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Aforismos del domingo: Georg Christoph Lichtenberg

Georg Christoph Lichtenberg

Georg Christoph Lichtenberg

Dijo Goethe: detrás de cada broma de Lichtenberg, se oculta un enorme problema. Georg Christoph Lichtenberg (Alemania, 1742-1799) fue sobre todo un científico, pero sus “Aforismos” son considerados una obra capital del género

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Si tengo que elegir una función que ya han elegido mil personas antes que yo, con seguridad no será la de escribir manuales.

Soy mucho más compasivo en mis sueños que cuando estoy despierto.

L. era un hombre bueno en el fondo, sólo que no se ha tomado la molestia de parecerlo. Mi mayor error, el motivo de todos mis disgustos.

Leer saltando de un punto a otro es en cualquier momento mi gran diversión.

Él me desprecia porque no me conoce y yo desprecio sus acusaciones porque me conozco.

A veces he sido censurado por errores cometidos que mi censurador nunca tuvo ni la fuerza ni el ingenio suficientes para cometer.

Ambición violenta y desconfianza las he visto siempre juntas.

Hay que investigar si, por encima de todo, es posible hacer algo sin tener siempre ante los ojos lo mejor de uno mismo.

Nada puede contribuir tanto a la tranquilidad del alma como no tener ninguna opinión.

Una virtud premeditada no sirve para mucho. Sentimiento o hábito, esa es la cuestión.

Yo creo que el hombre al fin es un ser tan libre que no se le puede disputar el derecho a ser lo que él cree que es.

El ingenio y el humor, como todas las sustancias corrosivas, tiene que ser utilizados con cuidado.

Si pensáramos más por cuenta propia tendríamos muchos más libros malos y muchos más buenos.

¿Acaso reflexionar es una cosa distinta a consultar un libro, e inventar es algo más que transformar?

¿Cuán cerca pueden a veces nuestros pensamientos pasar rozando un gran descubrimiento?

La duda no debe ser nada más que atenta vigilancia, de lo contrario puede ser peligrosa.

La inteligencia de una persona puede medirse por el cuidado con que meditalo futuro o el final. Respicefinem

En realidad hay muchísima gente que lee simplemente para no necesitar pensar.

Ciertamente no es de otro modo: la mayoría de los hombres viven más según la moda que según la razón.

Meditar y pensar medrosamente lo que se podría haber hecho, es lo peor que se puede hacer.

La condena presuroso es la mayoría de las veces imputable al instinto de pereza de los hombres.

Tiene que haber en todo un cierto espíritu, una mirada, que, como un alma, dirija todo el conjunto.

Para determinadas personas, un hombre con inteligencia es una criatura más funesta que el más declarado rufián.

Lo mismo que el oído mideproporciones, quizá la lengua calcule superficies de cuerpos.

Hay gente que cree que es razonable todo lo que se hace con un rostro serio.

La superficie más entretenida de la tierra es para nosotros la del rostro humano.

Lo he notado muy claramente: cuando estoy tumbado tengo una opinión, y cuando estoy de pie otra, sobre todo si he comido poco y estoy fatigado.

Aunque caminar a dos piernas no sea una cosa natural en el hombre, es, ciertamente, un invento que le honra.