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Aforismos del domingo: Elías Canetti

El escritor judío sefardita Elías Canetti / Fotografía tomada de Internet

El escritor judío sefardita Elías Canetti / Fotografía tomada de Internet

No cabe duda que uno de los autores claves del XX es Elías Canetti. Premio Nobel de Literatura en 1981, nació en Bulgaria en 1905 y fallecido en Suiza en 1994. De su escritura minuciosa e inagotable surgieron miles de aforismos, sentencias y textos fragmentarios

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Él no reconoce a ningún enemigo. Nadie, dice, es lo suficientemente fuerte para ser su enemigo.

Los acuerdos esterilizan el espíritu. Quien lleve una vida espiritual, debería ignorarlos. Los acuerdos excluyen.

Demasiada poca gente acaba produciendo un mundo falso. Demasiada gente no hace surgir ninguno.

Las intenciones demasiado claras se consumen más rápidamente.

Tan duro como el matar debe seguir siendo el repudio de la muerte.

Uno escribe para ser distinto. Los embusteros de la escritura siguen siendo lo que de todos modos son.

Sólo se puede decir más de lo que se quiere.

Aforismo hecho de silencio derretido.

Pensamientos que viven de su duelo innato.

El pequeño que se adorna con grandes, empequeñece cada vez más.

Un espíritu que se ve no es un espíritu.

Habría que iniciar la infancia desde el principio. Hay muchas infancias, la mayoría se dan por desaparecidas.

Déjame cometer los fallos de mi época. También quiero vivir en esta época.

A los muertos se les quiere por sus defectos. Por eso no hay ángeles muertos.

El recuerdo engaña, y precisamente este engaño es importante.

Nada más abominable que la descripción de un último hombre. ¿Para quién moriría?

Él ya no encuentra gente tonta. Busca y busca, pero todos son como salidos de la televisión.

La preparación de la fama, más repugnante que cualquier negocio.

Si yo fuera Freud, echaría a correr de mí mismo.

Uno planta y riega personalmente las mayores injusticias.

También tú, altanero, eres un esclavo del idioma en el que escribes.

Quien cala hondo demasiado pronto, ha perdido. Ya no le queda nada.