara a buscar la muerte. Dijo que también deseaba que no ocurriera nada más entre ellos cuando volvieran a verse dentro de doce años aquí junto al mar, nada más ese dolor de ahora, de nuevo, por muy terrible que fuera, por muy terrible que vaya a ser, pues iba a serlo, y que tendría que vivirlo así, aplastante, espantoso definitivo.” (91-92).


Agatha representa un diálogo entre dos voces que no se pueden mirar, que aparecen atenuadas, extenuadas, desvanecidos. Dos voces que “empiezan” a morir. Su diálogo avanza con la dificultan que tiene la palabra cuando quieren callar y habla del amor como la forma de dolor más puro y por ende, más inaceptable. Testimonio de un amor inalterable después del cual nada más podrá suceder: “también puede suceder que un amor no muera y que falle al intentar desaparecer”, “que falle en hacer como si fuera posible”. Entonces se abre la pregunta acerca de cuál es entonces la falla del amor: ¿que sea posible o que sea imposible? La historia de esta falla es la historia del amor, la historia que Duras escribe mirando el mar desde la playa dejando que las olas entren en la escritura y la hagan sangrar.


AGATHA

Marguerite Duras

bid & co editores

Caracas, 2014