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Aforismos del domingo: Carlos Castilla del Pino

Psiquiatra, autor de una vasta obra ensayística sobre las conductas humanas, Carlos Castilla del Pino (1922-2009) publicó dos volúmenes de memorias, “Pretérito imperfecto”, que se tiene como un logro incomparable del género en nuestra lengua. Tras su muerte, en el año 2011, aparecieron más de ochocientos relampagueantes pensamientos reunidos bajo el título de “Aflorismos”, en una edición de Tusquets

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La vida, nuestra única terapeuta.

Si la vida vivida no te lleva a cambiar, puedes decir entonces: soy incurable.

Nunca nada debe considerarse concluido.

Terapia conductista del envidioso: hacer que admire al envidiado.

La compasión no mejora el mundo. La solidaridad, sí.

Diríamos que cada ser humano tiene un repertorio de actores posibles, fuera del cual “él” no está.

¿Cómo saber lo que tiene respuesta? Hay que preguntar por la pregunta.

Si uno puede hacerse su vida, que no responsabilice a nadie si resulta errada.

La elegancia no se exhibe, se advierte.

Los motivos son siempre personales (está la emoción por medio); Las razones, compartibles.

Diferenciar entre quién se es y qué se es. Lo segundo es accesorio y, como tal, perecedero.

Estoy en lo cierto: me equivoco y no lo sé. Estoy en el incierto: acierto pero no sé en qué.

El hastío: el cansancio hasta por pensar.

La mentira es el mal por excelencia. Cualesquiera que sea los males, siempre tienen una cosa en común: la mentira.

No hay causa que justifique la guerra.

No era preciso inventarse el alma. El cuerpo es el alma.

No hay voluntad, hay deseo. La voluntad es un deseo permanente, crónico incluso.

Otra prueba es sentido común: salir inemne de cada situación.

Para la vejez, la dignidad: es lo único que aún puede cultivarse.

Aprender a no estar donde no se debe.

La soledad es un descanso, el que más se asemeja al de la muerte.

Si no quieres dejar huella, no escribas; escribir deja, cuando menos, rastro.

Los objetos no son datos, sino significantes.

No hay una sola respuesta para cualquier pregunta que realmente importa al hombre.

El gran logro: la interpretación del rostro.

La soledad puede ser productiva, la solitariedad, nunca, porque destruye.

Con la cara se nace; el rostro se hace.

A lo que más se parece una cara es a una careta.

El verdadero éxito nunca es de circunstancia.

La memoria es un instrumento con el que nos hacemos: somos lo que recordamos.