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Aforismos del domingo: David Markson

En los últimos años de su vida, David Markson (1927-2010) inició, desde la narrativa, una subyugante búsqueda experimental, que plasmó en cuatro libros hipnóticos, dos de los cuales han sido traducidos al español por la editorial argentina, La Bestia Equilátera. De uno de ellos, “La soledad del lector” (2013) han sido seleccionados estos aforismos

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Hacen un desierto y lo llaman paz.

La política en una obra literaria es como un disparo de pistola en mitad de un concierto.

¿Hace falta aclarar que deplora estar solo?

La ley es un asno. No hay dios, y María es su madre.

Cuando me encuentro con un poeta siento deseos de lavarme.

Uno no termina un poema, simplemente lo abandona.

Los hijos parten, las relaciones varias se marchitan. Los amigos se mudan a lugares lejanos.

No hay ideas salvo en las cosas.

Dios ha muerto, todo está permitido.

Del testamento de Rabelais: No tengo nada. Debo mucho. El resto se lo dejo a los pobres.

Si no hay un dios, ¿cómo entonces puedo ser capitán?

No darse cuenta de que el propio futuro ya es el propio presente ni siquiera cuando también ese presente se está disolviendo en el pasado.

No hay muerte y el arte puede probarlo.

No haber nacido nunca es mejor.

Esta larga enfermedad, mi vida.

Todas las épocas son contemporáneas.

Señor, no nos ayudes. Pero tampoco nos la embarres.

Y el dinero es la respuesta para todo.

No hay tal cosa como el significado literal.