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Aforismos del domingo: Marco Aurelio

Filósofo y Emperador de Roma, Marco Aurelio nació en el año 121. Fue coronado a la edad de 40 años. Primorosamente educado, mantuvo su pasión por las letras y la reflexión, a pesar de la extrema complejidad de los tiempos que le correspondió gobernar. Escritas en griego en medio de sus tareas militares y políticas, sus Meditaciones constituyen uno de los más extraordinarios documentos del pensamiento estoico que nos ha legado la Antigüedad

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Apenas amanezca, hazte en tu interior esta cuenta: hoy tropezaré con alguno entremetido, con algún ingrato, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta. No es fácil tropezar con un hombre que sea desgraciado por dejar de entrometerse en lo que ocurre en el alma de los demás. Pero los que no escudriñan los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desgraciados.

Conforma siempre tus acciones, palabras y pensamientos a la idea de que puede salir a cada instante de la vida.

El tiempo de la vida humana es un punto: La sustancia, fluente; la sensación, oscurecida; toda la constitución del cuerpo, corruptible; el alma, inquieta; el destino, enigmático; la fama, indefinible.

No malogres la parte de la vida que te queda en averiguar vidas ajenas, a no ser que te propongas algún fin útil a la comunidad. Conviene, pues, no ensartar en la cadena de nuestros pensamientos lo que es temerario y vano y, más especialmente, lo fútil y lo malvado. Todos los seres razonables participan de un común parentesco. Al hacer algo, que no sea de mal grado, ni sin respeto al bien común, ni sin previo examen, ni braceando en sentido opuesto.

Nunca juzgues útil para ti mismo lo que tal vez te obligue algún día a quebrantar la palabra dada.

En la inteligencia del hombre que se ha corregido y acrisolado, nada podría encontrarse infeccioso, manchado ni purulento. Brevísimo es, pues, el instante que cada uno vive, brevísimo el espacio donde habita, brevísima la fama de la posteridad. Nada, en efecto, contribuye a la grandeza del ánimo como poder comprobar con orden y exactitud cada uno de los objetos que se presentan en la vida. Al modo que los cirujanos tienen siempre a mano los aparatos y los hierros de su profesión para los servicios urgentes, así deberás tú tener prontos los principios para poder entender las cosas divinas y humanas. Y lo que yo llamo libertad de espíritu no es otra cosa que el estado de un alma bien ordenada. Los seres razonables nacieron el uno para el otro.

Recuerda las pruebas por las cuales se demuestra que el mundo es como una ciudad.

Todo cuanto divisas, en un abrir y cerrar de ojos, va a transmutarse, cesará de existir.

Lo irreparable está ya suspendido encima de ti. Todo lo honesto de alguna manera es honesto en sí mismo, encierra en sí su bondad, sin tener la alabanza como parte integrante su ser.

No siendo indispensable la mayor parte de nuestras palabras y de nuestras acciones, si se las cercenare se gozaría de más holgura y tranquilidad.

Si es extranjero en el mundo quien ignora lo que tiene en sí mismo, no es menos extranjero quien desconoce lo que en él pasa. Todo es efímero: el que sugiere un elogio, como el mismo objeto que lo inspira. Mira con atención los principios que guían a los sabios, qué cosas evita y cuáles desean alcanzar. Las cosas que se hallan a punto de cambiar, no experimentan ningún mal, como tampoco a las que nacen de esta mutación les viene bien alguno.

Todo lo que acontece es tan vulgar y usado como la rosa en la primavera, y los frutos en el verano: tal es la enfermedad, la muerte, la calumnia, la traición y cuanto alegra o aflige a los necios.