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Aforismos del domingo: Guido Ceronetti

"El silencio del cuerpo", Guido Ceronetti

"El silencio del cuerpo", Guido Ceronetti

Turinés, nacido en 1927, Guido Ceronetti es un autor peculiar en una literatura, la italiana. Filósofo, pensador, cronista y más. Los seleccionados pertenecen a una obra excepcional: “El silencio del cuerpo”, quizás su obra más honda sobre la condición carnal del ser humano

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Los dátiles secos provocan jaquecas, dice Maimónides, pero el placer de un dátil regocija el corazón.

O escépticos, o sépticos.

El optimismo es como el óxido de carbono: mata dejando sobre los cadáveres una impronta de rosa.

Mientras tengan ganas de matar, no perderán el gusto de engendra.

Observa Pascal que si Platón y Aristóteles escribieron de política, no fue sino para dar una regla a un hospital de locos.

Todo lo que no se come hace bien a la salud.

Es mejor morir vaciándose que llenándose, y mejor de hambre que de indigestión.

La enfermedad que impide vaciarse es peor que la que impide llenarse.

Un caso de omnivorismo  indiscriminado es el del lobo de Perrault, que devora indistintamente niñas y viejas. El hombre elige.

Proverbio yiddish: “hay que gustarse bien de una agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silenciosos”

Un hombre al que se le alaba es un hombre al que se le encadena.

Desacralizar es un oficio fácil; por eso debe repugnarnos.

Con más fuerza que Pascal, Gadda dice que el Yo es el más cochambroso de todos los pronombres. Bonita guía tenemos.

Es extraño que no ocurra. Me parecería normalísimo que una mujer embarazada abortara después de haber ojeado un periódico.

Si el Mal ha creado el mundo, el Bien tendría que deshacerlo.

El arte está acabado desde que los artistas ya no tienen enfermedades venéreas.

Con el triunfo de la dentadura postiza, pierde fuerza la historia de Berenice de Poe.

El hombre es un demonio venido a menos.

El hombre ya no puede cambiar, ni tomar otro camino; sólo puede acabar mal.

Hay un construir que es mucho más perjudicial que cualquier destruir.

Una Sofía que pasa, una Luz que sufre: vivir con este secreto.

Quien tolera los ruidos es ya un cadáver.

Si el aborto es un homicidio, habrá al menos la atenuante de la legítima defensa.

La elección profunda del hombre será siempre un infierno apasionado, antes que un paraíso inerte.

No tuve nunca un dolor tan grande, decía Montesquieu, que no me lo quitara una hora de lectura. He ahí al verdadero literato.

Quien calla y no sonríe después del amor degrada a Eros.

Suprimidos los combates de los gladiadores, los cristianos instituyeron la vida conyugal.

La autoridad, dice Moses Mendelssohn, sólo puede humillar, no enseñar.