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Aforismos del domingo: Friedrich Nietzsche

Nació en 1844 y murió en 1900. Lector de Schopenhauer, muy joven se sintió atraído por la forma del aforismo. En “Humano, demasiado humano”, publicado en 1878, ya había incursionado en el uso sistemático del aforismo. En 1883, cuando escribe “Así habló Zaratustra”, la presencia del aforismo en la estructuración del discurso determina el carácter enfático que tiene la voz narrativa del libro. De la primera parte de ese libro provienen los aforismos aquí publicados

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Una pizca de veneno de vez en cuando condimenta los ensueños. Y mucho veneno al final da un morir agradable.

No deseo muchos honores, ni grandes riquezas: todo eso inflama el hígado. Mas no se duerme bien sin un buen nombre y un pequeño tesoro.

Mucho me complacen también los pobres de espíritu: hacen conciliar el sueño. Bienaventurados son, especialmente si no se les contradice.

El cuerpo es una gran razón, una enorme multiplicidad dotada de un sentido propio, guerra y paz, rebaño y pastor.

La que yo amo esa virtud terrestre, harto distinto, por cierto, de la inteligencia y hasta del sentido común.

No hay redención para quien sufre a causa de sí mismo, a no ser una muerte rápida.

Entre todo cuanto se escribe, yo amo solo aquello que alguien escribe con su sangre.

El valor, que ahuyenta los fantasmas, origina sus propios duendes: el valor quiere reír.

Amamos la vida no porque estemos habituados a vivir, sino porque estamos habituados a amar.

No se mata con la ira, sino con la risa.

En la maldad se encuentra el altanero y el débil. Pero se entienden mal el uno con el otro.

Todo en él es falso; con dientes robados muerde, ese mordedor.

En el mundo jamás salen a flote las cosas buenas, a menos que alguien las represente.

No pocos que quisieron expulsar a sus demonios acabaron ellos mismos dentro de los cerdos.

Nuestra fe en otros revela lo que desearíamos creer de nosotros mismos.

¿Podrás aproximarte mucho a tu enemigo sin pasarte a su bando?

Jamás un vecino comprendió al otro: siempre se asombra su alma de la locura y la maldad del otro.

El placer de ser rebaño es más antiguo que el placer de ser un yo.

Amante fueron siempre, y creadores, quienes crearon el bien y el mal.

Más elevado que el amor al prójimo se halla el amor al lejano y al venidero; más elevado que el amor a los hombres es el amor a las cosas y a los fantasmas.

El peor de los enemigos con quien puedes topar eres tú mismo: a ti mismo te acechas tú, en las cavernas y en los bosques.

Fácil es tirar en el pozo una piedra: más una vez que ha llegado al fondo ¿quien quiere sacarla?

Debes crear un cuerpo más erecto, un primer movimiento, una rueda que gire por sí misma –un creador debes crear.

Quien se realiza por completo muere victorioso, rodeado de personas que esperan y prometen.

Quien aspire la gloria debe despedirse a tiempo de los honores, y ejercer el arte difícil de –marcharse a tiempo.

El hombre de conocimiento no sólo tiene que saber amar a sus enemigos: tiene además que saber odiar a sus amigos.